Coco, una película mágica que compartir en familia

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 31 enero, 2018
Valeria Sabater · 31 enero, 2018

Coco es la decimonovena película de Pixar y, a su vez, una de las más deslumbrantes. La historia nos lleva directamente hasta México en el Día de los Muertos para abrazarnos con sus tradiciones, su magia, sus colores, su música y una rica textura emocional que no nos deja indiferentes… Es un fantástico relato sobre la vida y la muerte, sobre la familia y el empeño de un niño por hacer realidad sus sueños.

Cuenta Lee Unkrich, el guionista y director de Coco, que tenía un gran respeto hacia la responsabilidad que había caído en sus manos cuando recibió la aprobación de llevar a cabo esta película. Él es de Cleveland y no tiene ninguna raíz con la comunidad latina. Sabía que llevar a la pantalla una producción donde el aspecto cultural lo era todo, exigía gran cuidado, delicadeza y ante todo, pasión.

Coco es la historia de un niño mexicano atrapado en la Tierra de los Muertos donde se nos invita a realizar una maravillosa reflexión sobre la familia, el amor y el recuerdo hacia los que ya no están.

El trabajo se inició en el 2011 y ya desde ese momento sabía muy bien lo que deseaba para Coco: quería una historia familiar, una trama donde la fantasía bailara con la realidad pero donde lo mágico se nutriera a su vez de unas raíces geográficas y sociológicas muy concretas. Cabe decir que al principio encontraron algún que otro obstáculo, como por ejemplo el referente a la idea de situar la trama en el “Día de los Muertos”.

¿Cómo recibiría el público infantil una película donde gran parte de los personajes son esqueletos? ¿Serían capaces de disfrutar de una historia donde la muerte, el más allá, los espíritus guía y los familiares fallecidos son los protagonistas? Bien, no solo todos estos elementos han sido fantásticamente recibidos, el mensaje de Coco emociona, trasciende y deja huella en grandes y en pequeños.

coco con su familia

Coco, esqueletos andantes, espíritus alados y secretos familiares

El año pasado Píxar nos presentó a Moana (Vaiana en España) y este año, continuando con esa línea donde trabajar el aspecto de la diversidad y la riqueza cultural, nos ha traído a Miguel Rivera y a toda su familia, la de carne y hueso y la que camina con su traqueteante pero sofisticado esqueleto en un mundo que, en ocasiones, no dista demasiado de este en el que vivimos.

Como muestra, cabe hacer mención a esa frontera física entre el mundo de los vivos y los muertos, similar a un departamento de aduanas donde no todos tienen permitido el paso. De algún modo, nos obliga a recordar la política en materia de inmigración del gobierno de Donald Trump; una sutil pincelada que sin duda nos invita a alguna que otra reflexión.

No obstante, Coco no pretende ser una película de denuncia social, Coco es por encima de todo una celebración de la vida, de la familia y del amor escenificada en el lugar más paradójico posible: el mundo de los muertos. Es aquí donde llega Miguel Rivera de forma casual en compañía de su perro. Este niño mexicano de 12 años quiere ser artista, desea revelarse como el nuevo Ernesto de la Cruz, ese ídolo con el que sueña secretamente en vista de que en su familia la música está rotundamente prohibida.

coco con su bisabuela

La razón de este singular mandato se remonta a su tatarabuela, la cual fue abandonada por su esposo, un compositor que la dejó a ella y a su pequeña niña con el fin de seguir sus sueños y alcanzar el éxito. Así, y con la llegada del Día de los muertos, Miguel logra casi sin saber cómo entrar en ese umbral habitado por esqueletos andantes, por fallecidos que vestidos con sus mejores galas, aguardan volver con los suyos solo por una noche…

El mundo de los muertos y la importancia de recordar a los seres queridos

El Mundo de los Muertos deslumbra en una paleta de azules fosforescentes, de verdes que reverberan, de amarillos y naranjas que iluminan una ciudad de distintos niveles que se eleva de forma mágica sobre el nivel del mar. Hay tranvías aéreos, puentes y hasta un espectáculo de lo más vanguardista presentado por la propia Frida Kahlo.

Toda esta magia deslumbrante se nutre en su mayoría por un detalle que se alza como la auténtica lección de esta película. El mundo de los muertos deslumbra por el recuerdo de los vivos. Todos esos esqueletos andantes siguen disfrutando de sus quehaceres, de sus fiestas y felicidad porque sus familiares siguen honrando su memoria. Entre el más allá y nuestra realidad existe un lazo, un vínculo tejido desde el afecto donde seguir unidos a los nuestros en ese plano invisible…

Coco con guitarra

Coco hace vibrar las fibras de nuestro corazón como lo hace el propio protagonista con su preciosa guitarra. Asimismo, hay que señalar una vez más que, aunque lo parezca, no estamos ante una historia más de la factoría Píxar. La historia ofrece un giro de guión nada esperado que enriquece aún más la trama y, a la vez, la hace más humana, más creíble.

Ver en compañía de toda nuestra familia esta película es, sin duda, un regalo para los sentidos y las emociones, un tributo audiovisual y también musical donde grandes y pequeños se deleitarán al 100%.