Cómo trabajar con una persona dominante sin que quiebre tus derechos

Hablamos de una personalidad que, si no se gestiona bien, puede terminar por perjudicar los objetivos del grupo. Así, en este artículo queremos hablar de algunas medidas para que esto no suceda.
Cómo trabajar con una persona dominante sin que quiebre tus derechos
Cristina Roda Rivera

Escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera.

Última actualización: 03 marzo, 2022

Trabajar con una persona dominante no tiene las mismas implicaciones que tener un amigo o una pareja con la misma inclinación. Lo que sí sucede en los dos ámbitos es que suelen funcionar bien quienes, que por sus rasgos de personalidad, se complementan. Así, el dominante suele sentirse bien en relaciones en las que el otro es más sumiso, y viceversa.

Algunas personas, por su interés por el control del entorno, suelen llevar a cabo la organización final y la “salida a la luz” del servicio o producto. Ser dominante no es un rasgo negativo, sino una tendencia general a comportarse de una determinada manera. A nivel grupal, este rasgo va a ser bueno o malo en la medida que contribuya a la evolución del grupo.

Lo que en las relaciones sociales nos asusta, en el trabajo nos puede resultar de gran ayuda como motivación. Hay quienes se sienten bien siendo supervisados y se encuentran cómodos con el hecho de que su trabajo esté controlado. Por tanto, trabajar con una persona dominante, y conseguir hacerlo bien, dependerá de tu carácter en el trabajo y, por supuesto, de los límites que esa persona respete.

Perfiles muy distintos pueden ser complementarios

Hombre hablando con su compañera de trabajo
Trabajar con una persona dominante es posible y en algunos casos hasta cómodo, dependiendo de cómo trabajes y los límites que establezcas.

Tendemos a dominar o someternos a los demás, lo que determina (o no) nuestra integración dentro de un grupo. Este tipo de comportamiento social está muy ligado a la amígdala, la parte del cerebro que gobierna nuestra reacción ante el miedo o las amenazas.

Podemos mostrarnos más sumisos o dominantes dependiendo del contexto. Una persona que no soporte actitudes dominantes en procedimientos que controla, puede aceptarlas de buen grado en aquellos que no.

También es posible ser dominantes o sumisos en diferentes niveles. Por ejemplo, una persona puede adaptarse dependiendo de con quien esté tratando. Así, puede volverse más dominante cuando se enfrente a una personalidad más sumisa o más sumiso con aquellos que son más dominantes.

Al fin y al cabo, las relaciones de dominación y sumisión configuran la estructura de los grupos sociales, especialmente en el interior de las empresas. Revelan un comportamiento humano primitivo heredado de nuestros antepasados, el cual está gobernado por el cerebro reptiliano, que controla el posicionamiento social en un grupo y es responsable del miedo social.

Las relaciones entre personalidades sumisas y dominantes

Según estudios de etología, psicología social y neuropsicología, incluido el famoso estudio de Stanley Milgram (1963) sobre la sumisión a la autoridad, las relaciones entre personalidades dominantes y sumisas ayudan a preservar la estructura social de un grupo.

Un grupo social en el que todos tienen una posición definida (más o menos dominante o sumisa) funciona mejor que un grupo en el que todos reclaman la posición de líder o seguidor.

Por ejemplo, si todos los miembros del equipo de una empresa reclamaran un puesto de liderazgo, cada uno presentaría su punto de vista como el más relevante. Esta situación conduciría a la agresividad de otros miembros del equipo y comprometería el proyecto. De manera similar, si todos adoptaran una postura sumisa, ¿quién tomaría una decisión? Un nivel tan alto de inercia del grupo paralizaría el proyecto.

Cómo detectar a una persona dominante

El comportamiento dominante se manifiesta tanto en la comunicación verbal (habla), como paraverbal (entonación de la voz) y no verbal (lenguaje corporal y expresión facial).

