¿Cómo memorizamos mientras dormimos?

¿Por qué no podemos acceder a un determinado conocimiento por la noche y al día siguiente lo hacemos casi de manera inmediata? En este artículo, hablamos de la interesante relación entre el sueño y el aprendizaje.
¿Cómo memorizamos mientras dormimos?
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 19 abril, 2022

¿Por qué gran parte del conocimiento que creemos haber adquirido durante el día se desvanece y otro tanto permanece? Quintiliano, ya en el siglo I d. C., observó con asombro que la memoria mejora significativamente de la noche a la mañana.

Parece que en las fases de sueño profundo, lo que hemos memorizado durante el día se vuelve a procesar activamente en el cerebro. Por la noche, reflexionamos sobre un problema y por la mañana estamos más cerca de la solución. Curioso, ¿verdad?

Aprender mientras dormimos

El concepto de aprendizaje durante el sueño, o hipnopedia, tiene historia. El primer estudio que evidenció los beneficios de un buen descanso para la memoria fue publicado en 1914 por la psicóloga alemana Rosa Heine. Descubrió que aquello que aprendemos o repasamos antes de irnos a dormir es fértil en el terreno de nuestra memoria.

Gracias a muchos estudios realizados desde entonces, ahora sabemos que el sueño es crucial para formar recuerdos a largo plazo. El cerebro dormido parece reproducir de manera codificada las experiencias del día y las estabiliza, moviéndolas desde el hipocampo, donde se forman por primera vez, a otras regiones del cerebro.

Mujer dormida
Durante el sueño, se llevan a cabo nuevas formas de aprendizaje.

Dado que suceden tantas cosas con los recuerdos durante el sueño, es natural preguntarse si estos pueden alterarse, mejorarse o incluso formarse de nuevo durante este periodo.

Solo hay 24 horas en un día, y alrededor de un tercio dormimos. Entonces, los demasiado ambiciosos siempre se han preguntado: ¿es posible aprovechar este tiempo y aprender una nueva habilidad o incluso un idioma? En otras palabras, ¿es posible el aprendizaje del sueño?

La respuesta es sí y no, dependiendo de lo que entendamos por “aprendizaje”. Absorber información compleja o adquirir una nueva habilidad desde cero, por ejemplo, escuchando una grabación de audio durante el sueño es casi imposible.

Sin embargo, la investigación muestra que el cerebro dormido está lejos de estar inactivo y que pueden ocurrir algunas formas de aprendizaje. Eso sí, aún no se ha determinado si vale la pena seguir explorando esta vía.

Así consolidamos los recuerdos mientras dormimos

Varios de los hitos y misterios de la memoria tienen que ver con la influencia del consciente y el inconsciente. Por un lado, la memoria tiene una función clave en nuestra conciencia: sin ella, no seríamos capaces de reconocer un rostro, formular una oración o implementar un plan.

Además, lo sorprendente es que la memoria muta durante el sueño, y lo hace especialmente en aquellas fases en las que no somos conscientes.

Durante el sueño, lo que se archivó recientemente en la memoria a lo largo del día no solo se recupera y consolida, sino que también se procesa. De las impresiones desordenadas del día se filtran las “invariantes”, lo que el cerebro reconoce como regular y esencial.

Y tal vez pueda hacer mejor este trabajo si se retira del flujo constante de estímulos a los que estamos expuestos a lo largo del día. De manera que durante el día recopilamos todas estas impresiones y las almacenamos en un búfer, y por la noche nos desconectamos, por así decirlo, y comparamos las cosas en este búfer en busca de similitudes y regularidades.

El aprendizaje en los distintos husos del sueño

Los científicos en general se están acercando a comprender con precisión qué sucede en el cerebro cuando dormimos y cómo el estado de reposo afecta el aprendizaje y la formación de la memoria. Por ejemplo, un estudio ha demostrado que el sueño sin movimientos oculares rápidos (no REM), o el sueño sin sueños, es crucial para consolidar los recuerdos.

