Beneficios de un retiro de silencio de 10 días

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 8 octubre, 2018
Francisco Javier Molas López · 8 octubre, 2018
Los beneficios de un retiro de silencio de 10 días son innumerables. Aprendemos a estar con nosotros mismos así como a valorar lo sencillo de la vida y a preocuparnos mucho más por los demás.

Podría escribir decenas de artículos sobre los beneficios de un retiro de silencio de 10 días. Podría grabarme horas y horas hablando de lo que aporta un retiro espiritual. Se podrían decir tantas cosas… pero solo diré algunas. Mostraré aquellas que se pueden compartir, porque una gran mayoría son personales e individuales. Son experiencias tan profundas e inefables que por muchas palabras que usemos son imposibles de transmitir. Además, a parte de la imposibilidad de transmisión a través del medio oral o escrito, pertenecen al ámbito de lo interno, de lo privado.

Cuando realicé mi primer retiro de 7 días hace dos años, uno de los primeros impulsos al salir era contar la experiencia. En ese momento me di cuenta que no todo el mundo está preparado para entender lo que para unos puede ser una experiencia transformadora. Desde entonces no hablo mucho de ello a no ser que me pregunten, o lo hago de forma muy superficial. De hecho, al salir de mi último retiro, una de las primeras cosas que me preguntaron fue: “¿diez días sin hablar con nadie y sin usar el móvil?”, “Sí”, respondí yo, “qué rarito eres”, me contestaron.

¿Qué es un retiro?

Un retiro consiste básicamente en retirarse de la vida. Dicho así suena un poco desolador. Expliquémoslo mejor.

En el día a día nos encontramos con situaciones que nos provocan ira, así como personas que nos irritan. Nos enfrentamos a acontecimientos que nos entristecen. En resumen, debemos enfrentar de forma más o menos continua situaciones que nos crean malestar. Por otro lado, también somos víctimas de apegos, que en un extremo grave podrían clasificarse como adicciones.

Por tanto, un retiro consiste en apartarse temporalmente de aquello que nos causa tanto malestar como un apego desmesurado para aprender a estar con nosotros mismos. En este caso, a través de las enseñanzas de un maestro altamente cualificado que guía y establece ciertas pautas a seguir.

Personas meditando en grupo en un retiro de silencio

Los primeros momentos

Al ser mi tercer retiro ya tenía cierta experiencia, sin embargo, los primeros momentos siempre son diferentes. Además, este retiro consistía en el final de curso para ser instructor en meditación budista, así que sentí una gran responsabilidad.

Entre un retiro y otro la vida ha seguido pasando y hemos seguido acumulando experiencia. Cuando cruzas la puerta del centro de retiro sabes que, a pesar de estar acompañado por más retirantes, vas a estar solo con tu mente. Sin móvil, sin ordenador, sin internet, sin contacto con el exterior.

En nuestro día a día nos evadimos constantemente de nuestros pensamientos más incómodos. No toleramos pensar en aquello que nos causa dolor y por eso siempre recurrimos al móvil o cualquier otra actividad para distraernos. En un retiro estás solo frente al peligro: tu mente y tus pensamientos. 

Meditación y pensamientos en un retiro de silencio

Meditación 

Al tratarse de un retiro de silencio de final de curso de Instructor en Meditación Tibetana meditábamos entre 5 o 6 veces al día como práctica, más las meditaciones individuales que quisiera hacer cada uno. También recibíamos enseñanzas. Este era nuestro único estímulo auditivo, las palabras del maestro unas horas al día. Por lo demás, silencio.

Al meditar caes en la cuenta de la cantidad de pensamientos que acuden una y otra vez a tu mente. Pensamientos que creías superados y otros más actuales. Algunos permanecen en tu mente como un puñal en la espalda. Te sientas con las piernas cruzadas, respiras profundo y lento y dejas pasar el pensamiento. Lo observas sin juzgarlo. Sin embargo, cuando acabas la meditación, vuelve de nuevo.

