Los biofotones o la influencia del pensamiento

Los biofotones hacen que las células emitan luz. Un fenómeno interesante que para algunos es el resultado de procesos bioquímicos.
Los biofotones o la influencia del pensamiento

Escrito por Edith Sánchez

Última actualización: 22 marzo, 2022

El tema de los biofotones es fascinante, a la par que polémico. El primero en hablar sobre esto fue un científico soviético llamado Alexander Gurwitsch, en 1923. Mencionó un tipo de radiación por medio de la cual las células se comunicaban entre sí.

Para llegar a esa conclusión, Gurwitsch plantó unas cebollas e interpuso un cristal de vidrio entre las células de estas. Esto hizo que se desincronizara la división celular. Sin embargo, al interponer un cristal de cuarzo, esto no ocurría. De allí partió para proponer la existencia de los biofotones, pero no lo logró probarla de manera fehaciente.

Varios años después, otro científico, Bernd Ruth, de la Universidad de Marburgo, utilizó un poderoso dispositivo y comprobó lo que Gurwitsch afirmaba: en verdad, las células parecían comportarse como pequeñas bombillas. Las portadoras de esa radiación eran unas singulares partículas: los biofotones.

Van Wijk y Van Wijk demostraron que si se colocaba una muestra de Acetabularia cerca de un curandero y su paciente, y medían la emisión de fotones del alga durante la sesión de curación y durante los períodos de descanso, se producían alteraciones marcadas en el contaje de los fotones emitidos por el alga, así como cambios en el ritmo de las emisiones, como si el alga se encontrara en armonía con una fuente más poderosa de luz”.

-Ernesto Bonilla-

Avances en torno a los biofotones

Neuronas con luz
Las células producen por sí mismas biofotones.

Ruth constató que las células sanas tenían una gran capacidad para detectar, acumular y emitir los biofotones. En principio, todos pensaron que el origen de estas partículas era térmico, ya que todos los seres vivos tienen una temperatura y esta se convertiría en las misteriosas luces que emitían las células.

Varios años después, en 1982, el investigador alemán Fritz Albert Popp, profesor de Física en la Universidad de Marburgo (Alemania), refutó la teoría anterior. Sus pesquisas lo llevaron a concluir que los biofotones sí cumplían la función de comunicar a las células. Señaló que las células sanas emiten una luminosidad armónica, mientras que en las enfermas es caótica.

Aparentemente, al momento de la muerte, las células aumentan su emisión luminosa hasta cien veces. Después de unas horas, tal luminosidad desaparece por completo. En últimas, Popp probó que somos luz y estamos hechos de luz. Y que la luz es portadora de información. Sin embargo, había más preguntas que respuestas al respecto.

Los biofotones, una luz en la oscuridad

Según la teoría de Popp, los biofotones, o la luz de las células, permite que esas unidades se comuniquen entre sí. Emiten campos electromagnéticos y el ADN opera como una especie de antena receptora, que luego transmite esa información al ADN de otra célula. Cuando la comunicación es fluida, hay salud; si esta se interrumpe o es caótica, hay enfermedad.

Desde entonces, biólogos y físicos no han dejado de indagar sobre el tema. Muchos no aceptan que haya algún misterio en esto y que la famosa luz es solo un efecto de los procesos bioquímicos.

Otros apuntan a que el tema va mucho más allá y han llegado a proponer que este fenómeno es componente fundamental de los procesos de salud y enfermedad, tal y como lo propuso Popp. Incluso se ha llegado a postular que esa energía sigue presente en los pensamientos, por ser fruto de un órgano compuesto por células (el cerebro) y que tiene la capacidad para cambiar el entorno. Esto explicaría asuntos como la curación espontánea, el efecto placebo, la curación por imposición de manos, etc.

Cabeza de una persona representando los tipos de racionalidad
El pensamiento puede tener poder sobre la materia, según algunos biólogos y físicos.

¿Hay poder en la intención?

El tema de los biofotones ha desembocado también en una perspectiva según la cual la intención se traduce en una forma de energía que produce cambios en el entorno. En otras palabras, el pensamiento llega a tener poder sobre la materia. Se han realizado varios experimentos que pretenden dar soporte a esta afirmación.

Uno de los casos más llamativos es el de William Tiller, profesor de ingeniería de materiales de la Universidad de Stanford. Este realizó un controvertido experimento en el que un grupo de voluntarios colocaban sus manos a unos 15 centímetros de un aparato que medía la energía producida por el cuerpo. Los voluntarios, mentalmente, tenían la intención de aumentar el conteo. Aparentemente, esa intención hizo que subiera dicho conteo.

De hecho, hay un experimento más sencillo que puedes hacer tú mismo en casa. Consiste en verter un par de cucharadas de arroz en medio vaso de agua. Luego, hacer lo mismo en otros dos vasos. Al primero, todos los días, se le debe hablar con afecto y palabras elogiosas. Al segundo, no se le debe ni mirar. Y al tercero hay que insultarlo a diario. Mirar los resultados después de 10 días.

Cualquier persona se puede sentir un poco absurda hablándole a un vaso de agua que contiene arroz. Sin embargo, y esto debo decirlo a título personal, hice el experimento. En verdad me sorprendió lo que ocurrió. Es tan sencillo realizarlo, que vale la pena que cada lector lo intente y nos comente sus resultados.

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  • Bonilla, Ernesto (2008). Evidencias sobre el poder de la intención.. Investigación Clínica, 49 (4),595-615.[fecha de Consulta 14 de Marzo de 2022]. ISSN: 0535-5133. Disponible en: https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=372940297012
  • Dalmau-Santamaria, I. (2013). Biofotones: una interpretación moderna del concepto tradicional “Qi”. Revista Internacional de Acupuntura, 7(2), 56-64.
  • Sopeña, E. P. (2007). Biofotonterapia: filtros bioluminis. RCF, 34.