También se ha demostrado que los husos del sueño o picos repentinos en la actividad cerebral oscilatoria que se pueden ver en un electroencefalograma (EEG) durante la segunda etapa del sueño no REM son clave para esta consolidación de la memoria.

El papel de los husos del sueño

Scott Cairney, de la Universidad de York en el Reino Unido, codirigió una investigación con Bernhard Staresina de la Universidad de Birmingham sobre el papel de los husos del sueño en el aprendizaje.

Sus conclusiones estimaron que los husos del sueño facilitan el procesamiento de funciones de memoria relevantes durante el sueño. Este proceso impulsa la consolidación de la memoria. Cuando estás despierto aprendes cosas nuevas, pero cuando estás dormido refinas ese aprendizaje.

Todo esto provoca que sea más fácil recuperar las funciones de la memoria y aplicarlas correctamente cuando más las necesitas. Esto es importante para la forma en que aprendemos, pero también para ayudar a mantener funciones cerebrales saludables.

“La inducción directa de los husos del sueño, por ejemplo, mediante la estimulación del cerebro con electrodos, tal vez combinada con la reactivación de la memoria dirigida, puede permitirnos mejorar aún más el rendimiento de la memoria mientras dormimos”.

-Bernhard Staresina-

¿Y el aprendizaje inconsciente?

La naturaleza implícita del aprendizaje del sueño hace que el fenómeno sea útil para las personas que quieren deshacerse de un mal hábito, como fumar, o formar nuevos hábitos buenos. Aunque el recuerdo esté implícito, se puede haber producido un condicionamiento durante el sueño y mostrar conductas nuevas ya despiertos.

Varios investigadores en un estudio de 2014 publicado en el Journal of Neuroscience lo confirmaron. En esa investigación, los fumadores usaban menos cigarrillos después de pasar una noche expuestos al olor de estos junto con huevos podridos o pescado en mal estado.

Más allá del condicionamiento: el aprendizaje de palabras

El aprendizaje durante el sueño puede ir más allá del simple condicionamiento. En un estudio publicado en la revista Nature Communications, las personas pudieron identificar patrones de sonidos complejos que habían escuchado cuando dormían.

Durante el sueño de ondas lentas en una siesta, se reprodujo una serie de pares de palabras que incluían pseudopalabras, por ejemplo, “tofer” y palabras alemanas reales, por ejemplo, “Haus” (casa), a hombres y mujeres jóvenes de habla alemana.

Cuando la presentación de la segunda palabra de un par (por ejemplo, “Haus” de “tofer-house”) coincidió con un pico de onda lenta en curso, aumentaron las posibilidades de que se hubiera formado y retenido una nueva asociación semántica entre la pareja.

Las asociaciones formadas durante el sueño se tradujeron en las de vigilia, donde guiaron elecciones forzadas en una prueba de memoria implícita. Las reactivaciones de las asociaciones formadas durante el sueño se reflejaron en los aumentos de activación cerebral medidos con fMRI en las áreas corticales del lenguaje y el hipocampo, una estructura cerebral crítica para la unión relacional.

Mujer dormida escuchando música
Mientras dormimos, el cerebro refina el aprendizaje.

Recuerdos, consciencia y memoria

El cerebro durante el sueño está lejos de ser una masa insensible a los estímulos. Mientras dormimos, evocamos imágenes y recuerdos vividos. Sin embargo, considerar que el cerebro tiene que cumplir una gran misión mientras se supone que está descansando resulta, además de fascinante, paradójico.

Otra de las grandes curiosidades de esta paradoja es que se realiza al margen de la consciencia. Lo que sucede con nuestros recuerdos mientras dormimos es ajeno a nuestra voluntad.

Por otro lado, sobre lo que sí tenemos control es sobre aquello que memorizamos o repasamos antes de irnos a dormir. En este sentido, existen evidencias desde hace décadas de que en este momento se abre una ventana privilegiada para el aprendizaje a largo plazo. ¿Por qué desaprovecharla?

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