¿De qué color queremos (quieres) que sea la ballena: "azul o rosa"?

¿De qué color queremos (quieres) que sea la ballena: “azul o rosa”?

Valeria Sabater 11, Mayo 2017 en Psicología 2789 compartidos
ballena

Nadie quiere suicidarse, de hecho la mayoría de las personas que dan este paso actúan movidos por el convencimiento de que no tienen otra salida aceptable. Es la última opción, su último recurso para escapar de una vida que duele. Es muy posible que el juego macabro de la “ballena azul” nos llene a la mayoría de incomprensión, pero hay algo que no podemos perder de vista. En la actualidad, son cientos los niños y adolescentes que navegan en los océanos de la soledad, la tristeza y la vulnerabilidad. Son personas que necesitan ayuda.

Maylen tenía 13 años y vivía en un pequeño pueblo de Colombia. Su vida, aparentemente, era normal, no muy diferente a la de cualquier adolescente de su edad. Unos días antes de que se suicidara ahorcándose con una cinta, la niña le preguntó a su madre si existían las ballenas azules. “Existen, sí, y deben quedar pocas. Están en vías de extinción”, le contestó la señora Villamizar, incapaz de imaginar lo que su hija tenía en mente.

Maylen no es la única que ha dado el paso. Han sido cerca de 130 jóvenes en todo el mundo los que han cumplido las 50 pruebas degradantes de este “juego”. Una partida que se gana con un “último movimiento”, el de quitarse la vida (en caso de no hacerlo, y aquí aparece otro delito más, el juego avisa de que al tener constancia de la IP del usuario, terceras personas podrán asesinar a sus amigos y familiares).

Muchos podrán decir que el mundo de las redes sociales, de los foros y de estos grupos constituidos en la red intangible de las nuevas tecnologías solo tiene consecuencias negativas. Sin embargo, tras todo esto hay una reflexión que e impone: el mundo, lo creamos o no, está lleno de ballenas azules. Seres preciosos, a la vez que vulnerables representan esos universos atávicos que estamos descuidando inconsciente o deliberadamente: la soledad, el miedo, la inseguridad, la sensación de hablar con una pared…

Es momento de elegir. Lo opuesto a la “ballena azul” es la “ballena rosa”, una iniciativa maravillosa surgida en reacción a ese juego que se está llevando vidas muy jóvenes de forma lamentable.

La ballena azul busca salir de una vida que duele

Curiosamente, el nombre de este juego tiene muy poco que ver con el precioso animal del que ha cogido el nombre. La ballena azul es el animal más grande de nuestro planeta. Son gráciles nadadoras y recorren el océano a gran velocidad. A su vez, son de los animales más ruidosos del planeta. Son capaces de emitir distintos pulsos, gruñidos y gemidos que se escuchan a más de 1.500 kilómetros de distancia. Son, posiblemente, unas de las criaturas más fascinantes de la naturaleza.

Sin embargo, nuestras “ballenas azules”, las que nadan por suelos de asfalto y en el mundo de las redes sociales, son criaturas silenciosas, de las que pasan desapercibidas. Además, se caracterizan por una vulnerabilidad psicológica y por una carencia de figuras de referencia firmes. Ante la repetida pregunta de cómo un joven de 12, 13 o 18 años decide dar el paso para iniciar este juego, donde se les piden cosas tan humillantes como dolorosas, hemos de tener en cuenta varios aspectos que nos ayudarán a comprender un poco mejor este fenómeno.

ballena azul

¿Por qué un joven decide participar en el juego?

El juego de la ballena azul les permite a los niños y adolescentes personalizarse en un mundo donde se sienten invisibles, donde muchos no hallan su lugar, donde nada parece identificarles. Cada autolesión, cada desconcertante prueba superada es un logro, es una muestra de su valentía porque han hecho frente al dolor, al miedo, a la indecisión… Todo ello son “triunfos” que publican con “orgullo”, para obtener así un refuerzo psicológico y una motivación. La de continuar.

A su vez, el hecho de iniciar este tipo de juego les les hace sentir que forman parte de un proyecto, del que nace un compromiso. No podemos olvidar que la adolescencia es esa época de búsquedas donde si el joven no tiene un grupo de amigos sólidos o una familia que actúe como vínculo firme y como referente seguro, ese chico o esa chica lo único que buscará es defenderse de la soledad del modo que sea (y a veces, del menos acertado).

El juego de la Ballena Azul ofrece al fin y al cabo a estos niños y adolescentes todo un periplo de crueles desafíos. Retos para intentar recuperar la autoestima, sin saber que están a merced de los sádicos y crueles caprichos de las personas que hay detrás del mismo. 

Las ballenas azules pueden trasformarse en rosas

Hay que despertar y de darnos cuenta: a nuestro alrededor navega más de una ballena azul. Sin embargo, debemos tener cuidado de no asustarlas, de no enfadarnos con ellas por ser como son, por sentir como sienten, o por experimentar cierta curiosidad por este juego. Porque en caso de sancionar, de juzgar o ironizar, la ballena azul se alejará de nosotros. Debemos guiarla con acierto, cercanía e inteligencia para que, con nuestra ayuda, se convierta en una ballena rosa.

Tal y como nos explica la OMS cerca del 4% de la población padece depresión y cada año, son más de 800.000 personas las que eligen quitarse la vida porque para ellas, es la única opción para dejar de sufrir. Gran parte de esa proporción son jóvenes de entre 13 y 25 años. Aún más, se sabe que cerca de 16 millones de personas se auto-lesionan, en especial los adolescentes.

Necesitamos por tanto enfocar la crianza y la educación de otro modo, necesitamos de más herramientas en los centros educativos y sin duda, más iniciativas como la “Ballena Rosa”, orientada a construir una actitud positiva a través de 50 pruebas tan acertadas como entretenidas. En la que cada paso es un principio de vida y no un final de tristeza.

Prevención y supervisión

Por otro lado, la labor de las familias es vital en estos casos y por ello, es necesario que cada día tengamos muy presentes estas sencillas orientaciones:

  • Los padres deben mostrar una  disponibilidad emocional absoluta a la hora de escuchar a sus hijos.
  • La presente crisis económica está haciendo que en muchos países del mundo las familias, no tengan tanto tiempo como desearían para atender a sus hijos. Sin embargo, el poco tiempo del que se disponga debe ser de calidad, construyendo siempre una adecuada complicidad y cercanía con los pequeños.
  • Hay que proporcionar a los niños oportunidades y herramientas para construir relaciones significativas con sus iguales, evitando en todo momento el aislamiento.
  • Debemos recordar la necesidad de valorar a nuestros hijos, de ofrecerles refuerzos positivos para que dispongan de una autoestima fuerte.

Por último, y no menos importante, es necesario atender los cambios de humor y comportamiento de nuestros adolescentes. A su vez, supervisar regularmente qué hacen y comparten en sus redes sociales es clave para evitar situaciones como las que están dándose a día de hoy, y muy cerca de nosotros.

Valeria Sabater

Soy psicóloga y escritora. La curiosidad por el conocimiento humano es mi cerradura particular, la psicología mi llave, la escritura, mi pasión.

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