La ciencia ha descubierto el origen biológico del síndrome de hikikomori

El síndrome de hikikomori, o la necesidad de encerrarse en la propia habitación durante más de 6 meses, alejándose de todo contacto social, tiene un factor biológico muy interesante. Lo analizamos.
La ciencia ha descubierto el origen biológico del síndrome de hikikomori
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 21 junio, 2022

Los llamaron los ermitaños de Japón. Hombres en el 80 % de los casos que rehúyen de todo tipo contacto social, forma de ocio, amistad e incluso trabajo o estudio. Viven encerrados en sus habitaciones, aislados, jugando a los videojuegos o pasando el tiempo en internet. En la actualidad, la ciencia parece haber encontrado el origen biológico del síndrome de hikikomori.

Fue así como se denominó a este fenómeno que se hizo patente a finales del siglo pasado, sobre 1998. Según se expresó en algunos medios, hikikomori simbolizaba la resistencia a la presión del mundo. Al estrés laboral y académico, a la severidad familiar que espera de sus hijos, que sean los mejores, que alcancen el éxito y sean unos buenos trabajadores.

Al no poder ajustarse a esa vara de medir, muchos jóvenes (y no tan jóvenes), hastiados por la vergüenza o la sensación de fracaso, optaron por una válvula de escape. Por un refugio físico y también mental. Encerrarse en sus habitaciones era —y es todavía—un mecanismo de defensa ante una sociedad demasiado estricta que no les agrada, y en la que no pueden o no saben cómo sobrevivir.

Esta es una realidad que no solo afecta al país del sol naciente. De este modo, si hasta no hace mucho se desconocían sus desencadenantes, parece que ya vamos obteniendo datos cada vez más esclarecedores. Los analizamos.

Se estima que detrás del síndrome hikikomori hay más de un trastorno psicológico subyacente, como fobia social, trastornos depresivos, personalidad pasivo-agresiva, etc.

Hombre triste mirando el móvil leyendo sobre el origen biológico del síndrome de Hikikomori
El síndrome de hikikomori tiene varios desencadenantes, tanto de personalidad, como sociales y biológicos.

El origen biológico del síndrome de hikikomori

Se estima que cerca del 1,57 % de la población nipona sufre el síndrome de hikikomori. Aunque podrían ser más. Corea del Sur y Hong Kong aportan datos similares. Asimismo, aunque no tenemos cifras en Occidente, se estima que este fenómeno se extiende cada vez con mayor frecuencia entre la población más joven.

No fue hasta 2020 cuando el doctor Takahiro A. Kato propuso un criterio de diagnóstico internacional más claro en un estudio. Ese en el que debían aparecer como factores claros un aislamiento social desde el propio hogar de más de 6 meses, acompañado de malestar emocional y un claro deterioro funcional en las responsabilidades de la persona (no asistir a clase, al trabajo, etc.).

Así, y mientras el propio diagnóstico ya dispone de una base más rigurosa, los orígenes de este trastorno todavía no se han esclarecido del todo. Hay trabajos que insisten en la presencia de desórdenes psiquiátricos. Sin embargo, una conclusión a la que se ha llegado recientemente, y que parece ofrecer evidencias firmes, es la referente a las “firmas metabólicas”.

Comprendamos ahora el origen biológico del síndrome de hikikomori.

La clave podría estar en dos tipos de aminoácidos

En 2013, el Hospital Universitario de Kyushu de Japón creó la primera clínica ambulatoria del mundo para la investigación del hikikomori. La finalidad era comprender un poco más esta realidad tan impactante. Gracias a esta iniciativa, se logró realizar una investigación que finalmente se publicó en Dialogues in Clinical Neuroscience. 

  • Se han descubierto unos biomarcadores en la sangre asociados con el síndrome de hikikomori. En concreto, son unos niveles de ornitina y de la actividad de la arginasa sérica, mucho más altos que en la población sin esta característica orientada al aislamiento social.
  • Se trata de unos tipos de moléculas asociadas a distintas funciones corporales. Como, por ejemplo, la regulación de la presión arterial y el ciclo de la urea. También suelen estar presentes en personas que lidian con una depresión mayor o un trastorno afectivo estacional.
  • Por otro lado, también se ha visto una pequeña alteración en las acilcarnitinas, unos compuestos que son clave en el aporte de energía al cerebro.

De momento, el doctor Takahiro A. Kato de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad de Kyushu y director de este trabajo insiste en algo muy concreto. Estas investigaciones son solo el inicio en la búsqueda para comprender qué orquesta el síndrome de hikikomori. Se necesitan datos de más pacientes a nivel mundial y no solo de Japón.

Sabemos que este síndrome aparece en un 80 % de los casos en hombres. Comprender las raíces biológicas, sociales y psicológicas de la afección nos permitirá abordar mejor este problema cada vez más patente.

Personalidad de un hombre triste sentado en el comedor pensando en el origen biológico del síndrome de Hikikomori
Hay hombres que llevan años sin salir de su habitación, limitándose solo a jugar a los videojuegos o interaccionar de manera virtual con los demás.

Otros orígenes y desencadenantes del hikikomori

Parece que el origen biológico del síndrome de hikikomori está más claro que el desencadenante psicológico. Porque, aunque hay pacientes que evidencian depresión, esquizofrenia y el trastorno de ansiedad social, es algo ocasional y no lo bastante significativo como para establecer una relación causal.

Estamos ante un aislamiento social claramente patológico. La persona opta por recluirse en una habitación porque no se percibe como apta ante un contexto competitivo y demandante. Ese mecanismo de escape otorga protección, pero no un bienestar real. Es decir, estos hombres (en su mayoría) no se sienten realizados ni satisfechos en esa opción vital que han elegido.

En su aislamiento, se evaden mediante videojuegos o a través del uso de internet, redes sociales, etc. Esto deriva, en muchos casos, en adicción a internet y en el desarrollo de más fobias, como es el miedo a los espacios abiertos (agorafobia). A día de hoy hay “hikikomoris” que llevan años encerrados en una habitación de la casa familiar.

Los mecanismos terapéuticos que se están desarrollando para asistir a estas personas son cada vez más sofisticados. Una empresa japonesa ha diseñado un robot para fomentar el contacto social en estas personas. Asimismo, hay universidades que han creado programas online para fomentar el desarrollo de fortalezas para mejorar su autoestima.

Sea como sea, parece que cada vez avanzamos más en la comprensión de un síndrome que ya no es exclusivo del país asiático.

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  • Daiki Setoyama, Toshio Matsushima, Kohei Hayakawa, Tomohiro Nakao, Shigenobu Kanba, Dongchon Kang & Takahiro A. Kato (2021) Blood metabolic signatures of hikikomori, pathological social withdrawal, Dialogues in Clinical Neuroscience, 23:1, 14-28, DOI: 10.1080/19585969.2022.2046978
  • Katsuki, R., Inoue, A., Indias, S., Kurahara, K., Kuwano, N., Funatsu, F., Kubo, H., Kanba, S., & Kato, T. A. (2019). Clarifying Deeper Psychological Characteristics of Hikikomori Using the Rorschach Comprehensive System: A Pilot Case-Control Study. Frontiers in psychiatry10, 412. https://doi.org/10.3389/fpsyt.2019.00412