Una persona dominante en el trabajo a menudo habla con seguridad y asertividad y tiende a dar órdenes e instrucciones. Su voz trasmite seguridad y ​​puede no dudar en alzarla si esto le ayuda a imponer su criterio. Su postura física y su lenguaje corporal también son muy dominantes y pueden proyectar la idea de que el espacio les pertenece.

Quienes tienen una personalidad dominante tienden a imponer su punto de vista, el que consideran más relevante, sobre los demás. Debido a esto, tienen problemas en manejar las críticas.

La clave: saber manejar riesgos y ventajas

Hombre diciendo a su compañera de trabajo cómo tiene que trabajar
El primer paso para lidiar con personalidades dominantes es poner límites en la relación.

Cuando una persona con actitud dominante se encuentra con alguien de carácter más sumiso, el comportamiento de este último refuerza el comportamiento del primero. Y esto se convierte en un círculo vicioso con cierto peligro.

Para que sea una relación asimétrica, pero armoniosa en el trabajo, la persona dominante debe saber dónde están los límites. Por supuesto, la otra persona tiene que saber remarcarlos a la misma vez.

Las siguientes estrategias son de gran ayuda para interactuar con personalidades dominantes:

  • Mantenerte objetivo: es importante ser hábiles a la hora de gestionar el estado emocional que produce un compañero dominante. Al hacerlo, tendremos un mayor control sobre la comunicación, y, por lo tanto, será más complicado que cometamos errores.
  • Evita temas demasiado informales: las personalidades dominantes suelen operar con urgencia y apreciar la eficiencia. Es mejor ir directamente a la agenda de trabajo y mantener conversaciones informales o de mayor calidez con otro tipo de compañeros de trabajo.
  • Sé asertivo y firme: la asertividad es la capacidad de defender ideas que sabemos que no van a tener una buena acogida sin ofender a los demás. Si un individuo dominante levanta la voz, puedes usar la técnica del disco rayado -repetir su mensaje de manera objetiva en un tono firme y neutral-. Recuerda a tu jefe las reglas y regulaciones. Por ejemplo, “las leyes relativas a las horas extraordinarias establecen que…”. Pide todo por escrito y pregunta cualquier cosa delicada por correo electrónico, para que así quede constancia.
  • Ni te justifiques ni te disculpes: una persona con carácter dominante en el trabajo suele tener salidas de tono y pequeños ataques de ira. A veces, te sentirás con ella como si estuvieras andando sobre cáscaras de huevo. Así, evita disculparte o decir lo siento al más mínimo disgusto de esta persona. Primero, asegúrate de que esté justificado y luego pasa directamente a los hechos concretos con una breve explicación.

Por otra parte, si has luchado para hacerte valer y hablar en el lugar de trabajo, contra el pensamiento excesivo y la falta de confianza, puedes aprender de esta personalidad dominante. Puedes sacar partido del contacto con ella. Integra la ventaja de su estilo en el tuyo propio y te sorprenderás de la efectividad de tu trabajo.

El dominio o la sumisión son comportamientos humanos normales que dictan las interacciones dentro de los grupos sociales. Sin embargo, cuando alguien abusa de su estatus o demuestra un comportamiento muy dominante suele al mismo tiempo erosionar sus relaciones en el trabajo.

Dicho todo esto, valora si esta actitud dominante está siendo positiva para el trabajo y para ti. Pide ayuda a recursos humanos si crees que su actitud está interfiriendo de manera negativa en ti. Recuerda que una cosa es la iniciativa, y otra el trato desagradable y las faltas de respeto.


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  • Artificial, I. La obediencia ciega: El experimento de Milgram.
  • Canto Ortiz, J. M., & Álvaro, J. L. (2015). Más allá de la obediencia: reanálisis de la investigación de Milgram. Escritos de Psicología (Internet)8(1), 13-20.
  • Milgram, S. (2021). Obediencia a la autoridad: el experimento Milgram. Capitán Swing Libros.

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