Charlie says: Manson desde una perspectiva de género

1 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la crítica de cine Leah Padalino
Charlie says nos ofrece una visión de 'La Familia' desde una perspectiva de género. ¿Cómo eran las mujeres que se dejaron seducir por Charles Manson? ¿Qué tenían en común sus seguidoras? ¿Cómo las manipulaba? La cineasta Mary Harron trata de esclarecer estas cuestiones.

Mucho se ha hablado acerca de Charles Manson, de »La Familia» y de los asesinatos perpetrados contra la joven actriz Sharon Tate y el matrimonio LaBianca, entre otros. El morbo por el crimen ha nutrido enormemente la cultura de masas que, motivada por la prensa, no ha tardado de repercutir en el ámbito cinematográfico e incluso literario.

El relato que hoy os proponemos, el filme Charlie says, aborda la cuestión alejándose, en parte, de la figura de Manson, acerándose a una perspectiva de género.

¿Cómo logró manipular Manson a esas jóvenes que cometieron tan terribles asesinatos? ¿Qué condiciones requerían los individuos que se adentraban en su secta? ¿Qué consecuencias tuvieron los encarcelamientos?

Mary Harron es la cineasta que se permite arrojar una nueva lectura del caso, acercándose a las figuras de Leslie Van Houten, Patricia Krenwinkel y Susan Atkins. Harron dirige Charlie says, una película que aborda la otra cara de los terribles asesinatos cometidos por «La Familia» y que permite una aproximación a las que fueron las ‘otras víctimas’ de Manson. Una visión trágica y llena de crudeza.

¿Cómo funcionaba ‘La Familia’?

No, no todo está dicho acerca de Manson y su aterradora ‘familia’. Charlie says se estrenó hace tan solo un año, en 2018, en el Festival de Venecia y, sin embargo, nos aportó una nueva visión que se aleja del formato documental, pero que tampoco abraza la fantasía experimentada recientemente en el último largometraje de Quentin Tarantino.

Pese a ello, las críticas fueron muy dispares, hubo quien elogió la interpretación de Smith como Manson e incluso quien la despreció. En el sitio Rotten Tomatoes, alcanza un 60% por parte de la crítica y un 80% por parte del público.

Sin embargo, y dejando a un lado aquellas cuestiones más puramente cinematográficas, nos damos cuenta de que muchas de estas críticas apelan a la escasa relevancia de la figura de Manson; por lo que, tal vez, debemos pensar que no era esa la intención de la autora.

Charlie says, por mucho que evoque ya en el título al propio Manson, lo hace en tercera persona, es decir, no se centra directamente en él, sino en tres de sus más fieles seguidoras. Y es ahí, precisamente, donde recae la importancia del filme, en conocer qué llevó a estas tres jóvenes a convertirse en siervas del psicópata. No es la figura de Manson, sino qué decía y qué hacía para liderar un ejército de personas anuladas que apenas tenían voz.

El filme de Harron se aleja de la imagen morbosa y del cerebro de los asesinatos para adentrarse en la mente de unas jóvenes que, en otras ocasiones, han sido representadas de forma secundaria, incluso anecdótica. De todas ellas, la cineasta decide centrarse, especialmente, en Leslie Van Houten, a quien vemos como una joven totalmente insegura y llena de complejos.

Todas las jóvenes poseían varios rasgos comunes: se encontraban en edad temprana, cercana a la adolescencia; poseían carencias afectivas o emocionales; pese a tener vínculos familiares, parecía que no encontraban su lugar; y, principalmente, vemos en ellas una falta total de autoestima.

Manson seleccionaba a conciencia a sus seguidoras -o víctimas- y aprovechaba su falta de amor propio para someterlas. De alguna manera, hacía que se sintieran especiales y parte de algo que se percibía importante. Todas ellas dejaban atrás a sus familias y se adentraban en un estado de manipulación psicológica que, combinado con el consumo de estupefacientes, las convertía en las perfectas ovejas de un rebaño dispuesto a lo peor.

Así, Manson manipulaba y conseguía una ‘familia’, la sumía en una especie de luna de miel eterna, pero llena de claroscuros, intercalando halagos con humillaciones. Todo ello en un sistema en el que las mujeres, despojadas de su identidad y de sus propios nombres, actuaban como esclavas, tanto domésticas como sexuales. Manson prometía algo, las encandilaba y les hacía creer en una guerra ficticia que no iba a ninguna parte. De esta manera, construyó su clan y logró acabar con vidas inocentes en unos asesinatos de finalidad inexistente.

