El arte de convertirnos en adultos - La Mente es Maravillosa

El arte de convertirnos en adultos

Adriana Reyes Zendrera 7 marzo, 2017 en Emociones 1363 compartidos
mujer con mariposa

El arte de convertirnos en adultos requiere valentía, compromiso y responsabilidad con uno mismo y con los demás. Llegar a ser un adulto sano no es tarea fácil, especialmente si tenemos en cuenta como está montada la sociedad en la que crecemos.

Por otro lado, en función de cómo hayamos vivido nuestra infancia y los vínculos con nuestros padres, vamos a necesitar más o menos esfuerzo en el camino hacia nuestra madurez física y emocional. La edad fisiológica y la edad social no siempre coinciden, luego ¿por qué esta falta de sincronía? ¿Por qué muchas veces nos cuesta tanto madurar?

Haber asumido responsabilidades que no eran nuestras cuando fuimos pequeños y haber sentido como la situación no se resolvía de la manera que nos gustaría puede causar un daño profundo en la autoestima y en al sensación de autoeficacia. Un lastre capaz de frenar el crecimiento emocional de cualquier niño.
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¿Por qué a veces nos resistimos a crecer?

¿Por qué algunas personas tienen tantas dificultades para madurar? Tenemos muchos motivos para mantenernos en una juventud eterna (conocida como “Síndrome de Peter Pan“). En primer lugar, la sociedad nos empuja a permanecer siempre perfectos, bellos y con espíritu joven.

Mujer triste con la cabeza abajo

En segundo lugar, a veces las heridas emocionales de nuestra infancia hacen que arrastremos asuntos pendientes por resolver y contemos con un niño herido que se resiste a dejar paso al adulto: en el fondo sigue reclamando parte de su infancia o al menos salir de ella sin heridas profundas. Estos asuntos, al no estar resueltos, se manifiestan en nuestro presente. Piensa que en la etapa infantil es más fácil eludir responsabilidades y sentir que estamos en una zona conocida y cómoda, en vez de explorar zonas desconocidas.

¿Qué características tiene el adulto que no puede crecer?

Son varias las características que presenta un adulto que se resiste a crecer. Las principales son las siguientes:

  • Tiene necesidades no satisfechas en la niñez que trata de compensarlas de forma constante en su presente.
  • Siente culpa, oculta o manifiesta, por las cosas que hace, dice y siente. Le cuesta diferenciarse de sus padres o de sus parejas.
  • Exagera sus necesidades y  además estas suelen convertirse en adicciones, o necesidades de gratificación inmediata.
  • Necesita llenarse con estímulos constantemente y puede ser,muy dependiente de los demás, o muy independiente (aunque detrás de la independencia se esconde una necesidad de ser reconocido y visto).
  • Reprime sus emociones y deja que sus emociones se entierren en su interior , o por el contrario, es una montaña rusa de emociones que no puede controlar.
  • Espera mucho de los demás, puede dar mucho pero normalmente esperando algo a cambio.
  • Tiene presentes en su interior las heridas de abandono y de rechazo que vivió en su infancia.

La culpa nos dificulta madurar

Imagina a un niño con unos padres en pleno proceso de separación. En esta situación, es fácil que el niño ponga en marcha comportamientos para evitar la ruptura del núcleo familiar y, si no lo consigue, asumir parte de la responsabilidad de ese desenlace. Una responsabilidad que ante el fracaso trasformará en culpa, en un peso que no es suyo y que puede terminar frenando su desarrollo.

El niño herido habita en un cuerpo de adulto y está congelado en el tiempo. Piensa que no importa la edad que tenga, ya sean 25, 38 o 60 años. La culpa tiende a estar muy activa en el niño (vestido de adulto) que tiene poca madurez emocional.

El niño siente una culpa insana, que le hace pensar que es responsable de todo lo que pasa a su alrededor. Esta carga que el niño siente no es real, aunque él la viva como cierta. Si cuando nos hacemos adultos no podemos manejar nuestra culpa, vamos a tener grandes problemas para asumir nuestras responsabilidades de cada día.

¿Cuál es el camino para alcanzar la madurez emocional?

Para alcanzar la madurez emocional vamos a tener que enfrentarnos a la emoción de culpa en vez de evitarla. Gestionar la culpa va a ser la pieza más importante para poder seguir creciendo en la relación que mantenemos con las emociones. Tanto con las nuestras como con las de los demás

Mujer caminando descalza

Para empezar a digerir esta culpa es necesario: vivir el dolor del niño, no evitar el dolor sino atravesarlo y sentirlo de forma plena y consciente. Cuando podemos dejar atrás nuestra historia pasada y nuestra mochila, la culpa se transforma en responsabilidad sana que nos empuja a madurar.

“La confianza viene con la madurez, aceptándote más a ti mismo”

-Nicole Scherzinger-

La valentía de ser adultos

El arte de convertirnos en un adulto sano, no pasa solo por asumir diferentes roles en la vida (profesional, pareja, hijos, etc.), sino que va mucho más allá. Pasa por dar un salto hacia lo desconocido, adquirir nuestra propia identidad diferente a la de nuestros padres. Dejar sus expectativas de lado, y empezar a hacer cosas por nosotros mismos.

Si nos valoramos y aceptamos tal y como somos, la  experiencia vital nos llevará de manera natural hacia la adultez. Lo que nos da alas para ser adultos es la libertad de vivir nuestro presente con consciencia y aceptación de las circunstancias, tal y como van viniendo.

Por tanto, algunos secretos para convertirse en un adulto autónomo son: dejar de comportarse como la víctima, evitar la queja constante y dejar el pasado atrás. Solo siendo valientes y dando un paso hacia lo desconocido podremos empezar a gobernar nuestra propia vida.

Adriana Reyes Zendrera

Psicóloga y psicoterapeuta emocional. Directora del centro psicoemocionat. Realizo terapia emocional con adultos y adolescentes para ayudarles a mejorar su crecimiento emocional. Bloguera por afición y psicóloga por vocación.

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