Braveheart (1995), una oda a la libertad

25 abril, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por el historiador Juan Fernández
Braveheart es una de las mejores películas de aventuras de la historia. Si bien su veracidad histórica es escasa, podría ser un retrato fiel de las revoluciones liberales y nacionales del XIX.

En 1995, Mel Gibson alcanzó la gloria cinematográfica con cinco estatuillas en la gala de los Óscar, incluyendo mejor dirección y mejor director. Braveheart es una de las mejores películas de la década de los 90, pero tiene poco valor como relato histórico.

Cuenta la historia de William Wallace, quien no fue el verdadero «Corazón Valiente», de forma muy libre. Muchas de las licencias que Gibson tomará sirven, sin embargo, para construir una historia mucho más emotiva.

La mentalidad de los personajes y sus motivaciones son más propias del siglo XVIII o el XIX. Si eliminamos las referencias históricas, podría tratarse de un relato de la Revolución Americana o de la Guerra de Independencia Española.

El leiv motiv que recorre la narración es la libertad, en un evidente guiño a los valores revolucionarios. Los personajes no combaten en ningún momento una guerra feudal, la suya es una causa nacional. Su potencia como mito es innegable, sirva de ejemplo como tras la salida del film el Partido Nacionalista Escocés duplicó sus parlamentarios.

William Wallace con un ejército

Wallace y Braveheart

Quizá la mayor concesión de la película es su construcción de los personajes. William Wallace encaja como el prototipo de héroe de Gibson, equiparable a Cristo en La Pasión.

En realidad, lo más probable es que Wallace no tuviese unos orígenes tan humildes como aquí, sino que fuese él mismo un noble. Su matrimonio con Murron tampoco fue el desencadenante del conflicto. De hecho, el derecho de pernada que sufre Murron es una dramatización, dichos actos no están probados por la historiografía.

La revuelta, sin embargo, sí pudo estar relacionada con los abusos y malos usos de la administración inglesa. El promotor principal fue Robert Bruce, quien recibió el apodo de Braveheart. En la cinta, aparece retratado como un pusilánime, pero fue el artífice de las mayores victorias escocesas y era el legítimo heredero al trono de Escocia. Wallace sí fue reconocido como Guardián de Escocia, al igual que Bruce. Ambos son héroes nacionales escoceses.

La batalla de Stirling

Uno de los momentos más recordados es, sin duda, el gran enfrentamiento de Stirling. Gibson busca en Braveheart una espectacularidad que tal vez no ofrezca la batalla original y, por eso, eliminó el factor fundamental, el puente. Dicho puente equilibró las desiguales fuerzas obligando a los invasores a luchar en grupos pequeños que pudieran atravesarlo, llegando incluso a derrumbarse. De haber sido una batalla a campo abierto, la derrota escocesa habría sido inapelable.

«Luchad, y puede que muráis. Huid y viviréis… un tiempo al menos. Y cuando estéis en vuestro lecho de muerte dentro de muchos años, ¿no cambiareis todos los días desde aquí hasta entonces por una oportunidad, solo una oportunidad, de volver aquí y matar a nuestros enemigos? Puede que nos quiten la vida, pero jamás nos quitarán… ¡la libertad!».

-Mel Gibson en Braveheart-

Los escoceses medievales en Braveheart

El mayor valor histórico de Braveheart es la recreación de la vida medieval escocesa. Si bien peca de un cierto romanticismo, todo en los escenarios evoca a las highlands.

La fotografía y la banda sonora ayudan a componer un ambiente muy pulido. La historia busca crear contrastes maniqueos, y tenemos que aislarnos de ellos si queremos un acercamiento más objetivo. Evidentemente, la crueldad de los ingleses está exagerada, así como la bondad rural escocesa.

Por otra parte, la motivación de los campesinos escoceses para combatir en Braveheart es anacrónica. No cabe duda de que la implantación del feudalismo en toda Europa contó con focos de rebelión. Los anhelos de libertad de los campesinos pueden entenderse frente a un cambio notable de su situación material o religiosa; ninguna de las dos se dio en este momento.

El conflicto fue nobiliar; la diferencia entre ser dominados por un rey escocés o uno inglés para una población sin conciencia nacional debió de ser escasa, pues ambos eran cristianos y de una tiranía similar.

William Wallace con una mujer

Un mensaje universal

Si eliminamos componentes nacionalistas, que pueden tener más particularismos, el ansia de libertad es un valor fácilmente comprensible. Esta es la gran virtud de Braveheart, que además nos lo presenta en unos términos muy contemporáneos.

Si el Wallace que aparece en el film no es el histórico, al menos sí es el arquetipo de un hombre que se levanta frente a la injusticia y defiende sus ideales hasta la última consecuencia. De alguna manera, Gibson convierte un héroe escocés en un héroe universal.

Las fuentes que nos hablan de Wallace son en realidad muy escasas, destacando el poema de Harry el Ciego escrito doscientos años después. Las torturas a las que lo sometió Eduardo I tras capturarlo fueron tanto o más crueles que las que se pueden ver en Braveheart.

Gibson no nos dio un libro de Historia, ni siquiera capturó con fidelidad la leyenda, pero transmitió con éxito un mensaje. El espectador decidirá si repetir su agónico grito: ¡Libertad!

  • Perfecto García, Miguel Ángel (2012) Entre el Cine y la Historia: a propósito de Braveheart y el mito de la Escocia independiente.
  • Hobsbawm, Eric y Ranger, Terence (1983) La invención de la tradición.