Cinco regalos imprescindibles en la infancia

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
El mejor regalo que se le puede hacer a un hijo es el esfuerzo de criarlo con amor, respeto y presencia.
 

La infancia es una etapa crucial de nuestro desarrollo. Es el momento en que sentamos las bases de nuestra personalidad y nuestra forma de entender el mundo. Por ello, como padres, cada uno de nuestros actos tiene una repercusión mayor de lo que, a simple vista, pueda parecer. Nuestro esfuerzo por llevar a cabo una crianza consciente y respetuosa es el mayor obsequio que podemos otorgarle a los niños.

Sin embargo, en medio de la vorágine de estrés y obligaciones diarias podemos olvidar la importancia de nuestras pequeñas acciones en sus vidas. Por ello a continuación te presentamos los cinco regalos que puedes hacerle a tus hijos para que se conviertan en personas felices y emocionalmente sanas.

Regalos imprescindibles en la infancia

Atención

Cuando los niños son pequeños sus padres son sus héroes, sus máximos referentes. La atención de los adultos más significativos de su vida es uno de los reforzadores más potentes que existen para ellos. Por tanto, sé consciente del modo en que la utilizas.

Muchas veces los niños presentan comportamientos inadecuados porque es la única manera que encuentran para obtener nuestra atención. Mientras se portan bien los ignoramos, pues tenemos muchas cosas de las que ocuparnos. En cambio, cuando realizan una conducta inadecuada dirigimos toda nuestra energía hacia ellos, aunque sea para regañarlos.

 

Por tanto asegúrate de atender a tus hijos, de cubrir sus necesidades, de escuchar sus ideas. Regálales tu atención siempre que te sea posible, y hazlo simplemente porque los amas y disfrutas pasando tiempo a su lado.

Amor incondicional

El amor incondicional es la base de un correcto desarrollo emocional. En ocasiones los niños se comportan de forma inadecuada y es nuestro deber hacerles saber que eso no está bien. Sin embargo, es muy importante que diferenciemos entre la conducta y su persona. No es lo mismo decir «ese comportamiento está mal», que afirmar «eres malo».

Es imprescindible que sepan que son amados y aceptados incondicionalmente por sus padres. Que estos nunca les retirarán el afecto, a pesar de sus errores, rabietas o malas conductas. Por tanto, hemos de ser muy cuidadosos con las etiquetas como «desobediente». Juzguemos las conductas concretas, no al niño como ser humano.

Presencia

Sean cuales sean nuestras circunstancias personales, es importante regalarles presencia a nuestros hijos. Pero esta no consiste simplemente en estar en la misma casa. La presencia implica dedicar nuestros cinco sentidos al niño, a escuchar sus preocupaciones, a conversar, a ser un apoyo y un refugio.

 

Quizá el trabajo te impida pasar con tus hijos todo el tiempo que desearías. Simplemente asegúrate de que los momentos que pasas con ellos sea de calidad, que los empleéis en conectar y fortalecer vuestro vínculo. Encuentra instantes para estar a solas con tu hijo en cuerpo y alma y será suficiente. Los niños perciben cuándo son amados y valorados a pesar de la falta de tiempo.

Respeto

Este es uno de los aspectos más relevantes y más olvidados en la educación de los niños. Tratarlos con respeto implica comprender que no son de nuestra propiedad y que no son inferiores. Hemos de tenerles la misma consideración que ofreceríamos a un adulto. Los gritos, la violencia física o los insultos son intolerables y totalmente innecesarios.

Los niños merecen ser tratados con dignidad, merecen que sus opiniones sean tenidas en cuenta, que su voz sea escuchada. Merecen poder desarrollarse de forma libre, en base a su propia personalidad. Al respetar a tu hijo le enseñas a respetarse a sí mismo y a considerarse un ser valioso e importante.

 

Límites para una infancia feliz

Respeto no es sinónimo de permisividad. Tratar adecuadamente a los niños no está, en absoluto, reñido con establecer límites y consecuencias. Estos dos elementos son esenciales ya que proporcionan a los menores una sensación de seguridad que los ayuda a crecer más felices. Sobre todo, recuerda ser coherente al dictar las normas y ser consistente al aplicar las consecuencias. Aunque en el momento les resulte molesto, en el futuro te lo agradecerán.

Estas son solo algunas de las múltiples maneras en que el amor y la dedicación de los padres se manifiestan en la educación de los hijos. Pero aunque resulte costoso, esforzarnos durante sus primeros años de vida tendrá recompensas inimaginables. Recordemos que la infancia es el patio en el que jugamos toda la vida.

  • López, G. C. H., & Vesga, M. C. G. (2009). Interacción familiar y desarrollo emocional en niños y niñas. Revista Latinoamericana de Ciencias Sociales, niñez y juventud7(2), 785-802.
  • Capano, Á., & Ubach, A. (2013). Estilos parentales, parentalidad positiva y formación de padres. Ciencias psicológicas7(1), 83-95.