Aprender a envejecer - La Mente es Maravillosa

Aprender a envejecer

Edith Sánchez 22, Abril 2014 en Psicología 89 compartidos

Todos vamos para allá. Más tarde para algunos y más temprano para otros, pero todos vamos para viejos. En esa gran transformación que vive el cuerpo y la mente en la tercera edad, hay un punto de quiebre que puede volverse problemático. Se trata del momento en que cambia la rutina laboral, bien sea porque se accedió a la jubilación, o bien porque las limitaciones de la edad nos impiden realizar las actividades a las que estábamos acostumbrados.

En algunos casos este tipo de situaciones se vuelven verdaderamente graves. El abuelo comienza a sentir que ya no es útil para nada y entra en fuertes periodos de depresión. Se vuelve distante o huraño. Permanece casi todo el tiempo solo y en la familia comienza a ser visto como una presencia incomprensible.

Aprender a envejecer

Se envejece como se ha vivido. Las personas que han logrado llevar una vida gratificante, generalmente pueden aceptar los cambios de la edad con mayor naturalidad. Quienes tienen conflictos no resueltos, frustraciones no superadas y han cultivado relaciones conflictivas a lo largo de los años, la tendrán más difícil al momento de envejecer.

En estos últimos casos, la falta de actividad se convierte en una especie de detonador. Ya no es posible distraer esos “pendientes” a través del trabajo y los compromisos diarios. Tampoco es posible hacer grandes cambios en la rutina. Y el ocio, entonces, pone en primer plano las insatisfacciones con la vida.

Esta situación se vuelve especialmente difícil para las personas que han sido muy activas o que valoran la productividad por encima de todo lo demás. Para ellos es como morir en vida. Sobre todo si tampoco han cultivado hábitos como el de la lectura, o aficiones de su interés.

Quienes los rodean y los quieren, ven palidecer a las personas mayores y experimentan sentimientos contradictorios. Aparece algo de culpa al presenciar esa triste condición, pero al mismo tiempo surge la impotencia por no poder ayudarlos de una manera más efectiva. Prima la percepción de la vida en su faceta de fatalidad: se envejece e inexorablemente aparece una decadencia progresiva, impuesta por la naturaleza. No se pueden hacer mayores cambios al respecto.

Aunque esto es básicamente cierto, no lo es el hecho de que sí hay caminos para que el abuelo y quienes lo rodean tengan una mejor calidad de vida. Sentirse útil y capaz es una de las claves para que el anciano pueda lidiar exitosamente con la última etapa de su vida.

Aprender a canalizar el ocio

El ocio no es un tiempo residual, sino una de las dimensiones más importantes de la vida. Es durante el llamado “tiempo libre” cuando mayores opciones tenemos para conocernos, reconocernos y experimentarnos como seres integrales. Esto cobra especial importancia en la tercera edad, cuando el tiempo libre se convierte en la regla y no en la excepción.

La respuesta sobre qué hacer con el tiempo libre no es la misma para cada persona. Depende estrictamente de las motivaciones, los intereses y los gustos de cada quien. Si estamos hablando de un abuelo sociable, nada mejor que facilitarle el contacto con grupos de su propia edad. Este tipo de comunidades son muy frecuentes en las iglesias. También se han hecho usuales los clubes o grupos de abuelos para leer o hacer ejercicio.

Si se trata de un abuelo que está cómodo solamente con su familia, o que debido a sus dolencias físicas no tiene facilidades para salir de casa, la mejor alternativa es motivarlo para que desarrolle una afición que pueda practicar sin mayor problema. La jardinería, los trabajos manuales y artísticos y la lectura, son buenas opciones.

En cualquier caso, lo importante es diseñar una rutina estructurada. Se debe incluir tiempo para alguna actividad productiva diariamente. Lo mejor es que se realice siempre a la misma hora. Bastan 2 ó 3 horas al día. Y debe incluir labores que vayan desde colaborar en la organización de alguna parte de la casa, o la elaboración de un oficio doméstico, hasta tareas que estimulen su creatividad.

Con un esfuerzo, que no es muy grande, puedes ayudarle a un abuelo para que se sienta útil de nuevo. Esto se verá reflejado positivamente en su estado de ánimo y le aportará calidad y sentido a sus últimos años de vida.

Imagen cortesía de ANGELOUX

Edith Sánchez

Escritora y periodista colombiana. Ganadora de varios premios de crónica y de gestión cultural. Algunas de sus publicaciones son "Inventario de asombros", "Humor Cautivo" y "Un duro, aproximaciones a la vida".

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