Charlie says: violencia de género

Charlie says arranca tiempo después del encarcelamiento de las jóvenes protagonistas, un momento en el que todavía parecen idolatrar y admirar la figura de su líder. Karlene Faith, una estudiante universitaria, comienza a trabajar con las jóvenes con el fin de que recuerden su verdadera identidad y de que tomen conciencia de las atrocidades que cometieron.

En ningún momento se justifican los asesinatos, al contrario, se condenan. Pero es cierto que la cineasta trata de acercarnos al punto de vista de las protagonistas, intentando hacernos comprender qué ocurría en sus mentes en el momento de los crímenes. Mediante flashbacks, rememoramos algunas de sus vivencias, sus primeros acercamientos a Manson y cómo era la vida en el Rancho Spahn.

Así, observamos una especie de sociedad sumida por su líder, que pasaba las horas consumiendo estupefacientes y en la que las jóvenes trataban de sentirse importantes, de buscar una respuesta. Manson era una especie de ‘Jesucristo’ para ellas, y él mismo así se definía. Un mesías, un hombre que iba a liberarlas de sus ataduras terrenales y que les había otorgado ‘amor desinteresado’ a unas jóvenes perdidas y con infinidad de problemas de autoestima.

Esta violencia que, en un principio era psicológica, se torna física y, al mismo tiempo, desencadena cierta manipulación de índole sexual. Aunque los momentos de lucidez durante la estancia en prisión no son muchos, sí son significativos; y Karlene llegará a cuestionarse si es ético que estas jóvenes terminen descubriendo que sus crímenes no tenían ni justificación ni finalidad.

¿Es mejor seguir viviendo en la ignorancia o enfrentarse a la dureza de los propios actos? Charlie says nos presenta todo un camino hacia la redención, el arrepentimiento y el dolor.

El punto de vista de Harron es tremendamente feminista y, aunque para algunos se quede en la superficie, lo cierto es que termina por dar ciertos tintes de sensibilidad a su relato. Así lo vemos cuando Leslie Van Houten, que ya ha renegado de su familia, se da cuenta de que su madre, pese a todo, sigue allí, perdonándola y tratando de acercarse a su hija.

Al final, tenemos ante nuestros ojos a unas jóvenes sometidas a un sociópata manipulador al que lo único que le importan son sus propios intereses.

La otra cara de la violencia

En los tiempos que corren, resulta inevitable comparar o trazar similitudes entre Charlie says y Érase una vez en Hollywood (Tarantino, 2019), pues hay escenas que remiten la una a la otra. En este sentido, mientras el segundo nos ofrece un giro inesperado de los acontecimientos y una «violencia que deleita nuestros sentidos», la primera es una visión infinitamente más cruda, en la que la risa y lo estético no tienen cabida.

Tal y como apuntábamos al comienzo del artículo, los psicópatas -como Manson- suelen ser seres especialmente susceptibles de ser trasladados a la gran pantalla. Así, sin ir demasiado lejos, la séptima temporada de American Horror Story, ‘Cult’, nos llevaba a una visión morbosa, violenta y aterradora de los asesinatos perpetrados por «La Familia». Tarantino hizo lo suyo y prefirió darnos una violencia esperanzadora, aquella que podría haber sido y, por desgracia, no fue. Pero Harron no se encuentra ni en un punto ni en el otro, no acude al morbo ni al terror, pero tampoco a lo risible.

Sea como fuere, nuestra historia nos fascina, los psicópatas alimentan pesadillas más terribles que los fantasmas y el cine se hace eco de ello. Manson tan solo es un ejemplo de una larga lista de ‘basados en hechos reales’ que conquistan al gran público.

Charlie says deja los asesinatos fuera de campo y el resultado es todavía más violento, pues esa violencia que no puede ser representada en escena es porque es totalmente cruda. Posiblemente, recrear uno de estos crímenes y alejarse del terror podría llegar a resultar polémico y la cineasta decidió quedarse en ‘terreno seguro’.

Si queremos un biopic de Manson, entonces, es mejor no ver Charlie says; pero si queremos aproximarnos a ‘las otras víctimas’, humanizar aquello imposible y acercarnos, dentro de los límites del cine, a una visión desde la violencia de género, Charlie says puede convertirse en una opción interesante.