Corazones de acero: personas que esconden lo que sienten

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
· 18 enero, 2019
Los corazones de acero nos hacen ver menos sensibles. A vista de los demás podemos vernos como fríos y sin sentimientos, aunque por dentro lo que vivamos sea diverso.

Hablamos de quienes se muestran fríos, poco compasivos e incluso pueden llegar a parecer indolentes. Se trata de personas que cuentan con un corazón tan duro, que pocas emociones llegan a traspasar sus fronteras y trascienden a la capa de la consciencia. Nos referimos a los corazones de acero.

A los ojos que no lloran, a los labios que no acostumbran a sonreír, a las manos que no tocan. A quienes nunca abandonan su rol de espectador, aquellas que dan la sensación de que nada de lo que sucede les implica o les importa. Tan frágiles, aunque aparenten ser tan fuertes…

«A veces nos ponemos una coraza, creyendo que de esa forma no vamos a sentir dolor, pero no vemos que al aislarnos nos causamos daño».

¿Cómo son los corazones de acero?

Cuando hablamos de «corazones de acero» hacemos hincapié en quienes poseen dificultad a la hora de expresar lo que sienten. Te mostramos algunas de sus características:

  • Suposición. Pueden llegar a creer que los demás deben saber cómo se sienten. Entonces, dejan de mostrarlo.
  • Pueden ser personas perfeccionistas. Se trata de sujetos a los que les cuesta admitir que cometen errores. Y demostrar debilidad hace parte de ello.
  • Baja autoestima. Genera incapacidad para mostrar los sentimientos, porque se sienten tan poco valiosos que creen que no merece la pena expresarse.
  • Miedo. Se puede tratar de personas que sienten temor a afrontar los conflictos y a mostrar sus emociones.
  • Pensamiento catastrófico. Pueden llegar a pensar que todo está perdido. Entonces, ¿para qué hacer más?
  • Desconocimiento. Estas personas pueden no saber cómo comunicarse.
  • Timidez. Hay personas que aún sintiendo el deseo de compartir lo que les sucede, se ven frenadas por la ansiedad que le produce el hecho de empezar a caminar por un terreno que no conocen.
  • Protección. Las personas con corazones de acero pueden estar escondiendo lo que sienten para protegerse. Lo utilizan como un mecanismo de defensa ante la posibilidad de mostrarse vulnerables.
  • Dificultad para sentir. Consiste en que les cuesta escucharse, por lo cual les resulta difícil determinar cómo se encuentran.

Mujer pensando cómo aceptar la ira

Cada persona es un mundo, en ello está su autenticidad. Las personas con corazones de acero pueden contar con una o más de estas características. El común denominador de todas es que no son capaces de abrir un espacio para las emociones.

No obstante, el hecho de que no expresen las emociones, no quiere decir que no las sientan. Las personas corazones de acero sienten, el problema es que no saben o no quieren comunicarlo. Los mecanismos por los cuáles sucede esto pueden ser conscientes o no.

Pero ¿cómo actúan los corazones de acero? Este tipo de personas pueden llegar a mostrarse a los demás como muy fuertes, o muy lejanas. Entonces, da la impresión de que son insensibles.

Ahora bien, puede que existan personas que sean tan frías como témpanos de hielo, tanto que ni si quiera lleguen a tener compasión o generar empatía con el otro. Se trata de personas con psicopatía. Pero, no todos los corazones de acero lo son. Como hemos explicado antes algunos son así por timidez, por miedo, por perfección, etc.

Gestionar emociones, ¿cómo hacerlo?

Es importante aprender a gestionar las emociones. ¿Por qué? De este modo se es más asertivo en las relaciones consigo, y con los demás. Veamos cómo hacerlo:

  • Aceptar nuestros sentimientos. Reconocer nuestras emociones y aceptar que contamos con ellas, nos ayudará a crecer y a conocernos mejor.
  • Centrarnos en la autoestima. Cuando reconocemos el valor que tenemos, nos damos cuenta de lo importantes que somos. Esto nos ayudará a saber que nuestras emociones también lo son. Entonces, podemos centrar nuestra atención en ellas cuando sea necesario para crecer como personas y mejorar nuestras relaciones.
  • Liberación. A veces, cuando la timidez nos gobierna, nos encerramos en una cárcel y tiramos la llave por esa ansiedad que nos causa el encuentro con el otro.
  • Afrontar miedos. Podemos tener miedo, pero es importante que aparte de reconocerlo, entendamos por qué surge y le dejemos salir. Así, será más fácil expresar lo que sentimos. Además, si dejamos a un lado el qué dirán o nuestras suposiciones de cómo reaccionarán los demás o cómo deberían hacerlo, será más fácil vivir momentos auténticos y expresarnos sin presiones.
  • Probar expresando las emociones. Cuando llevamos buena parte de nuestra vida sin mostrar lo que sentimos, hacerlo parecer un asunto muy difícil. Así, para suavizar al pendiente, podemos comenzar haciéndolo con personas comprensivas muy cercanas a nosotros, esto facilitará la tarea.
  • Autoconocimiento. Si sabemos cómo somos, será más fácil identificar nuestras emociones y expresarlas de una forma asertiva.

Las emociones son todo un mundo. Gestionarlas no es un asunto sencillo, sin embargo, tampoco un reto imposible. Lo esencial es reconocerlas, vivirlas, saber cómo expresarlas y cuáles son los momentos adecuados para ello.

No todos somos iguales, por ello cada uno las expresa de una forma; aunque en un principio pueda parecer inocente, esa acumulación de sentimientos nos puede llegar a desbordarnos.

Personas con dibujos de emociones sobre sus caras

Beneficios de dejar a un lado los «corazones de acero»

Al hablar de dejar a un lado los corazones de acero, no nos referimos a las personas, sino a esos corazones rígidos y fríos con los que a veces contamos. Hacerlo nos traerá grandes beneficios. Veamos cuáles:

  • Reduce la ansiedad.
  • Aumenta la empatía.
  • Disminuye el estrés.
  • Favorece que nos conozcan más.
  • Incrementa el autoconocimiento.
  • Fortalece las relaciones con los demás y con nosotros.
  • Mejora nuestra autoestima.
  • Se favorece la comunicación asertiva.

Ciertamente, para contar con estos beneficios, también es oportuno que tengamos desde pequeños prácticas educativas que nos hagan más conscientes sobre nuestras emociones. Así lo sugiere Arís Redo en su artículo para la Revista Comunicación Vivat Academia, en el que expone la importancia de la educación emocional tanto para maestros como para alumnos.

Si bien existen personas «corazones de acero», no quiere decir, que no se les pueda ablandar el corazón poco a poco. A través de la gestión emocional, serán más asertivos a la hora de expresar las emociones, y poco a poco ser irán quitando esa fuerte armadura que los hace ver como insensibles.

 

  • Redó, N.A. (2010). La educación emocional y la comunicación escolarVivat Academia, 113, pp. 79-87.