La comunicación no violenta con los niños

Es importante enseñar a los niños el valor de una comunicación efectiva para resolver sus conflictos. Lo es porque este tipo de aptitud hacia el diálogo nos brinda la posibilidad de crear y proteger un marco de respeto mutuo.
La comunicación no violenta con los niños
Eva Montane Montane

Escrito y verificado por la psicóloga Eva Montane Montane.

Última actualización: 25 mayo, 2022

La comunicación está presente en cualquier situación social y la manera de comunicarnos es determinante, especialmente en situaciones conflictivas con los niños. Es importante mostrar a los más pequeños una forma sana, respetuosa y clara de comunicarse consigo mismos y con los demás, que les permita regular pacíficamente sus conflictos.

La opción que os presentamos para conseguirlo es la comunicación no violenta (en adelante CNV). La CNV es una herramienta educativa para usar con los más pequeños de la casa y también con los adultos, que somos sus modelos de aprendizaje.

Desde el punto de vista de su creador, Marshall Rosenberg (2013), la CNV nos permite escuchar con atención, expresarnos con sinceridad, empatizar, detectar conductas que nos afectan, además de identificar y expresar con claridad lo que esperamos de una situación.

Es la estrategia idónea para resolver conflictos mediante la asertividad y la escucha activa, y así satisfacer las necesidades de todos, preguntándonos, por ejemplo, qué se esconde detrás de lo que decimos y hacemos.

Padre hablando con su hijo
Si el adulto se relaciona con el mundo con paciencia, comprensión, respeto y escucha, los niños aprenderán a hacer lo mismo.

La asertividad, la empatía y la escucha activa

La empatía es la capacidad de percibir el mundo interior y vivencial de otras personas, por tanto, es la raíz de la comunicación emocional y de las relaciones positivas con otros. Esta habilidad es una de las más difíciles de desarrollar en la infancia y adolescencia, ya que estas etapas se caracterizan por un comportamiento egocéntrico (Goleman, 1999).

En la CNV, la empatía implica la escucha activa, es decir, escuchar con todo nuestro ser lo que están observando, sintiendo, necesitando y pidiendo, para poder ponernos en el lugar de la otra persona, entender su perspectiva y actuar en consecuencia de una forma asertiva y coherente. Es importante tener en cuenta estas premisas cuando se gestionan los conflictos entre niños y adolescentes.

La comunicación violenta con los niños

A su vez, Rosenberg (2013) describe cuatro situaciones frecuentes cuando hablamos con los niños, en las que el lenguaje toma una connotación de comunicación violenta.

  • El primer escenario se da en la formulación de juicios morales como culpar, insultar, infravalorar, etiquetar o criticar.
  • El segundo es el uso de comparaciones.
  • El tercer escenario es la negación de la responsabilidad de uno mismo ante una situación concreta.
  • El último escenario es la expresión de nuestros deseos en forma de exigencias que resultan en amenazas con culpa o castigo a quien no las satisfaga.

Este tipo de expresiones deben ser evitadas y sustituidas por un tipo de lenguaje acorde a la CNV.

La teoría de la jirafa y el chacal para comunicarnos con los niños

Para diferenciar ambas formas distintas de comunicarnos, Rosenberg (2013) elige dos animales, el chacal y la jirafa. Por un lado, el lenguaje chacal representa la comunicación violenta y está constituido por calificativos, juicios moralistas, normas rígidas, exigencias, castigos o recompensas y negaciones de responsabilidad. Las personas que emplean el lenguaje chacal no intentan entender los sentimientos ni las necesidades de los demás y se limitan a pensar en sí mismos.

Por otro lado, el lenguaje jirafa representa la CNV y se basa en los sentimientos y necesidades tanto propias como ajenas, a través de la empatía, la creación de peticiones, la libertad de la elección y la colaboración. Este tipo de lenguaje permite aprender de los errores y conectar con las emociones.

Sin embargo, la mayoría hemos sido educados comunicativamente como chacales y nuestro lenguaje tiende a centrarse en juicios y obligaciones, y así se lo transmitimos a los niños.

Aplicación de la comunicación no violenta con los niños

Existen muchas dinámicas o metodologías para enseñar a los niños estas habilidades de comunicación asertiva, erradicando de esta manera la comunicación violenta. Los niños y las niñas aprenden jugando y podemos utilizar el juego a nuestro favor para practicar la CNV.

Algunas sugerencias sencillas para trabajar la comunicación empática serían los juegos de roles con los personajes de la jirafa y el chacal, trabajar con técnicas de teatro, utilizar dibujos, pictogramas, colores y carteles para expresar las emociones, técnicas de imaginación guiada, elaborar tarjetas de sentimientos y necesidades, etc.

Asimismo, podemos crear un tablón de anuncios emocional para colgar diariamente las tarjetas de sentimientos y necesidades identificadas en el día. Las posibilidades son infinitas, solamente es necesario activar la creatividad familiar (Cornelius y Fraire, 1995).

Madre dibujando con su hija
El juego es una gran herramienta para transmitir a los niños el valor de la comunicación no violenta.

El adulto toma conciencia de qué y cómo comunica

Es importante cuidar el lenguaje que utilizamos con y frente a los niños, ya que las palabras impactan significativamente en ellos. Utilizar un lenguaje positivo libre de juicios o prejuicios nos abrirá las puertas a un mayor entendimiento y cooperación. Como adultos, debemos permanecer atentos a la forma en la que nos comunicamos, analizar nuestro lenguaje verbal y no verbal, estudiar nuestras emociones y reacciones.

Todo esto significa estar presentes con los niños. No actuar pensando en lo que el niño hizo ayer, sino enfocarnos en la lección que queremos dar ahora. Ser explícitos con lo que decimos o pedimos y, sobre todo, no rechazar al niño si un comportamiento no es de nuestro agrado, sino rechazar el comportamiento y no a la persona.

En conclusión, la CNV se resume en una expresión honesta de qué ocurre, qué sentimos, qué necesitamos y qué pedimos a la otra persona para satisfacer las necesidades de todos. Este modelo es aplicable desde que los niños son pequeños para mostrarles que una comunicación sana resuelve los conflictos de forma constructiva.

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  • Cornelius, H. y Fraire, S. (1995). Tú ganas y yo gano. Cómo resolver conflictos creativamente y disfrutar con las soluciones. Madrid: Gaia.
  • Goleman, D. (1999). La práctica de la inteligencia emocional. Barcelona: Kairós.
  • Rosenberg, M. (2013). Comunicación No Violenta, un lenguaje de vida. Buenos Aires: Gran Aldea Editores.