Autocomplacencia: ¿cómo nos impide progresar?

La autocomplacencia puede darnos paz en determinados momentos, pero también convertirnos en personas a merced del viento: sin voluntad o aspiración de control sobre nuestro entorno. En este artículo, hablaremos de ella y de sus consecuencias.
Autocomplacencia: ¿cómo nos impide progresar?
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 01 agosto, 2022

En un mundo que nos insta a ser siempre más, a ser siempre los mejores, a superarnos constantemente, estar en paz con quienes somos, con independencia de nuestras aspiraciones, edifica uno de los pilares más sólidos de nuestro bienestar. Sin embargo, este pilar no es inmune ante el ataque de determinados agentes erosivos, como puede ser el conformismo extremo o la aceptación sistemática. Este nivel de autocomplacencia puede frenarnos y estancarnos en la infelicidad; por ello, hoy queremos hablarte más al respecto.

En primer lugar, no tienes la obligación de mejorar en ningún área ni de hacer ningún cambio que no desees. El desarrollo personal es, precisamente, personal. No porque tu pareja le guste el deporte o trabajar su cuerpo significa que tú también debas hacerlo; no porque un amigo sea muy restrictivo con su dieta implica que tú debas imitarle.

Cada persona es diferente y está más motivada o inclinada a trabajar ciertas áreas. No todas han de ser la tuya, y no siempre será tu momento para trabajar en todas ellas. No obstante, si hay algún aspecto de tu vida que te causa incomodidad, que realmente desearías mejorar, la autocomplacencia puede impedirte lograrlo. Y es aquí cuando conviene hacer algo al respecto.

Mujer pensando
En su sentido positivo, la autocomplacencia nos ayuda a estar mejor con nosotros mismos.

¿Qué es la autocomplacencia?

Se define la autocomplacencia como el sentimiento de satisfacción por la propia manera de ser o actuar. De este modo, estamos conformes con quien somos y con lo que hacemos; sentimos que ya somos lo que deberíamos ser y que ya hacemos lo que deberíamos hacer. Se trata de aceptación y de la capacidad de estar en paz con la propia realidad.

Así, la autocomplacencia tiene un aspecto positivo y luminoso. Y es que nos permite estar bien con lo que ocurre y que no podemos cambiar. Es evidente que hay parte de nuestra vida que no está en nuestras manos modificar y luchar contra ello solo genera desgaste. De tal modo, sentirme complacido con mi estatura o con mi temperamento innato (aspectos inmodificables) puede ahorrarme mucho sufrimiento.

La autocomplacencia también es útil para aquellas personas que tienden a ser muy autoexigentes y rígidas. Aquellas que sienten que siempre deben hacer más, que nunca son suficientes, que necesitan mejorar y nunca parar para ser válidas. En estos casos, aprender a apreciar el valor propio, reconocer los méritos y aceptar el ahora resulta muy saludable.

Ahora bien, cuando caemos en exceso en la indulgencia hacia nosotros mismos, nos perjudicamos de varias maneras.

La autocomplacencia: un obstáculo para avanzar

El lado oscuro de la autocomplacencia es el que nos lleva a desentendernos de nuestra responsabilidad. Esa responsabilidad que tenemos con nosotros mismos, para cuidarnos, desarrollarnos y hacernos cargo de nuestra vida.

Principalmente, hay tres modos en que esta actitud nos afecta:

Acusación y victimismo

Si nos sentimos complacidos con quienes somos y lo que hacemos, pero aun así estamos insatisfechos con nuestra vida, no nos queda otra que culpar a un agente externo. Así colocamos la responsabilidad sobre nuestros padres, nuestros jefes, nuestros amigos o pareja. Nos convencemos de que son ellos los causantes de nuestra frustración e infelicidad, porque no se comportan como deberían.

En este autoengaño, la persona siente que ella ya ha hecho todo lo que puede y todo lo que debería hacer, y que si algo va mal ya no es asunto suyo. Pero esta falta de autocrítica es la que le impide obtener una mejora; finalmente, cada persona es responsable de su propia vida. Nadie lo hará por ti.

Falta de confianza en uno mismo

La autocomplacencia también nos lleva a ser excesivamente indulgentes con nosotros mismos y a perdonarnos múltiples transgresiones. Por ejemplo, si me marco el objetivo de comenzar a hacer ejercicio el lunes, pero ha llegado el jueves y aún no he comenzado, estoy sentando un horrible precedente: no puedo confiar en mí porque no me cumplo.

La autocomplacencia se escuda en la comodidad y el refuerzo a corto plazo; en ese momento en que no me apetece entrenar me convenzo de que no pasa nada, de que ya llevo una vida lo suficientemente saludable o de que me merezco descansar. Sin embargo, cuando esta actitud se repite días tras día, está impidiendo mi progreso; un progreso que yo mismo me marqué y deseo alcanzar y con el que no me estoy comprometiendo.

Deterioro de la autoestima

Por último, la autoestima también se ve afectada por esta tendencia. Las personas excesivamente autocomplacientes tienden a alabarse a sí mismas y a vanagloriarse por cada pequeño logro, al tiempo que pasan por alto las áreas de mejora. Es lo que sucede con los padres y madres que premian y elogian a sus hijos en exceso: sus palabras son vacías.

En realidad, la autoestima se construye en base a los hechos, a los retos que superamos, a las metas que nos proponemos y alcanzamos, a los éxitos que cosechamos realmente. Cuando te conformas en exceso, te excusas y te autoengañas, esto afecta a la imagen que tienes de ti mismo y es posible que cada vez te vayas sintiendo menos capaz y más desmotivado.

Hombre con los ojos vendados
En su parte negativa, la autocomplacencia nos impide avanzar y en cierto modo nos lleva al autoengaño.

Ser autocomplacientes de manera inteligente

En definitiva, no podemos decir que la autocomplacencia tenga una naturaleza negativa, o en todas las ocasiones negativa. De hecho, en cierto grado (y especialmente para algunas personas) es positiva y beneficiosa. Sin embargo, es importante hallar un equilibrio junto con la autocrítica y la autoexigencia.

Si somos demasiado conformistas, permisivos y autoindulgentes, corremos el riesgo de quedar atrapados en realidades insatisfactorias. Recuerda: acepta lo que no puedes cambiar, pero trabaja lo que puedes y deseas modificar.

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  • Germer, C. (2009). The mindful path to self-compassion: Freeing yourself from destructive thoughts and emotions. Guilford Press.
  • Kawall, J. (2006). On complacency. American Philosophical Quarterly43(4), 343-355.