Cuando alojamos los recuerdos de la infancia en los sótanos del cerebro

Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Valeria Sabater
· 4 marzo, 2019

Hay personas que han tenido la suerte de haber disfrutado de una infancia plácida. Un periodo en el aprender a establecer lazos afectivos y donde encontrar la seguridad suficiente como para crecer con autonomía y tranquilidad. Sin embargo, otras personas, han sufrido algún altibajo que en algún momento ha hecho que se encontraran con un muro insalvable. Momentos en los cuales se han vivido situaciones incómodas, incluso de dolor. De esta forma, poco a poco, se han ido creando unos recuerdos de la infancia que nos pueden acompañar durante mucho más tiempo del que pensamos.

Algunos acontecimientos han podido provocar que durante un tiempo determinado algunos niños no hayan gozado de felicidad y hayan crecido sin el cariño y la seguridad correspondiente. El abandono familiar, abusos sexuales, violencia en casa, una mala situación económica, un suceso violento, una pérdida…

En ocasiones se especula que hay individuos que utilizan la represión para “olvidar” esos traumas de la infancia, momentos inconscientemente bloqueados por su alto nivel de estrés que, posteriormente, y al cabo de los años, pueden recuperarse de forma espontánea, ¿es esto posible? ¿Es posible que los recuerdos de la infancia que nos han marcado negativamente vuelvan años después?

Esconder traumas en el sótano del cerebro

La idea de que muchos traumas acaecidos en la infancia suelen alojarse en nuestro inconsciente para permitirnos sobrellevar una vida con mayor o menor normalidad, fue asentada en la perspectiva del psicoanálisis freudiano. Los recuerdos de la infancia cargados de dolor y oscuridad, seguirían latentes en nosotros de algún modo. Sin ser conscientes de ellos, nos influirían en la vida diaria. Por ejemplo, a través de la dificultad para relacionarnos, evitación de determinadas situaciones, lugares e incluso de personas que, de algún momento están relacionados con nuestro pasado. Este tipo de situaciones serían las guías básicas de esos “traumas silenciados” en el inconsciente.

Se trata de huellas cargadas de emociones que nos provocan una especie de disociación. Somos capaces de llevar una vida normal pero hay aspectos que nos dejan intuir que algo se esconde que no funciona con normalidad. Podemos llegar a sentir un vacío emocional que nos indica que algo no funciona bien. Algo falla en nosotros pero no sabemos exactamente qué es.

A pesar de que son muchos los científicos que no avalan el hecho de que “reprimamos los traumas hasta el hecho de olvidarlos”, existen otros psicólogos que siguen investigando el tema. Lenore Terr, afirma que los recuerdos de la infancia no solo se pueden reprimir, sino que pueden “resucitar” de pronto si la persona se expone a unos estímulos visuales o auditivos determinados.

Es muy escasa la información que aún conocemos del inconsciente.Entre la información disponible, podemos leer que es instintivo y a veces actúa como sobreprotector. Al parecer, también activa una especie de interruptor que borra hechos dolorosos y estresantes. De esta forma, podemos seguir viviendo con una calidad de vida más o menos aceptable.

Recuerdos de la infancia: traumas y resiliencia

Traumas

La mayoría de psiquiatras y psicólogos afirman que es muy difícil olvidar una situación de abuso, de malos tratos o de la pérdida de algún familiar en nuestra infancia. La amnesia traumática sólo se da en casos clínicos de gravedad. Incluso, en ocasiones, es muy difícil recuperar esos recuerdos de la infancia silenciados. Con frecuencia se entremezclan con falsos recuerdos. Se crea una maraña compleja donde se entremezclan hechos reales con interpretaciones propias. Las ideas falsas que nunca ocurrieron de verdad también juegan un papel fundamental en una mala interpretación del pasado. Son sin duda, casos clínicos que requieren de ayuda profesional. 

Ahora bien, lo más común es que recordemos cada aspecto, cada gesto, y cada detalle de aquellos sucesos del pasado. Pero cabe decir que una infancia desgraciada no tiene por qué originar obligatoriamente una madurez teñida por la infelicidad. Los seres humanos tenemos una gran capacidad para resistir la adversidad, para aprender y desplegar técnicas de afrontamiento. A esta actitud, a este esfuerzo se le llama resiliencia.

Resiliencia

Si nos aferramos a esas circunstancias del pasado nos será muy complicado crecer. De esta forma, afrontar retos y ser felices puede ser una ardua tarea.  Cada persona es única y posee una forma diferente de asimilar sus experiencias y de valerse de ellas para superarlas. 

Aprender con la adversidad y madurar junto a ella es la capacidad de resiliencia que todos podemos desarrollar. Por ello, nuestra etapa adulta marcada por recuerdos de la infancia un tanto negativos, no es sinónimo de trauma. Si nos vemos incapaces de sobrellevar aquello que nos marcó, recurrir a un profesional de la psicología será una gran idea.

Asumir traumas e intentar vencerlos, nos aporta el poder despertar nuevas conciencias con las que ser más independientes. De esta forma,mejoramos nuestra autoestima y vivimos la vida con esperanza y sentido del humor.
Lo creamos o no, todos nacemos con un mecanismo autorregulador que nos ayuda a hacer frente a situaciones adversas. Busca tus propios recursos, busca en ti mismo para aprender y vencer.