Adiós a Kobe Bryant, la leyenda del baloncesto que nos hizo soñar

28 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater
Kobe Bryant vistió como nadie el dorado y el púrpura de Los Ángeles Lakers. Nos hizo soñar, nos enseñó a amar el baloncesto y a entender por qué la «mamba negra» se convirtió en una leyenda en la NBA. El pasado 26 de enero, tuvimos que decirle adiós.

Los auténticos gigantes no viven en los cuentos, habitan en el mundo real, y a veces, hasta en las canchas de baloncesto. Kobe Bryant era algo más que una de las estrellas más destacadas de la NBA, fue y será siempre, una de esas figuras que hacen soñar a niños y adultos, un gigante que congregó a millones de personas ante el televisor para lograr que amaran el baloncesto.

Medio mundo se quedó sin respiración el pasado domingo tras que la noticia de su muerte. Kobe Bryant, de 41 años, su hija Gianna de 13, y siete personas más perdieron la vida tras que el helicóptero donde viajaban se estrellara en una zona residencial de Los Ángeles. Un accidente fatal que ha dejado un poco más huérfano el mundo del deporte, ahí donde la mamba negra se alzaba como uno de los iconos más queridos.

Hoy, aficionados, deportistas, políticos, celebridades y personas anónimas que lo admiraban le rinden tributo. Cada cual lo hace a su manera, pero son muchos los que se han reunido espontáneamente en una cancha para conmemorar a un hombre que nunca dejó de ser un niño apasionado por el baloncesto, por una pelota y una canasta en la que encestar cada uno de sus sueños.

“Lo importante es que tus compañeros sepan que tú estás apoyándolos y que quieres que tengan éxito”.

-Kobe Bryant-

Kobe Bryant

Kobe Bryant, black mamba, un hombre con mentalidad ganadora

Lo llamaban la mamba negra por ser el más peligroso de la cancha. Dice la leyenda que él mismo lo eligió tras ver la película de Tarantino, Kill Bill, y que era esa actitud, la de no darse nunca por rendido, la que definió buena parte de su vida profesional. «Si me ves peleando por un oso, reza por el oso» solía decir, y era tal su necesidad por superarse, por dar siempre lo mejor de sí mismo, que entrenaba más que nadie.

Su palmarés atestigua los efectos de esa mentalidad y esa genialidad excepcional que lo definían: cinco anillos de campeón de la NBA, un MVP de la liga, dos medallas de oro olímpicas, un récord de 18 selecciones consecutivas del Juego de Estrellas, cuatro Premios al Jugador Más Valioso… Llegó incluso a ganar un Oscar de la academia por un corto de animación sobre su vida.

Fue ese gigante que vistió el oro y el púrpura de los Ángeles Lakers; una figura casi hipnótica en la cancha de baloncesto por su capacidad anotadora y también, por esa personalidad que le valió el favor del público y, sobre todo, de los jugadores que formaban su equipo. Hacía lo que fuera necesario por los suyos: desde animar desde el banquillo hasta llevar agua a sus compañeros.

El niño que amaba el baloncesto

Dicen que Kobe Bryant nació con un balón de baloncesto. Llevaba su pasión en los genes, esos que le transmitió su propio padre, Joe “Jellybean” Bryant, también jugador profesional y los mismos que, tristemente, llevaba también su hija Gianna, quien ya se estaba haciendo un nombre en ese mundo deportivo.

Kobe pasó buena parte de su infancia en Italia, país donde jugaba su padre. No fue hasta 1991, y ya de vuelta en Estados Unidos, cuando empezó a destacar como una joven estrella en el mundo del basket. Fue en Filadelfia, mientras estudiaba en el instituto.

Era tal su habilidad, madurez y juego excepcional, que no tuvo necesidad de pasar por la universidad como gran parte de las  figuras más destacadas del mundo del baloncesto. Con apenas 18 años, ya estaba jugando en la NBA. Con 21 años, apareció en la revista Forbes, tenía acuerdos millonarios de patrocinio con Adidas, Sprite, Mattel, Spalding y Giorgio Armani.

Kobe Bryant, 20 años de carrera con luces y sombras

Kobe Bryant se despidió de su carrera profesional y de Los Ángeles Lakers en el 2016. Lo hizo tras 20 años de carrera a sus espaldas en un partido que resultó épico: jugaban contra el Utah Jazz y marcó 60 puntos en una noche, donde todo el público repetía su nombre una y otra vez. Invocando a un ídolo y dejando partir a su vez, a la mamba negra, a ese gigante que tanto les había hecho soñar.

La suya fue una carrera llena de éxitos, pero oscurecida también por episodios tan controvertidos como la acusación de violación a una joven de 19 años que trabajaba en un hotel. El caso se cerró con un acuerdo extrajudicial y con la disculpa pública del jugador.

Un proyecto que inacabado: el apoyo al baloncesto femenino

Las vidas truncadas por el drama no solo dejan heridas y vacíos, también destruyen proyectos y sueños personales. El de Kobe Bryant era el baloncesto femenino, en llevar el reconocimiento de esta categoría a la misma altura y proyección que el basket masculino.

Tenía de hecho sus esfuerzos focalizados en la segunda de sus cuatro hijas, Gianna Maria-Onore, quien se estaba haciendo ya un hueco en ese mundo guiada por su padre. De hecho, era común verlos a ambos en las gradas de los estadios cuando jugaban los Lakers, envueltos en complicidad, afecto y en esa misma pasión desbordante por el baloncesto.

El pasado domingo, se dirigían precisamente a un partido que Gianna debía jugar esa misma tarde. Ninguno de los dos pudo llegar. Sus vidas, sus estelas, se perdieron para siempre dejando a medias un sueño y un proyecto de vida incumplido.

El mundo del deporte llora esa ausencia, aunque el legado de la mamba negra perdurará para siempre como una de las estrellas más deslumbrantes del mundo del baloncesto.

Kobe Bryant y su hija