Conocerse a uno mismo y a los demás

11 octubre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por Sara Clemente

A la pregunta de «¿quién eres?» la mayoría de gente responde diciendo su nombre, edad, estado civil y su trabajo. Pongamos un ejemplo «soy Laura, tengo 25 años, estoy casada y trabajo como administrativa». ¿Realmente somos solo eso? ¿Un número, una ocupación, una situación personal? Todo eso no son más que apegos identificativos. Lo que uno es de verdad, está en lo más profundo de nuestro ser. Y para ello, hay que conocerse a uno mismo. 

Que tengas un puesto mejor o peor, más o menos posesiones, estés casado, soltero, separado, no da datos importantes sobre la definición más importante. Quién eres tú, como persona. Para conocerse a uno mismo de verdad, hay que dejar todo lo exterior de lado y ahondar más en el interior, en las sensaciones, actitudes, etc…

Ahora, sabiendo esto… Entonces, ¿quiénes somos? Si no soy mi puesto de trabajo, ni mis posesiones, me defino como una persona responsable, humana, íntegra, inteligente…. Pero tampoco esas definiciones que te aplicas te describen de verdad, porque lo que tú opinas sobre ti, podría no ser realista. Eso es lo que tú piensas que eres, pero podría ser que estuvieras deformando la realidad, por diferentes causas.

Hay quien tiene el ego muy alto y a la hora de definirse exagera las cosas a su favor. También estaría el caso opuesto, alguien con baja autoestima, que a la hora de definirse, se infravalora y minusvalora sus virtudes. Entonces, ¿cómo podemos saber quiénes somos en realidad? ¿Me fío de lo que yo opino? ¿Me fío de lo que otros opinan de mi?

Lo que queremos y lo que hacemos

Para conocerte a fondo, deja las etiquetas y definiciones de lado. Piensa, por ejemplo, en cosas más internas, más íntimas y privadas. Por ejemplo, hazte la pregunta acerca de ¿qué es lo que más te importa realmente en la vida? ¿Cómo me gustaría vivir? ¿Qué valores tengo? ¿Qué virtudes y defectos puedo mejorar?

Somos lo que hacemos, no lo que decimos. Por ejemplo, imagínate que alguien dice que su mayor prioridad en la vida es independizarse. Es lo que más desea y lo antepone a todo, pero resulta que esa persona tiene 41 años y todavía sigue viviendo con sus padres, pudiendo, económica y emocionalmente, vivir solo.

¿Qué información nos da esta situación? Si una persona desea algo de verdad, hará lo posible para conseguirlo. Entonces, lo que dice y hace en este caso, es contradictorio. ¿Por qué? Probablemente porque lo que más desee él internamente es seguir en casa de sus padres; pero socialmente, está mal visto. Por eso relata al exterior que su deseo es otro, para no ser rechazado. 

Las palabras se las lleva el viento

Podemos decir mucho con palabras, pero la verdadera información está en lo que hagamos, el lugar donde nos encontremos y las acciones que emprendemos. 

Te puedes llegar a conocer más con tus comportamientos y reacciones, que con tus convicciones, ideas y creencias. Sobre todo en la forma de actuar cuando las cosas no van bien, cuando hay discusiones, enfrentamientos o necesidad de mostrar compasión y comprensión. En esos momentos es también cuando más se conoce a los demás, ¿verdad?

Dime qué te molesta y te diré quién eres.

Puedes llegar a ver la gran calidad de una persona en los malos momentos. Por ejemplo, imagina dos amigas que desde siempre se lo han contado todo, hasta sus secretos más íntimos. Pero un buen día discuten y dejan de ser amigas.

En la reacción de cada una se verá la calidad de la persona. Si a pesar de haberse enfadado, no intentan dañar a la otra más, ni aprovecharse de los secretos que saben de la otra, nos dirá que las personas son de una manera. Si, por el contrario, cuando alguien se enfada arremete contra la otra persona, trata de perjudicarla a sus espaldas, de crear mala imagen y se alegra de sus desgracias, estaremos ante una persona vengativa con poca integridad. 

Conocerse a uno mismo a través de los demás

Lamentablemente, cuando las circunstancias son buenas, todos sacamos nuestra mejor cara. Pero cuando las cosas se complican, no todas las personas están ahí. Y es en sus reacciones donde se las conoce verdaderamente. Por eso, para conocerse a uno mismo y a los demás, trata de encontrar coherencia en sus acciones y en sus palabras; en lo que anhelan y lo que hacen; en lo que desean y en cómo se comportan.