¿Cuál es la habilidad más importante en el siglo XXI?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 29 octubre, 2017
Sergio De Dios González · 29 octubre, 2017

De pequeños, hay una pregunta que a todos nos han hecho alguna vez. Además, cuando nos la han hecho lo normal es que la hayamos contestado con ilusión y esperanza, de la misma forma que el enamorado habla de la persona amada. El interrogante adquiere muchas formas, pero quizás la más popular sea a la vez la más sencilla: y tú… ¿qué quieres ser de mayor? ¿en qué vas a emplear tu habilidad?

Seguramente pocos de los que nos hicieron esta pregunta se creyeron la respuesta que les dimos. Por otro lado, una buena parte de los que obtuvieron algún crédito lo perdieron cuando a los pocos días contestaron de manera diferente. Muy diferente en realidad.

De escritores habían pasado a ser astronautas, de locutores a directores de cine o de payasos a recepcionistas de hotel. Así, muchos a los cuatro, cinco, seis o siete años nos hemos acostado siendo abogados y levantado siendo médicos, con independencia de lo que pensaran los demás.

Varios tipos de bombillas

La pregunta de otros se vuelve propia

Sin embargo, hay un momento es que esta pregunta dejan de hacérnosla otros para pasar a hacérnosla nosotros… y la respuesta no siempre es fácil. Ya sea porque es muy clara y el camino muy difícil, porque no única ni estructurada o porque realmente no encontramos un profesión en la que nuestra intuición identifique algún tipo de vocación. Por supuesto, hay personas que lo tienen muy claro desde antes incluso de tener que tomar una decisión, pero la realidad que nos dice que no son la mayoría.

Por otro lado, a “nuestros mayores” ya nos les hace tanta gracia que les demos un día una respuesta y otro día otra. De alguna manera sus caras mutan, sus semblantes se vuelven serios y la presión se infla y se infla. Su mímica parece decir: ¡¡¡eh, ya no estamos en el patio del colegio para que andes con juegos!!! Ya has experimentado lo suficiente, o deberías. Ahora te toca decidir “definitivamente”, poner en marcha una habilidad y no varias sin orden.

En caso de no producirse la decisión “definitiva”, los padres (no solo) pueden empezar a pensar que han tenido la “desgracia” de dar con un “hijo muy perdido en la vida”. Esta sensación dibujada en el rostro de las personas que importan no es inocua para la persona que la recibe. No es raro que tarde o temprano adopte este pensamiento como propio y corte de raíz cualquier intención de seguir probando con independencia de su habilidad.

O que no lo haga, pero que se cuide muy mucho de compartir cualquier iniciativa que se desvíe de aquellas intenciones que ya ha trasmitido y que los demás han aprobado. Si no, sabe que se puede encontrar con comentarios del tipo: “Con lo que has peleado por sacarte la carrera de medicina, ¿ahora te quieres dedicar a restaurar muebles?”.

Y es que se da una paradoja: al sumar años la personas valoramos más la estabilidad; sin embargo, en los momentos en los que la muerte nos recuerda que nuestra vida tiene un final, añoramos al carácter aventurero que algún día, de alguna forma, enterramos.

Perfiles de cabezas con mecanismos

Personas con una habilidad, y otra, y otra…

Las personas que saltan de un proyecto a otro, que se sumergen en un terreno y después pasan a otro, han sido incomprendidas y muchas veces depreciadas por buena parte de la sociedad, que solo veía la posibilidad de algún tipo de progreso en la especialización. En esa buena porción social estaban las personas que con una vocación clara habían terminado haciéndose especialistas en un campo en base a una única habilidad, pero sobre todo aquellas que habían renunciado a su esencia, restringiendo cada uno de esos impulsos para centrarse en un solo objetivo.

Y es que cuando renunciamos a algo: ya sea un deseo, una esperanza, unos beneficios, etc., nos volvemos los más críticos con los que no lo hacen. Por ejemplo, los que más critican a las personas que copian en un examen no suelen ser los que no tuvieron la posibilidad de hacerlo, sino los que la tuvieron y renunciaron a ello. Por eso también las personas que logran salir de un entorno marginal son las más críticas con las personas que permanecen en él. En no pocas ocasiones, de manera injusta y ventajista.

De ahí que las personas multipotenciales (esas de culo inquieto o perdidas de las que hablábamos antes) terminen despreciando su manera de ser. Castigándose y despreciándose cada vez que no alcanzan el punto normativo que establece el final de un proyecto. Hablamos de autoestimas pisoteadas y por los suelos. Hablamos de personas tristes.

Pero, ¿por qué? ¿Por qué alguien no puede dejar un proyecto cuando entiende que lo que ha obtenido para sí es suficiente y no hace daño a nadie? ¿Acaso le pedimos a una abeja que continúe en la misma flor cuando ya ha obtenido suficiente néctar?

Sin embargo, afortunadamente este panorama está cambiando. Las personas que han participado en muchos proyectos distintos, que han cambiado muchas veces de empresa y que cuentan con una enorme variedad de aficiones cada vez son más valoradas. Lo son porque tienen tres cualidades:

  • Son capaces de aprovechar las intersecciones: al conocer dos campos son capaces de desarrollar proyectos o realizar contribuciones que los especialistas nunca podrían realizar. Hablamos de las personas apasionadas de las matemáticas y el fútbol que han dado lugar a un análisis estadístico de lo que ocurre en un terreno de juego… o de las personas apasionadas de la biología y la literatura que han acercado esta ciencia a la sociedad mediante libros de divulgación. Hablamos de las personas especialistas en robótica y con una clara vocación para cuidar a las personas, porque gracias a esta sinergia han sabido poner la tecnología al servicio de aquellos que más la necesitan.
  • Son capaces de aprender muy rápido: al haber cambiado muchas veces de campo, también han tenido que vivir muchos nuevos comienzos. Por lo tanto tienen mucha experiencia a la hora de sumergirse en lo desconocido y romper esa tensión superficial que existe cuando hacemos cualquier cambio de medio.
  • Son capaces de adaptarse muy rápido. La revista Fast Company define adaptabilidad como la habilidad más importante para el desarrollo, para prosperar en el siglo XXI. Pues bien, las personas multipotenciales tienen una gran facilidad para adaptarse. Al entrar constantemente en campos que no son los suyos, difícilmente se encuentran con un  espacio que esté a su gusto. De alguna manera, con tantos cambios se han hecho con estrategias para minimizar el impacto o la incertidumbre de los mismos. De hecho, muchas veces cuando a otras personas se les ve apuradas, ellas parecen como peces en el agua.

Sea la capacidad de adaptación o no la habilidad más importante para tener éxito en el siglo que habitamos, lo que sí es claro es el creciente valor que le dan las empresas a la iniciativa. Buscan personas que sepan hacer o que estén en disposición de aprender. Es cierto que sigue pesando mucho la especialización, pero no lo es menos que está empezando a pesar igual el hecho de que una persona tenga experiencia en varios campos: valiosas fuentes de ideas para trasladar al campo de interés y desarrollo de la empresa.