Amarse para aprender a amar

Rafa Aragón · 23 mayo, 2015

Amarse a uno mismo forma parte de un proceso fundamental en nuestras vidas, que permitirá que podamos amar de una forma más honesta a los demás.

Este proceso dura toda la vida, puesto que son muchas las circunstancias que nos ponen a prueba continuamente: decepciones, frustraciones, errores cometidos, metas no conseguidas, rupturas, desánimo. Hay un sinfín de pruebas diarias a las que nos sometemos, y dejamos que nos influyan en la percepción que tenemos acerca de nuestro valor personal.

“Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida”.

 (Oscar Wilde)

¿Dónde estamos situando nuestro valor?

El valor personal no depende de lo que conseguimos o lo que tengamos, depende más bien de la actitud con la que afrontamos cada paso que damos en la vida, para llegar a amarnos de forma incondicional.

Mujer abrazándose a sí misma

Es muy complicado dar lo que no se tiene, y si una persona no se tiene amor hacia sí misma, difícilmente podrá darlo a los demás. Podrá creer que está amando a los demás, sin embargo estará cayendo continuamente en la manipulación, exigencias y chantajes emocionales.

Cuando una persona no ha aprendido a amarse incondicionalmente, busca este amor fuera, en los demás, haciendo que su valor sea dependiente de cómo le tratan o valoran los demás. De tal forma que queda totalmente expuesto a la evaluación externa.

Este tipo de dependencia nos perjudica, hasta el punto de ir mendigando amor y cariño; llamando la atención y emitiendo conductas complacientes, para obtener las miradas, el acercamiento y el cuidado de las demás personas. Para saber si te amas es importante que te hagas la pregunta: ¿Depende mi valor personal de las causas externas?

Aprender a cuidarse y a amarse

En nuestra cultura, es muy común que demos una gran importancia a lo externo, a lo que sucede a nuestro alrededor para formarnos una impresión acerca de nosotros mismos.

Incluso, el hecho de amarse a sí mismo es muchas veces considerado como un acto egoísta. Esto es una creencia totalmente equivocada, puesto que el amor hacia las demás personas comienza por el de uno mismo, formando a su vez parte del amor universal y el amor hacia la humanidad.

La forma en la que nos cuidamos tiene mucho que ver en cómo nos percibimos, y al estado de ánimo en el que nos encontramos. El no atenderse a sí mismo implica una agresión y una falta de escucha hacia las propias necesidades.

“Cuidarse es tenerse en cuenta. Escuchar las propias necesidades. Reconocer que existimos y ocupamos un lugar en el mundo, y que tenemos derecho a sentirnos bien, a procurar por nuestro bienestar en todos los ámbitos de nuestra existencia”

-Fina Sanz-

Incorporar el cuidado mutuo en nuestras vidas nos permite atender a nuestras necesidades, sin poner por encima de ellas las de los demás, para ello resulta imprescindible conocerlas e indagar en ellas. Lo que significaría aprender a atenderse.

Mujer que sabe amarse sonriendo

Aceptarse: un acto de compasión

Aceptar lo que somos, implica aceptarnos con nuestros defectos, descubriendo nuestras destrezas y límites, habilidades, virtudes y recursos de los que disponemos. Admitiendo, en definitiva, el conjunto que conformamos desde una perspectiva global y profunda. Un mejor autoconocimiento implica una mayor comprensión.

Cuando nos atendemos y comprendemos, somos capaces de no juzgarnos ni culpabilizarnos por los errores que podamos haber cometido; de manera que emprendamos un camino hacia la aceptación de lo que somos.

A través de la aceptación nos acercamos al amor incondicional, como un acto de compasión y de entendimiento hacia lo que somos. Sin que las propias exigencias limiten nuestra capacidad para amarnos, y en consecuencia amar a los demás.

Siendo así, de una forma honesta, podremos establecer relaciones que no se basen en la búsqueda del reconocimiento. Queriéndonos, podremos entregarnos verdaderamente al acto de poder querer a las demás personas también de una forma compasiva mediante la aceptación.

Ama incondicionalmente, no pidas nada a cambio. Recibirás mucho sin necesidad de pedirlo -lo convertirás en otra cosa-, pero no seas un mendigo. En el amor sé un emperador. Solamente da y observa qué ocurre: recibirás mil veces más. Pero tienes que aprender el truco. De lo contrario seguirás siendo un avaro; darás un poco y esperarás recibir algo, y esa espera y esa expectación destruirán toda la belleza de tus actos”.

-Osho-

Bibliografía consultada:

– Sanz, F. (1995). Los vínculos amorosos: amar desde la identidad en la terapia de reencuentro. Kairós.