Autoexigencia y redes sociales, una trampa peligrosa

Quien usa las redes sociales como espejo está condenado a sentirse imperfecto. Porque en ese mundo digital, dominado por los filtros y la falsa felicidad, nos hacen creer que solo quien se esfuerza mucho, logra esos preciados objetivos que se premian con miles de likes.
Autoexigencia y redes sociales, una trampa peligrosa
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 27 noviembre, 2022

Si hay un escenario que nos empuja casi cada día a la comparación social son las redes sociales. Bien es cierto que es un campo de lo más estimulante, que las redes sociales invitan al aprendizaje y que son herramientas fabulosas para conectar y mantenernos informados. Sin embargo, como la mayoría de las áreas vinculadas a las nuevas tecnologías, también tienen su reverso oscuro.

De este modo, espacios como Instagram o TikTok son esos agujeros negros cotidianos en los que muchas personas -en especial los más jóvenes- se asoman para entretenerse y caer en más de una trampa. Esas en las que creer que lo más importante acontece en una pantalla. Esto hace que muchos adolescentes usen estas aplicaciones como espejos con los que ir “deconstruyendo” su propia imagen. 

Lo que aprecian cada día es una versión romantizada de una realidad edificada a base de filtros. Es, también un universo en el que todo influencer cuida muy bien lo que muestra. Porque la perfección atrae, despierta fascinación y hay que darle forma lo mejor posible en vista de que todo ello se traduce en miles de likes.

La tiranía de lo perfecto, ya sea un cuerpo o un estilo de vida, llama a la autoexigencia más destructiva. Se trata de un empeño que, lejos de permitirnos alcanzar nuestra mejor versión (una saludable), nos lleva al agotamiento y al fracaso por lograr un objetivo poco realista (patológico).

El perfeccionismo no trae la felicidad, es más bien una forma de existencia en la que tarde o temprano, uno cae al abismo de la ansiedad y la depresión. 

chica que sufre la relación entre autoexigencia y redes sociales
Los estudios nos dicen que las redes sociales refuerzan cada vez más nuestra autoexigencia y la necesidad de ser perfectos.

La cultura de la infelicidad: autoexigencia y redes sociales

En la actualidad, la autoexigencia es un rasgo socialmente deseable. En relación a esto, aunque es positivo y recomendable reforzar nuestro sentido de superación y de mejora, todo tiene un límite, un equilibrio, una horquilla en la que no derivar en el sufrimiento y el autorrechazo.

Por término medio, los perfeccionistas más obsesivos y autoexigentes persiguen un estándar irreal y del todo imposible, que les conduce una y otra vez al fracaso, con lo que de ello se suele derivar. Sentimientos de insuficiencia, falibilidad, menosprecio a uno mismo y un lento aniquilamiento de la autoestima.

Lo triste es que vivimos en una cultura que nos presiona para que seamos mejores. El marketing, la publicidad, el cine, la moda… Hablamos de escenarios en los que todo aparenta tener un nivel estándar muy alto. En este sentido, la tarea de aceptarnos y querernos se complica cuando vemos muchos más defectos en nuestra vida que en la vida de los demás.

Autoexigencia y redes sociales conforman un binomio muy problemático al que deberíamos prestar más atención

Los jóvenes son cada vez más perfeccionistas y autoexigentes

Una investigación de la Universidad de Bath destaca que las nuevas generaciones evidencian un mayor perfeccionismo que sus padres. Década a década, este factor de personalidad se eleva y el vínculo que parece promoverlo son las redes sociales. Para comprender esta relación, debemos tener en cuenta una serie de factores.

El primero de ellos tiene que ver con el tiempo que pasan los adolescentes delante de una pantalla. De media, pueden estar unas cinco horas al día, quizá más. Podríamos decir que los jóvenes de entre 13 y 29 años han construido su identidad a través de escenarios como Instagram, YouTube, TikTok, Twitch, etc.

