Cómo controlar el hambre por ansiedad

Pedro González Núñez · 3 mayo, 2018

La escritora Pearl Buck dijo una vez que “el hambre hace ladrón a cualquier hombre”. Pero la falta de comida no solo es capaz de lograr que el ser humano robe para comer: también está relacionada con ciertas afecciones psicológicas, de ahí que sea tan difícil controlar el hambre por ansiedad.

Los problemas de ansiedad pueden interferir en todos los ámbitos de la vida, incluso haciéndonos incurrir en hábitos alimenticios poco saludables. De ahí que muchos pacientes que asisten a un dietista estén ocultando realmente algún tipo de alteración emocional.

Por qué se come por ansiedad

La alimentación emocional implica que nuestro estado de ánimo condiciona qué comemos. En este caso, una persona con exceso de ansiedad no come por una necesidad real de alimentarse. Lo cierto es que ingerir alimentos nos hace sentir bien, más relajados, ya que al hacerlo se liberan neurotransmisores como la dopamina.

Sin embargo, en muchas ocasiones este bienestar es transitorio. Una vez ha acabado la ingesta, llega el sentimiento de culpabilidad. En realidad, la recompensa recibida por la comida dura muy poco tiempo, y en el medio y largo plazo comer compulsivamente provoca angustia, y posiblemente más ansiedad.

Mujer comiendo hamburguesa por hambre emocional

De hecho, en muchas ocasiones la comida provoca todavía más efectos negativos en las personas con ansiedad. Esto se debe a que, en estados muy angustiosos, se suele optar por comidas muy poco saludables, lo que altera y complica más la situación.

El principal problema es que los estados de ansiedad no se pueden aplacar comiendo. Es más, tratar de calmar la angustia con comida acaba empeorando la situación en la mayoría de los casos. El problema es mucho más complejo, y suele estar causado por:

  • Poca capacidad de gestión de emociones. Es muy habitual, y se suele relacionar con la ocultación de las emociones negativas, que socialmente no suelen ser bien recibidas. Sin embargo, la incapacidad de gestionar las propias emociones puede llevarnos a querer evitarlas, y la comida se observa como una “solución” temporal a este problema.
  • Autocontrol excesivo. Si se intentan reprimir las ganas de comer en exceso, podemos provocar efecto rebote y que la supuesta solución solo esté agravando el problema.
  • La comida como fuente de placer única. Si solo se encuentra el bienestar a través de la comida, es muy fácil acabar comiendo compulsivamente. Este comportamiento podría acabar convirtiéndose en una adicción si no se controla.

“Todo lo vence el hombre, menos el hambre”

-Séneca-

Aprende a controlar el hambre por ansiedad

Así que, vistas las posibles causas, para aprender a controlar el hambre por ansiedad debemos saber cómo diferenciarla. ¿De qué? Del hambre normal, por supuesto. Si sabemos cuáles son las características de una y otra, podremos identificar el problema y ponerle solución.

El hambre por ansiedad es repentina

Suele aparecer de forma repentina, con gran intensidad, y nos provoca una dificultad enorme para resistirnos a ella. Así que, si sentimos que ha llegado de manera imprevista, y que más que en el estómago, se está generando en nuestra mente, ¡cuidado! Esta hambre no es por necesidad, sino que nos invita a comer por puro placer  con representaciones muy vívidas de comidas basura pese a estar saciados. Si accedes y comes, después llegará la culpa y un mayor malestar.

Para combatir el hambre por ansiedad, tendrás que aprender a identificar estas situaciones. Piensa si has sufrido algún suceso que te haya podido alterar a nivel emocional, ya sea en el trabajo, con algún amigo o familiar, etc.

Si sabes identificar esas situaciones, podrás prevenir la alimentación emocional en un grado elevado. De lo contrario, es más fácil sucumbir a ella sin darse cuenta, o siendo consciente únicamente cuando ya es tarde.

Gestiona tus emociones

Como hemos comentado, reprimir emociones, a pesar de que pueda parecer socialmente aceptable, es un error. Las emociones negativas son parte de nuestro propio ser, y como tal debemos aceptarlas y compartirlas o mostrarlas si es necesario.

Así, aprendiendo a gestionar emociones, tanto negativas como positivas, encontraremos que disminuye nuestro nivel de ansiedad. Caído este, la tensión y la angustia se relajarán, y las ganas de comer también.

Mujer triste comiendo helado

Relájate

Sabemos que no es fácil decirlo, pero hemos de relajarnos en momentos de ansiedad elevada, además de hacer también antes de que se descontrole. Si no permitimos desembocar en estados de angustia, mejoraremos enormemente. ¿Cómo? Hay muchas técnicas que nos permiten calmar el estado de ánimo.

“Hambre y amor mantienen cohesionada la fábrica del mundo”.

-Friedrich Schiller-

Además, es positivo dormir bien y no menos de 7 horas por noche, buscar recompensas alternativas, hacer ejercicio físico, tener una buena hidratación y ocupar la mente en actividades provechosas como la lectura. Así será mucho más fácil controlar el hambre por ansiedad. Pero si tampoco lo consigues, no dudes en ponerte en manos de un profesional.