Cómo ser padres en la adolescencia

10 Febrero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz
La adolescencia es un proceso natural de búsqueda de identidad e independencia. Comprenderlo te ayudará a acompañar a tu hijo a través de este camino.
 

La adolescencia es una etapa del desarrollo vital que se encuentra estigmatizada y a la que muchos progenitores temen. Por lo general se conceptualiza al adolescente como un ser rebelde, irracional y fuera de control. Sin embargo, solo es necesario comprender el proceso por el que están atravesando para poder acompañarles desde el amor y el respeto.

Sin duda será necesario revisar y adecuar nuestras expectativas como padres, pero una vez que lo hagamos la transición resultará mucho más sencilla. Durante estos años tu hijo no se convertirá en un monstruo, únicamente necesitará que estés a su lado de un modo diferente. 

El temor a la adolescencia

Ya desde que un niño nace otros adultos alertan a los padres de que cuando alcance la pubertad su vínculo se volverá negativo. Muchas veces vemos a los adolescentes como incomprensibles y desafiantes.

Observamos con incredulidad como el niño cariñoso y obediente que conocemos se transforma en un desconocido del que cada vez nos separa más distancia emocional. Y no dudamos en reprochar al adolescente ese cambio, sin comprender que es un proceso completamente natural y necesario. Y que, en muchas ocasiones, lo que falla son precisamente nuestras expectativas.

 

En efecto, a partir de los 12 años los menores viven grandes modificaciones físicas y psicológicas. Su cuerpo madura y su cerebro se reorganiza. Disminuye el número de conexiones neuronales y se fortalecen las ya existentes. Lo cual se plasma, sobre todo, en un aumento de la emocionalidad y una búsqueda incansable de la independencia y la identidad propia. Las dificultades surgen cuando las expectativas paternas son inadecuadas y terminan convirtiendo esta búsqueda natural en una auténtica lucha. 

Grupo de adolescentes

Adecuar las expectativas

Son muchos los padres que consideran que sus hijos son de su propiedad. Que constituyen, incluso, una extensión de sí mismos. Así implementan crianzas autoritarias en las que apenas queda espacio para la libertad y el desarrollo individual del niño. Las opiniones del menor apenas son escuchadas y se le exige obediencia y sumisión.

Esta insana fórmula que ha podido mantenerse durante los primeros años encuentra en la llegada de la pubertad un callejón sin salida. La necesidad del adolescente por establecer una identidad propia e individual se vuelve apremiante. Y por ello reclamará el espacio que nunca le fue concedido, con más vehemencia que nunca.

 

Los niños que vivieron infancias poco democráticas experimentan un mayor anhelo de libertad y lo expresan de formas más contundentes y explosivas. Por el contrario, quienes se sintieron respetados, valorados y tenidos en cuenta atraviesan este periodo de una forma menos abrupta y manteniendo (e incluso fortaleciendo) el vínculo emocional con sus padres.

Por ello es importante comprender, desde que un niño viene al mundo, que es un ser independiente con derecho a desarrollarse de forma plena y libre. Nuestra misión es guiar, no imponer. Acompañarles en el propio descubrimiento de quienes son, y no obligarles a ser quienes nosotros deseamos.

MAdre con su hija que comienza la adolescencia

La adolescencia es una oportunidad

Por ello, los padres a los que aún les cuesta reconocer la individualidad de sus hijos son los que más sufren durante la adolescencia. Ya no tienen control sobre ese ser humano, pero la realidad es que su misión nunca fue controlar, sino guiar y acompañar. Por ello el primer paso para hacer de la adolescencia una oportunidad es asumir y respetar que el protagonista de la vida de tu hijo es únicamente él.

Partiendo de esta premisa podrás observar su proceso de autodescubrimiento con orgullo y no con temor. Serás capaz de marcar límites adecuados y coherentes que respeten su momento vital. Y podrás ofrecerle consejos basados en el amor y no en el dominio. De esta manera no necesitarás entrar en luchas de poder con tu hijo, pues este te tendrá en cuenta de una forma natural. Al percibir tu respeto, el también te respetará. Comprenderá que no deseas coartarle si no apoyarle en su crecimiento.

 

La adolescencia sin duda presentará grandes desafíos para ambos. Sin embargo, a pesar de los retos, puede convertirse en una etapa realmente bonita y favorable para la relación con tu hijo. Él te sigue necesitando, quizá más que nunca, y si logras estar a su lado de una forma genuina, le estarás haciendo el mayor de los regalos: un amor incondicional en una de las fases más complicadas de su vida.

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