Pensamientos

Aquellos pensamientos que parecíamos tener bajo control comienzan a emerger, a surgir como la lava de un volcán completamente fuera de control. Asoma la punta de un pensamiento y en el día a día lo escondemos acudiendo a internet.

En retiro no solo asoma la punta del iceberg sino que empieza a surgir y poco a poco vas viendo su tamaño: ¡enorme! Caes en la cuenta de que muchos pensamientos son como el iceberg que hundió el Titanic, por fuera crees que no te afectan tanto mientras que subrepticiamente te están hiriendo de tal forma que, poco a poco, van hundiendo tu salud emocional, tu ánimo, tu autoestima… ¡Enhorabuena, estás empezando a afrontar tus propios demonios!

“En un retiro de silencio cada pensamiento inquietante parece convertirse en un fiero dragón, por eso debemos saber que es fruto de nuestra mente y mantener la calma”.

Mujer con los ojos cerrados mientras sonríe

Es por esto, que no es difícil, que a pesar de parecer todo idílico puedan darse entre los retirantes ataques de ansiedad, temblores, sudores, ganas de llorar, palpitaciones, hiperventilación, etc. Estos síntomas no son ni mucho menos descritos para asustar, sino todo lo contrario, para que sepamos todo lo que ocurre cuando realmente nos enfrentamos a nuestra mente, para que sepamos lo mucho que nos ocultamos de nosotros mismos. Y cuando nos toca hacernos frente, no sabemos ni por dónde empezar.

De alguna forma, esta ansiedad también podría explicarse como un síndrome de abstinencia de la vida cotidiana. Estamos acostumbrados a cierta rutina, a ir de aquí para allá, pero en un centro de retiro tienes un horario establecido. No puedes acceder a la tecnología, no puedes levantarte de tu habitación en mitad de la noche e ir a tu nevera a por un helado. Son cambios que debemos suprimir para adoptar un horario y una conducta diferente, y esto puede provocar cierto malestar. Además, al tratarse de un retiro de silencio tampoco podemos hablar. Todo es diferente.

Pero… ¿cuáles son los beneficios de un retiro de silencio de 10 días?

Hasta ahora todo pinta un poco regular, pero tener unos días anímicamente bajos depende de cada persona, de su historial de vida, de su capacidad de afrontamiento y de su grado de implicación con la práctica meditativa.

Lo curioso de todo es que los beneficios del retiro de silencio no se empiezan a sentir realmente hasta que vuelves a la vida diaria. Estando allí sientes tranquilidad, serenidad. Incluso si has estado unos días anímicamente revuelto todo vuelve a la normalidad. La mente está mucho más calmada, no necesitas hablar, no necesitas tanta estimulación externa para ser feliz. Te bastas contigo mismo y poco más.

Sales del centro de retiro camino a casa y comienza a invadirte el ruido del entorno: coches, personas hablando, gente gritando, golpes… Empiezas a ser consciente del excesivo ruido por el que estamos envueltos y que nos provoca un estado de estrés casi de forma inconsciente. Los que viven solos tienen esa ventaja, pero cuando vives con más gente en casa observas que uno tiene la tele encendida, otro con el ordenador, otro con el móvil y casi todos están viendo cosas que realmente no aportan nada y con un volumen excesivo.

“Nuestro cuerpo y nuestra mente tienen la capacidad de curarse a sí mismos si les permitimos descansar”.

-Thich Nhat Hanh-

Cuando comienzas a relacionarte de nuevo con tu gente caes en la cuenta que gran parte de las conversaciones son puramente sociales, es decir, por rellenar hueco, que ni aportan ni te enriquecen. Lo que no quiere decir que sea negativo, no es una crítica negativa, sino más bien una reflexión. Hablamos un poco del país, de los amigos, de deporte, pero… ¿hemos mejorado como persona? Después de diez intensos días dedicado al desarrollo interior te vuelves consciente de la cantidad de información superflua que se utiliza solo por hablar.

Aprendes a apreciar lo simple, lo sencillo, aquello que realmente da valor a nuestras vidas. Cuando visitas un centro comercial solo observas opulencia, consumismo y materialismo. Abrimos los ojos y nos damos cuenta que desde pequeños solo nos han enseñado a buscar la felicidad en lo externo, pero que realmente está dentro de nosotros, solo que no nos enseñan a cultivarla.

