7 adquisiciones que pensabas que te harían mas feliz

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 15 febrero, 2017
Francisco Pérez · 15 febrero, 2017

Ser feliz no es un estado de placer permanente que algunos privilegiados consiguen no se sabe muy bien por qué. La felicidad es una posición consciente ante la vida, una elección. Ya en el siglo IV antes de cristo, el filósofo griego Aristóteles definía la felicidad como “la consecuencia de un comportamiento correcto, el resultado de saber aprovechar lo mejor posible nuestras posibilidades, nuestras disposiciones, nuestros talentos y las oportunidades que la vida nos ofrece”.

A veces tenemos la sensación de que ser feliz depende de factores como la suerte o las pertenencias materiales. Sin embargo, eso no es así. No olvidemos que se puede ser absolutamente desgraciado incluso teniendo de todo o claramente feliz teniendo bien poco.

El dinero

No nos engañemos, por debajo de unos mínimos necesarios el dinero es importante. Sin embargo, una vez superados dichos mínimos el aumento de los ingresos tiene muy poco que ver con la satisfacción percibida. Trabajar mucho para ganar mucho dinero no aumenta la felicidad.

Quizá pienses que lo que sí aporta felicidad es disponer de medios económicos suficientes y no tener que afrontar todos los días la ardua tarea de tener que ir a trabajar, y más aún si el trabajo no es de tu agrado. Pues bien, tampoco es del todo cierto, pues las personas a las que les ha tocado la lotería, una vez pasados los primeros momentos de emoción, no se sienten más felices que las demás personas.

Disponer de mucho tiempo de ocio

El exceso de tiempo libre y la falta de responsabilidades pueden inducir e intensificar un estado de ánimo negativo. Así es importante encontrar el equilibrio entre obligaciones y actividades gratificantes. El vacío interior, el aburrimiento, la falta de ilusión y la ausencia de la preciosa sensación de sentirse útil dan lugar a una vida sin satisfacciones.

Mujer aburrida

Nuestro estado de ánimo puede compararse con una balanza en la que el exceso de obligaciones baja uno de los platos y las actividades gratificantes bajan el otro. Disfrutar de un buen estado de ánimo requiere tener la balanza equilibrada.

Incluso cuando la principal fuente de malestar es el trabajo, es más realista aprender recursos y habilidades para superar las dificultades que escapar de las situaciones que generan el problema.

El éxito

No está demostrado que el triunfo profesional contribuya a hacernos más felices. Si se produce de forma repentina puede provocar que la persona pierda la sensación de control sobre su propia existencia al no ser capaz de digerir las nuevas experiencias, así como las expectativas, propias y ajenas, que el éxito trae consigo.

Cumplir con los cánones impuestos desde el exterior no tiene por qué hacer que te sientas más feliz. Sin embargo, el logro de tus aspiraciones, de tu plena realización, sí contribuye a tu felicidad.

Atrévete a saborear el éxito que proviene de crecer de acuerdo con tus capacidades y tus principios, por mucho que los demás no te consideren una persona de éxito para sus cánones. Existen muchas diferencias entre ambos tipos de éxito y descubrirlas te ayudará el adquirir las herramientas necesarias para alcanzar el que realmente funciona, el personal e intransferible.

El apoyo social: las personas felices suelen tener una vida social más satisfactoria

Una persona feliz pasa menos tiempo sola, mantiene buenas relaciones sociales con sus amigos y son evaluadas de manera positiva por estos. Pero ¿qué viene antes? ¿el huevo o la gallina? Dicho de otro modo, las personas felices ¿cultivan más su vida social de forma consciente o resultan más atractivas y por eso tienen más amigos? En cualquier caso, tener una buena red de apoyo social es muy importante.

Amigos

Ante cualquier crisis, contar con apoyos sólidos actúa como colchón amortiguador. Ahora bien, también es imprescindible saber estar solo. La actividad social desenfrenada, sin tiempo para cultivar aficiones y estar con uno mismo puede llegar a ser un claro obstáculo para la auténtica felicidad. También es una forma de evitar encontrarse con uno mismo y afrontar la propia vida.

La posición social

Aspirar a una posición social más alta es natural en el ser humano, pero no da la felicidad ni contribuye a conseguirla. Los empleados y trabajadores de cuello blanco no son en absoluto más felices que los obreros, lo que confirma que la categoría social es irrelevante en relación con la felicidad.

De hecho, en otro estudio llevado a cabo con niños o adolescentes, los de clase social más baja dijeron ser más felices y los de las clases altas, por el contrario, manifestaron sentirse más desdichados. Algo que choca con lo que en principio esperaríamos.

Desgracias y alegrías

Sufrir muchas desgracias no impide ser feliz. Nuestras mayores alegrías son a veces consecuencia del alivio de nuestros peores temores. En tiempos de guerra existen muchos menos problemas psicológicos.

Durante la guerra disminuye en general la patología psiquiátrica y se presentan pocos problemas psicológicos. Se produce una rápida adaptación para sobrevivir y lo psicológico es un lujo poco factible.

Chica triste mirando por la ventana

El género

Las mujeres experimentan el doble de problemas emocionales que los hombres, pero también experimentan más emociones positivas y de mayor intensidad. Así, hay trastornos mentales que ocurren con más frecuencia en mujeres que en hombres, y viceversa.

La forma en que mujeres y hombres combaten su tristeza es distinta. Las mujeres hablan más de ello, acuden más al psicólogo y son más propensas a pedir ayuda en general.

Entonces, ¿qué podemos hacer para ser más felices?

Los factores externos no suponen más del 15 % de la felicidad que podemos disfrutar. Una de las grandes reglas parar ser feliz consiste en comprometerse con uno mismo y sus propios objetivos, así como encontrar sentido a la propia existencia, hábitos ambos que es posible aprender.

Parece claro, entonces, que ni el dinero, ni la posición o estatus social, ni el éxito o reconocimiento de los demás nos harán más felices. Todo aquello que puede hacernos más felices proviene de nuestro interior, de cómo interpretemos la vida y de cómo gestionemos nuestros pensamientos.