¿Cómo actuar ante un alumno que nos pone a prueba?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 21 febrero, 2019
Raquel Lemos Rodríguez · 21 febrero, 2019
Cuando un alumno nos pone a prueba es importante no perder el control y, mucho menos, ponernos a su altura. Esto solo empeorará la situación.

Como docentes, cuando un alumno nos pone a prueba, podemos llegar a sentir cierta confusión sobre cómo reaccionar. Tendemos a perder los nervios y gestionar de forma inadecuada la situación. Esto puede desencadenar risas y bromas por parte de otros alumnos, así como la incapacidad para ponerle solución a esto. Por este motivo, hoy daremos algunos consejos para lidiar con este tipo de circunstancias que se dan con más frecuencia de la que desearíamos.

Existen algunos estudios, Los alumnos: adversarios en las relaciones de poder dentro del aula. Testimonios de profesores, en los que se define al alumno como un adversario. Sin embargo, esto no es así. Pensar en esto solo incita a los docentes a comportarse de una manera que quizás no sea la mejor: castigando a ese alumno que los pone a prueba con el silencio, indiferencia o valiéndose de su posición de poder.

Sin embargo, algo interesante que utilizaremos del estudio mencionado para tratar el tema del alumno que nos pone a prueba son los testimonios de los diferentes profesores. Gracias a ellos, podremos ver las buenas o malas prácticas de las que se hace uso en el aula y cómo darles la vuelta para conseguir controlar la situación.

La fuerza del grupo

Cuando nos encontramos con ese alumno que nos reta, tenemos que identificar muy bien si esto sucede en un contexto en concreto. Por ejemplo, cuando está rodeado de sus amigos. La fuerza del grupo es algo que envalentona y provoca que los más jóvenes (también sucede con los adultos en su vida diaria) lleven a cabo determinados actos que no harían si estuviesen solos.

Una estrategia que suele funcionar para lidiar con el alumno que nos pone a prueba es detectar quiénes son los líderes del grupo y “hacerse amigo” o establecer una relación de confianza con ellos. Para esto, es necesario hablar individualmente con cada miembro del grupo, como así hizo una profesora:

“Era un grupo bastante violento, pero si te acercabas a unos pocos, te dabas cuenta que por separado era otra cosa. Logré hacerme amigo de los líderes y eso bastó para tranquilizar al grupo entero”.

Profesor hablando con un alumno

Lucha de poderes

Un alumno nos puede poner a prueba también para detectar nuestros puntos débiles. Esta actitud puede ser especialmente intensa en las primeras horas de docencia que tengamos con él. Con su disposición, intenta determinar si puede hacernos bromas pesadas, ponernos de los nervios o, por el contrario, ponerse en su lugar de alumno y respetarnos.

En este punto es sumamente importante gestionar bien las emociones. No debemos, bajo ningún concepto, discutir con el alumno o ponernos a su altura. Es importante ponernos en nuestro lugar, haciéndonos respetar desde nuestra posición adulta y no entrar en el juego. Por eso, aunque nos moleste cómo nos está retando el alumno, debemos saber cuándo ignorar y cómo responder de forma adecuada e ingeniosa. Veamos algunas situaciones concretas.

El alumno que contradice al profesor

Considera que tiene razón, aunque esté equivocado. Se niega a aceptar la explicación y la resolución a un problema tal y como le señala el docente. En estos casos, no hay que perder la calma. Seguiremos argumentando y mostrando pruebas de que la resolución del ejercicio que le mostramos es la correcta utilizando muchos ejemplos.

Si la situación se vuelve insostenible, le dejaremos caer que si quiere ponerlo como él considere es su responsabilidad. Asimismo, podemos pedirle a un alumno (al que previamente le hayamos corregido el ejercicio) que lo realice en el encerado. Al ver que los compañeros lo tienen bien e igual, la presión del grupo hará que el alumno deje de llevar la contraria de forma equívoca.

El alumno que no soporta los errores del docente

Este es otro tipo de alumno que nos pone a prueba; no soporta que el docente se equivoque, tarde en ayudarle a resolver un ejercicio o tenga que pensar demasiado para encontrar una solución de manera autónoma. Estos alumnos suelen actuar cambiando a otro ejercicio, mientras nosotros intentamos resolver el anterior. Piensan: para qué invertir esfuerzos en una batalla contra un problema que ya va a ganar otro por ellos.

Alumna enfadada

En estas situaciones es importante trabajar con la resolución de problemas por parte del alumno. Como docentes, actuaremos como un apoyo, ayudando a los alumnos a que resuelvan las dificultades con las que se encuentran. No seremos nosotros quienes tengamos las respuestas, somos quienes las encontramos con ellos.

Estos son algunos de los escenarios con los que podemos encontrarnos. En este sentido, muchas de las actitudes que hemos descrito no son más que reflejo de problemas que cada alumno puede tener en su propio hogar. Sin embargo, frete a cualquier desafío que nos plateen es importante mantener el control de la situación, primando en ocasiones la defensa de las reglas de comunicación y aprendizaje por encima del propio conocimiento. Pesemos que si la vía, la comunicación se daña, después será mucho más difícil.

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