Fase de la cueva, del valle y del cementerio

El tema de la vuelta al día al día es un aspecto importante, ya que muchos pueden llegar a obsesionarse con hablar únicamente sobre aquello que les ayuda en su desarrollo interior, sin embargo, lo ideal es alcanzar el equilibro. No dejar de lado a nuestros amigos ni a nuestra familia, pero tampoco dejar de lado, por ejemplo, nuestras prácticas meditativas.

Lama Rinchen Gyaltsen dirigía el curso de formación en meditación y siempre hablaba de las tres fases del camino espiritual:

  • Fase de la cueva.
  • Fase del valle.
  • Fase del cementerio.

La primera fase consiste en retirarte de todo aquello que te afecta negativamente o te crea apego y prepararte. Se trata de un entrenamiento mental.

Cuando creemos que estamos preparados bajamos al valle a “lidiar” con el día a día y ver hasta qué punto hemos evolucionado.

Por último, la fase del cementerio ya estaría un poco desfasada. Antiguamente en la India los cementerios eran lugares en los que se podían apreciar los cuerpos putrefactos. Así que se decía que si un meditador era capaz de meditar en un cementerio, su nivel de evolución era realmente alto.

Afortunadamente, no nos hace falta ir a meditar a un cementerio y si lo queremos hacer, hoy en día, al menos en España, no nos encontramos con cuerpos a la vista. Nosotros podemos ir de la fase de cueva a la fase del valle.

Muchos, cuando salen del retiro pretenden que todo siga igual de tranquilo que en la “cueva”, pero esto es muy difícil y poco realista. A diario nos bombardean centenares de estímulos y tenemos que enfrentarnos a diferentes situaciones y contratiempos. Pero tampoco es sano ni saludable dejarse arrastrar por la vorágine insana y extremadamente materialista de la fase del valle. Por lo que lo ideal es saber interaccionar con nuestro entorno siendo capaz de mantener cierta calma y no dejar de lado nuestras prácticas personales.

Vela con la llama encendida

Recomendaciones para hacer un retiro de silencio

En primer lugar es aconsejable comenzar con un retiro corto de 2 o 3 días. Y sobre todo, guiado. Los tres retiros que he realizado (7 días, 3 días y 10 días) han sido guiados. Yo comencé directamente con uno de 7 días que cambió mi vida, pero para empezar a mucha gente puede causarle cierto grado de ansiedad.

Por otro lado, es importante conocer el centro, esto es, buscar referencias, intentar conocer a gente que haya hecho uno, consultar con la página web, ver quiénes son los maestros… Esta información nos dará garantías sobre el centro al que vamos.

Otro aspecto importante es saber que no todos los retiros son de silencio. Muchos son de prácticas meditativas pero no exigen silencio, aunque sí es verdad, que de alguna forma, quizá inconsciente, la gente tiende a hablar menos. Ahora bien, es fundamental saber que si realizamos un retiro de silencio podemos sentir ansiedad y malestar durante unos días. Es una fase muy normal. En este caso si no sabemos llevarla lo mejor es consultar con el maestro y él nos dará las indicaciones para mejorar nuestra situación. Pero sobre todo no debemos asustarnos.

Comentarios finales 

Muchas personas me dicen que jamás harían un retiro de silencio. Desde aquí me gustaría recomendar la experiencia aunque solo sea un fin de semana. Gastamos mucho dinero en caprichos, invertimos mucho tiempo en tareas vacías, así que invertir un poco de dinero y tiempo en algo tan beneficioso como es el desarrollo interior, ¿qué puede tener de malo?

“Los tigres, leones, elefantes, osos,

las serpientes y toda clase de enemigos,

los vigilantes seres de los infiernos,

los espíritus malignos y demonios:

con tan solo atar la mente,

todos ellos quedarán también atados.

Con tan solo controlar la mente,

todos ellos estarán también controlados”.

-Shantideva-