¿Conoces la personalidad tipo D? Descubre cómo nos influye

Francisco Pérez · 1 agosto, 2018

Los intentos por enumerar los tipos y trastornos de la personalidad han sido muchos a lo largo de la historia, con éxito y acogida dispares. Podemos encontrar antecedentes remotos en la descripción de los cuatro temperamentos hipcráticos: el melancólico (pesimista), el sanguíneo (optimista), el colérico (irritable) y el flemático (apático).

Estos temperamentos estaban determinados por la proporción relativa de los cuatro humores corporales (bilis negra, sangre, bilis amarilla y flema). Es interesante observar que en la teoría griega inicial de estos temperamentos ya se reflejaban los actuales intentos por descubrir las bases biogenéticas de la personalidad.

¿Qué entendemos por personalidad?

Podemos hablar de la personalidad como una mezcla de factores temperamentales (determinados por la biología) y caracteriológicos (determinados por el ambiente). Así pues, en la personalidad de cada uno influye tanto la herencia como el ambiente.

Hay cierto consenso a la hora de entender la personalidad como la unión de dos entidades. Estos componentes de la personalidad serían los siguientes:

  • Temperamento. Se refiere a las influencias innatas, genéticas y constitucionales que influyen sobre la personalidad.
  • Carácter. Se refiere a factores psicosociales, aprendidos, que influyen en la personalidad. Buena parte del carácter se forma a lo largo de la experiencia y del proceso de socialización.

Mujer mirando por la ventana pensando que no puedo llorar

Personalidad y salud

¿De qué depende que, de entre todas aquellas personas que poseen un determinado marcador genético de una determinada enfermedad, unas la desarrollen y otras no? En este sentido, adquiere relevancia el papel que juega la personalidad del individuo en la predisposición y posterior desarrollo del trastorno.

¿La personalidad está asociada a ciertos patrones de respuesta psicofisiológica? ¿Qué patrones psicofisiológicos regulan la predisposición a la enfermedad? La relación entre personalidad y enfermedad, entre lo psicológico y lo fisiológico, no es fácil de establecer; de hecho, todavía nos quedan muchas preguntas alrededor de ella.

Se han establecido distintos patrones de personalidad o de conducta para intentar dar respuesta a estas preguntas. Así pues, los modelos centrados en los rasgos de personalidad, propuestos por Suls y Rittenhouse (1990) intentan explicar la relación entre comportamiento y salud a partir de los rasgos temperamentales y de carácter que determinan la forma de actuar de las personas.

Patrones de conducta

Los patrones de conducta o personalidad a los que hacíamos referencia han sido denominados con las letras A, C y D. Cada uno de ellos conlleva unos riesgos para la salud.

El patrón de conducta tipo A está relacionado con trastornos cardiovasculares. Las personas con patrón de conducta tipo C tienen mayor probabilidad de desarrollar cáncer. Por último, el patrón de conducta tipo D (o personalidad tipo D) está asociado a padecer depresión y ansiedad, y tienen mayor probabilidad de contraer enfermedades coronarias.

La personalidad tipo D

La personalidad tipo D se caracteriza por la contención máxima de las emociones negativas. Las personas que tienen este tipo de personalidad inhiben su expresividad emocional de manera sistemática. También se caracterizan por la consecuente inhibición social. Además, suelen presentar sentimientos subjetivos de tensión, ansiedad, ira y tristeza.

La inhibición social consiste en la tendencia a inhibir la expresión de las emociones en la interacción social. Por su parte, la afectividad negativa se define como un estilo de afrontamiento que produce diferencias individuales en distrés psicológico, quejas somáticas y autoconcepto.

Esta combinación de afectividad negativa e inhibición social la encontramos en las personas con personalidad tipo D, lo que incide de manera negativa en su salud. Por ejemplo, está demostrado que la depresión y la inhibición social son factores que pueden aumentar la mortalidad por un evento coronario agudo.

Personalidad tipo D y enfermedades coronarias

Como podemos observar, la personalidad tipo D está fuertemente asociada con la mortalidad en pacientes coronarios. Aquellas personas que ya han sufrido un infarto de miocardio y que presentan personalidad tipo D presentan mayor riesgo de padecer un segundo episodio agudo.

Hombre con dolor en el pecho

Además, una personalidad tipo D también puede promover la enfermedad coronaria de modo indirecto. Esto es posible gracias a conductas nocivas, como el consumo de tabaco, el sendentarismo y el consumo de alcohol. También se observa una incidencia negativa de este patrón de personalidad en la adherencia a los tratamientos de rehabilitación médica y psicológica.

Por otro lado, es reseñable que un nivel elevado de estrés psicosocial crónico de las personas coronarias con personalidad tipo D aumentaría el riesgo a sufrir isquemia de miocardio, arritmias ventriculares y eventos agudos fatales. De esta manera, la personalidad tipo D se caracteriza fundamentalmente por ser un predictor de la mortalidad a largo plazo por trastorno cardiovascular. En distintas investigaciones se ha encontrado una mortalidad del 23% en pacientes con personalidad tipo D y del 7% en pacientes con otro tipo de personalidad.