Alteraciones en la dopamina afectan al reconocimiento de emociones

¿Sabías que hay personas que tienen dificultades para identificar la expresión facial de las emociones? Este problema tiene su origen en una alteración de la dopamina y aparece en un sector muy concreto de la población.
Alteraciones en la dopamina afectan al reconocimiento de emociones
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 15 enero, 2023

¿Qué sería de nuestra especie si fuéramos incapaces de reconocer las emociones propias y ajenas? Nos convertiríamos en una población fría, robótica y con pocas probabilidades de supervivencia. Las emociones son nuestro pegamento social, bombean todo lo que somos y actúan como esos estados psicofísicos que modulan desde la conexión social, hasta la motivación y el aprendizaje.

Por ello, pensar que entre nosotros hay personas incapaces de llevar a cabo una adecuada identificación de ellas, nos puede sorprender. Estados como el miedo, la ira o la tristeza impulsan a la acción y también a la reacción. Todos necesitamos contar con familiares, amigos y parejas que sepan reconocer en nosotros cómo nos sentimos. Carecer de algo así, es sinónimo de sufrimiento.

Sin embargo, hay más hombres y mujeres de los que creemos que evidencian este déficit, este problema tan disfuncional como triste. Y no, no estamos hablando de individuos que orbitan en trastornos de la personalidad como la psicopatía. Hay enfermedades que cursan con una alteración de la dopamina, lo cual termina alterando la competencia de reconocer las emociones en los rostros de los demás.

Las expresiones faciales de las emociones básicas son fáciles de etiquetar, es algo que aprendemos desde pequeños y que nos facilita la empatía. Sin embargo, en un momento dado, podemos perder esta capacidad debido a determinados trastornos y enfermedades.

persona en fisioterapia para mejorar el reconocimiento de emociones
Trastornos neurodegenerativos como el párkinson afecta al reconocimiento facial de las emociones.

Dificultad en el reconocimiento de emociones faciales: ¿por qué ocurre?

El reconocimiento de emociones es una habilidad que aprendemos desde edades tempranas. Somos lectores natos de patrones complejos. Dimensiones como la empatía y la propia experiencia en nuestra conexión con las personas nos facilitan detectar en la expresión facial de los demás estados anímicos, emociones, necesidades y hasta preocupaciones.

Una investigación de la Universidad Ruhr de Bochum destaca algo interesante. Las personas identificamos las emociones en los demás no solo por nuestras experiencias previas, sino también por el contexto en el que nos encontramos. Hay decenas de señales físicas y hasta ambientales que facilitan esta habilidad tan necesaria para el ser humano.

Saber lo que le sucede al otro nos aporta una información decisiva para la supervivencia propia y ajena. Es así como se construyen los vínculos, como actuamos ante los peligros y regulamos también nuestra conducta. El amor, el cuidado, el altruismo y la compasión necesitan del reconocimiento de emociones faciales. Sin embargo, hay quien puede perder esta facultad.

La dopamina no es solo el neurotransmisor que impulsa la motivación, el aprendizaje y el bienestar. Esta hormona resulta esencial para favorecer el reconocimiento de las emociones.

Déficit en la dopamina y la enfermedad de Parkinson

Las personas con párkinson evidencian, por término medio, una limitación a la hora de identificar los estados emocionales de los demás. La Universidad de Birmingham realizó una interesante investigación en el 2022 en la que evidenció este aspecto. Cuando los niveles de este neurotransmisor son bajos, las personas demuestran dificultades para saber qué pueden estar sintiendo sus familiares, amigos, etc.

Esta enfermedad neurodegenerativa tiene su origen en la destrucción progresiva de las neuronas que producen dopamina en la sustancia negra del cerebro. Esto se traduce en alteraciones del movimiento, problemas del equilibrio, pérdida del olfato, rigidez corporal, etc.

Ahora bien, otra característica que cursa con el párkinson es la reducción de las expresiones faciales propias y una limitación en el reconocimiento de las emociones en los demás. Esto afecta a la calidad de sus interacciones. La imposibilidad para expresar sus sentimientos con su rostro y de identificarlas en quienes les rodean se vive a menudo con gran dificultad. El origen de este cuadro sintomatológico reside en un nivel bajo de ese neurotransmisor multipropósito.

La esquizofrenia, otra enfermedad con dificultades en el reconocimiento de emociones

Una de las enfermedades más devastadoras es la esquizofrenia. No hay cura y está rodeada de un gran estigma social. El único dato positivo es que cada vez conocemos más datos alrededor de esta condición psiquiátrica. Por ejemplo, la Universidad Johns Hopkins, en Baltimore, publicó un estudio hace unos meses en el que nos aportaba nuevos datos.

Los enfermos de esquizofrenia evidencian una inusual acumulación de dopamina en el núcleo caudado del estriado. Todo ello se debe a una alteración en los autorreceptores D2, que dejan de regular su flujo. Esto se traduce en una sintomatología similar a la depresión: falta de motivación, aplanamiento emocional, desesperanza, anhedonia, etc.

Asimismo, las personas con esquizofrenia, al igual que quien sufre párkinson, evidencian serias alteraciones en el reconocimiento de emociones faciales. No identifican a quien sufre, siente preocupación, angustia o felicidad. Esto nos demuestra que cualquier alteración en los niveles de dopamina (déficits o excesos) se traduce en limitaciones para identificar sentimientos en los demás.

Cuando el cerebro sufre déficits en nuestras competencias emocionales, la vida social se ve afectada.

Joven con el cerebro iluminado simbolizando un problema en el reconocimiento de emociones
Los fármacos dopaminérgicos actúan regulando este neurotransmisor y mejorando la calidad de vida del paciente.

¿Existe algún tratamiento?

Los problemas en el reconocimiento de las emociones son un efecto secundario de alguna enfermedad neurológica. Es un síntoma de una condición subyacente que, aunque puede tratarse, no tiene cura. En este caso, tanto el párkinson como la esquizofrenia cuentan con fármacos que pueden regular la liberación de dopamina.

En el caso de la esquizofrenia contamos con los medicamentos neurolépticos, mientras que, en el párkinson, disponemos de los agonistas dopaminérgicos como la clásica levodopa. Ahora bien, la doctora Bianca Schuster, autora del trabajo antes citado y publicado en el Journal of Neuroscienceseñaló algo interesante.

Ha podido verse que la administración de haloperidol en estos dos grupos de pacientes mejora el reconocimiento de emociones. De momento las causas de este resultado positivo no están claras y se necesitan más investigaciones. Sin embargo, a pesar de que existen fármacos que promueven un efecto positivo, necesitamos desarrollar tratamientos más efectivos, duraderos y sin efectos secundarios.

Todo trastorno y condición neurológica es un drama de dimensiones inconmensurables que limita la calidad de vida de la persona en infinitas parcelas de su vida. Ojalá en un futuro cercano contemos con tratamientos integrales que reviertan y sanen realidades tan graves y de tanto impacto social.


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