Cocina terapéutica: conoce sus beneficios

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 noviembre, 2017
Sara Clemente · 17 noviembre, 2017

Más allá de que los alimentos que ingerimos sean saludables o no para nuestro organismo, cocinar como actividad en sí misma puede ayudarnos a combatir problemas como el estrés o la ansiedad. ¿Quieres conocer cuáles son los múltiples beneficios de la cocina terapéutica?

Dada la gran cantidad de programas y talent show que se emiten hoy en día en televisión, esta actividad se ha acercado más a nuestras casas. Ahora, estamos más familiarizados con técnicas como la esferificación o conocemos la importancia de trabajar en equipo para que el cocinado salga adelante. ¿Cuál es el papel de esta tarea en los programas terapéuticos?

Creatividad e ingenio

Imaginemos que ya tenemos programada la semana con las comidas que vamos a ir preparando cada día. De repente llega el martes y nos falta un ingrediente esencial del plato que teníamos pensado hacer. ¡Horror! ¿Nos da tiempo a ir a comprarlo? ¿Nos lo dejará el vecino? Tenemos la solución: ser creativos.

Puede que el plato no salga exactamente igual al que teníamos en mente o que la primera vez que lo preparemos no consigamos dar con el punto de sal perfecto. Pero aprender a combinar nuevos alimentos, experimentar distintas texturas o jugar con nuevos sabores puede ser muy saludable para nuestra mente.

Lo que a priori era un contratiempo, se puede convertir en una oportunidad. Tener que cambiar planes en poco tiempo permite desarrollar el ingenio, dar rienda suelta a tu imaginación y potenciar tu creatividad. Te hace ser más resolutivo, tomar decisiones en poco tiempo, ser más organizado y mejorar tu eficiencia. ¡Fíjate cuántas habilidades!

Salir de tu zona de confort y aficionarte al “ya veremos qué sale” es una manera de no encasillarte, de sorprenderte a ti mismo y de aumentar tu autoconfianza.

Mujer cocinando cookies

Promueve un desarrollo personal

Por otro lado, cocinar pone a prueba nuestra paciencia. Necesita tiempo, y no el que nosotros queramos precisamente, sino el que requiera cada plato. Por más prisa que tengamos por comérnoslo o servirlo o aunque queramos que un huevo se cueza en 2 minutos, no podemos. Para poder obtener el resultado esperado, tenemos que esperar y respetar los minutos de preparación que necesita cada alimento.

También es necesaria la coordinación y la conciencia sensorial. Es decir, usar todos nuestros sentidos de forma que nos permitan ir sabiendo el estado de nuestro plato y hacer rectificaciones cuando lo creamos necesario.

Cuando metemos la cuchara en un buen caldo para catarlo, utilizamos la vista, el gusto y el olfato. Si amasamos harina, empleamos igualmente el tacto. Para saber cuán dorado está lo que tenemos en el horno, usamos más la vista. Es, por tanto, necesaria la integración sensorial y, para conseguirla, hay que mantener la atención en el ahora.

Favorece la cooperación y la comunicación

Cocinar en grupo puede ser divertido, gratificante y muy enriquecedor. Por ejemplo, para trabajadores que tengan problemas en delegar funciones a sus empleados, puede resultar verdaderamente terapéutico cocinar en familia. También para alguien muy acostumbrado a ser autónomo e independiente, pues favorece el entendimiento y la generosidad.

Repartir funciones es algo básico y fundamental en cualquier ámbito de la vida: cuando tienes que realizar las tareas del hogar, con los compañeros de trabajo o al organizar alguna fiesta navideña. En todo momento se pone a prueba nuestra capacidad de negociación.

Por eso, la cocina terapéutica también puede ayudarnos a entender la importancia que tiene el trabajo de cada persona para conseguir alcanzar el resultado final. Desde saber utilizar el roner o cortar en juliana unas verduras, hasta tener afilados los cuchillos. Nada es baladí y todo importa. Cada uno pondrá un peldaño más en la escalera y solo así se podrá elaborar un buen plato.

Dos personas practicando la cocina terapéutica

Combate la depresión y la ansiedad

En Estados Unidos, existen terapias expresamente implantadas por profesionales de la salud mental que promueven cursos y actividades de cocina pensados para pacientes con distintos problemas. Esta actividad ayuda a combatir la depresión y es un método eficaz contra el estrés y la ansiedad.

Durante horas estas personas aprenden cocina, algunos desde cero. Esa necesidad de seguir a los maestros para no perderse ningún paso e ir añadiendo constantemente conocimientos culinarios les permite desconectar de sus propios problemas.

Así, centran toda su atención en la cocina y no evitan pensar en su condición. Les hace tener otra perspectiva de lo que significa “buscar ayuda psicológica”, pues no es algo en lo que se suela pensar cuando se hace terapia con profesionales de la salud mental.

Para la corriente cognitiva-conductual es un verdadero acierto. Permite a estos pacientes alcanzar una nueva meta mediante el uso y el aprendizaje de técnicas que nunca antes habían empleado.

La cocina terapéutica es un aprendizaje integral

Tengamos la edad que tengamos, aprender no ocupa lugar. Cuanto más activadas estén nuestras redes neuronales, menos probabilidad habrá de que aparezcan enfermedades cerebrales neurodegenerativas. ¿Por qué no podemos usar la cocina terapéutica como un método de prevención?

Conocer nuevos alimentos, emplear nuevas técnicas de cocinado, imitar recetas de amigos o familiares, investigar nuevas combinaciones, crear nuevos platos… Todo esto nos mantiene activos. Además de estos beneficios individuales, puede ser un trabajo colectivo, que unifica y socializa.