Estos pequeños mundos virtuales están habitados por personas que viven existencias perfectas, que tienen una imagen atractiva y que han logrado cosas excepcionales (como tener millones de seguidores). Los héroes del siglo XXI son, en su mayoría, influencers en los que los jóvenes se comparan. Es entonces cuando se inicia esa exigencia cotidiana por tener el mismo cuerpo o lograr las mismas metas que esos referentes que admiran.

Las redes sociales no son las únicas que logran que muchas personas se rechacen a sí mismas por no ser como esos famosos que siguen en sus cuentas. La cultura y hasta nuestra educación nos inoculan la idea de ser los mejores, los más perfectos e infalibles.

El hechizo de las redes sociales y el perfeccionismo autocrítico

Autoexigencia y redes sociales trazan esa línea en la que la salud mental se quiebra y se pone en jaque. Debemos entender que detrás de buena parte de los trastornos de la conducta alimentaria (TCA), por ejemplo, se esconden desde la autoexigencia elevada, hasta el perfeccionismo más obsesivo, pasando por la rigidez cognitiva y la necesidad de control.

Escenarios como Instagram suelen atraer a muchos jóvenes que ya presentan una baja autoestima de base. Exponerse a un mundo cargado de filtros, de personas que triunfan y que evidencian un gran atractivo físico, insta a estos chicos y chicas hacia conductas a menudo patológicas por lograr esos cuerpos o esos objetivos imposibles.

Debemos señalar que es más probable que se derive en la ansiedad, la depresión o en un TCA, cuando uno refuerza un perfeccionismo autocrítico. Es decir, son esas dinámicas en que uno no tolera cometer errores, cuando nos castigamos y despreciamos por no ser como nuestros referentes, por ser, en esencia, imperfectos. Es decir, humanos.

¿Buscas la perfección? ¿Todo lo que haces debe ser impecable y sin fallas? ¿Te castigas a ti mismo cuando subes de peso o no te ves lo bastante atractivo ? Entonces has caído en la trampa de la autoexigencia y la infelicidad.

Chico mirando el móvil por la noche representando el vínculo de la autoexigencia y redes sociales
El perfeccionismo excesivo está aumentando de manera exponencial en los últimos años a causa de las redes sociales, las cuales, usamos para compararnos con los demás.

Aceptar nuestra imperfección, la cura para la ansiedad

Hay un principio que nace en la teoría de la comparación social definida por Leon Festinger en 1954 y que vale la pena recordar. Las personas tendemos, de manera natural, a compararnos con los demás. En ocasiones, tomamos a la realidad que nos rodea como ese espejo en el que mirarnos y escrutarnos para comprobar qué semejanzas tenemos y, sobre todo, qué nos diferencia de aquellos que observamos.

Anhelamos los triunfos ajenos, soñamos con el cuerpo de quien es admirado y aspiramos, sobre todo, a ser como nos dicta nuestra cultura. Es decir, perfectos y exitosos. Pocas narrativas son más tramposas y distorsionadas como esas tiranías que nos venden desde espacios como Instagram, Facebook o TikTok.

Debemos enseñar a los niños de manera temprana la necesidad de aceptarse a sí mismos, de esforzarse en aquello que desean, pero siendo tolerantes a la imperfección. Autoexigencia y redes sociales conforman esa ecuación de la que debemos protegerlos, iniciándolos en el buen uso de estas aplicaciones y promoviendo un buen diálogo interno.

Si rebajáramos esas cuotas de autoexigencia, aligeraríamos cuotas de ansiedad y malestar. Bienestar psicológico es, por encima de todo, la sana habilidad de tolerar nuestros errores para aprender de ellos. Equilibrio mental es apreciarnos tal y como somos, con nuestras virtudes e imperfecciones, sin obsesionarnos por falsos ideales construidos a base de filtros y verdades a medias.

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  • Crusius, Jan & Corcoran, Katja & Mussweiler, Thomas. (2022). Social Comparison: A Review of Theory, Research, and Applications.

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