Amarse para aprender a amar

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Rafa Aragón
· 6 febrero, 2019

Amarse a uno mismo forma parte de un proceso fundamental en nuestras vidas, que permitirá que podamos amar de una forma más honesta a los demás.

Este proceso dura toda la vida, puesto que son muchas las circunstancias que nos ponen a prueba continuamente: decepciones, frustraciones, errores cometidos, metas no conseguidas, rupturas, desánimo. Hay un sinfín de pruebas diarias a las que nos sometemos, y dejamos que nos influyan en la percepción que tenemos acerca de nuestro valor personal.

«Amarse a sí mismo es el comienzo de una aventura que dura toda la vida».

 (Oscar Wilde)

¿Dónde estamos situando nuestro valor?

El valor personal no depende de lo que conseguimos o lo que tengamos, depende más bien de la actitud con la que afrontamos cada paso que damos en la vida, para llegar a amarnos de forma incondicional.

Mujer abrazándose a sí misma

Es muy complicado dar lo que no se tiene, y si una persona no se tiene amor hacia sí misma, difícilmente podrá darlo a los demás. Podrá creer que está amando a los demás, sin embargo estará cayendo continuamente en la manipulación, exigencias y chantajes emocionales.

Cuando una persona no ha aprendido a amarse incondicionalmente, busca este amor fuera, en los demás, haciendo que su valor sea dependiente de cómo le tratan o valoran los demás. De tal forma que queda totalmente expuesto a la evaluación externa. De esta forma, estamos dejando nuestra felicidad en la manos ajenas en lugar de responsabilizarnos de ella.

Este tipo de dependencia nos perjudica, hasta el punto de ir mendigando amor y cariño; llamando la atención y emitiendo conductas complacientes, para obtener las miradas, el acercamiento y el cuidado de las demás personas. Para saber si te amas es importante que te hagas la pregunta: ¿Depende mi valor personal de las causas externas?

Aprender a cuidarse y a amarse

En nuestra cultura, es muy común que demos una gran importancia a lo externo, a lo que sucede a nuestro alrededor para formarnos una impresión acerca de nosotros mismos.

Incluso, el hecho de amarse a sí mismo es muchas veces considerado como un acto egoísta. Esto es una creencia totalmente equivocada, puesto que el amor hacia las demás personas comienza por el de uno mismo, formando a su vez parte del amor universal y el amor hacia la humanidad.

La forma en la que nos cuidamos tiene mucho que ver en cómo nos percibimos, y al estado de ánimo en el que nos encontramos. El no atenderse a sí mismo implica una agresión y una falta de escucha hacia las propias necesidades.

«Cuidarse es tenerse en cuenta. Escuchar las propias necesidades. Reconocer que existimos y ocupamos un lugar en el mundo, y que tenemos derecho a sentirnos bien, a procurar por nuestro bienestar en todos los ámbitos de nuestra existencia»

-Fina Sanz-

Incorporar el cuidado mutuo en nuestras vidas nos permite atender a nuestras necesidades, sin poner por encima de ellas las de los demás, para ello resulta imprescindible conocerlas e indagar en ellas. Lo que significaría aprender a atenderse.

Mujer que sabe amarse sonriendo

Aceptarse: un acto de compasión

Aceptar lo que somos, implica aceptarnos con nuestros defectos, descubriendo nuestras destrezas y límites, habilidades, virtudes y recursos de los que disponemos. Admitiendo, en definitiva, el conjunto que conformamos desde una perspectiva global y profunda. Un mejor autoconocimiento implica una mayor comprensión.

Cuando nos atendemos y comprendemos, somos capaces de no juzgarnos ni culpabilizarnos por los errores que podamos haber cometido; de manera que emprendamos un camino hacia la aceptación de lo que somos.

A través de la aceptación nos acercamos al amor incondicional, como un acto de compasión y de entendimiento hacia lo que somos. Sin que las propias exigencias limiten nuestra capacidad para amarnos, y en consecuencia amar a los demás.

Siendo así, de una forma honesta, podremos establecer relaciones que no se basen en la búsqueda del reconocimiento. Queriéndonos, podremos entregarnos verdaderamente al acto de poder querer a las demás personas también de una forma compasiva mediante la aceptación.

«Ama incondicionalmente, no pidas nada a cambio. Recibirás mucho sin necesidad de pedirlo -lo convertirás en otra cosa-, pero no seas un mendigo. En el amor sé un emperador. Solamente da y observa qué ocurre: recibirás mil veces más. Pero tienes que aprender el truco. De lo contrario seguirás siendo un avaro; darás un poco y esperarás recibir algo, y esa espera y esa expectación destruirán toda la belleza de tus actos”.

-Osho-

Amarse no depende de lo que te amen

Como se ha comentado a lo largo del artículo, de alguna forma, nos han enseñado a tomar demasiado en serio lo externo para amarnos a nosotros mismos. Sin embargo, es importante saber que ni nuestros logros, ni nuestro éxito en la vida debería condicionar el querernos más o menos. El amor por uno mismo es independiente del dinero que podamos amasar, o del puesto de trabajo que tengamos.

Amarse uno mismo depende de respetarse, de entenderse, de comprenderse y perdonarse. Aprender todos los días de nuestros errores nos ayudará conectar con nuestro interior y enriquecernos. Una vez que nos amemos de forma sana, estaremos preparados para amar a los demás. Porque si esto no es así, corremos el riesgo de caer en relaciones de dependencia y necesitar a otra persona para ser felices.

Howard Gardner, padre de la teoría de las Inteligencias Múltiples, asegura que una de las inteligencias de las que gozamos es la Inteligencia Intrapersonal. Se trata de una inteligencia que nos permite conocernos y bucear en nuestros sentimientos y emociones. Gracias a este tipo de inteligencia introspectiva podemos comprendernos y entendernos. Así pues, fomentar esta inteligencia en nosotros será de gran beneficio para aprender a amarnos. Porque amándonos de forma saludable, aprendemos a amar a los demás sin dependencias ni exigencias.

Bibliografía consultada:

– Sanz, F. (1995). Los vínculos amorosos: amar desde la identidad en la terapia de reencuentro. Kairós.