Cuando alojamos la infancia en los sótanos del cerebro

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 3 octubre, 2018
Valeria Sabater · 24 diciembre, 2013


Hay personas que han tenido la suerte de haber disfrutado de una infancia plácida, ahí donde aprender a establecer lazos afectivos y donde encontrar la seguridad suficiente como para crecer con autonomía y tranquilidad. Sin embargo, otras personas, han sufrido algún altibajo que en algún momento ha hecho que se encontraran con un muro insalvable, con algún hecho que durante un tiempo determinado les ha impedido gozar del derecho esencial de todo niño a ser feliz, a crecer con cariño y seguridad. El abandono familiar, abusos sexuales, violencia en casa, una mala situación económica, un suceso violento, una pérdida…

En ocasiones se especula que hay individuos que utilizan la represión para “olvidar” esos traumas de la infancia, momentos inconscientemente bloqueados por su alto nivel de estrés que, posteriormente, y al cabo de los años, pueden recuperarse de forma espontánea ¿Es esto posible?

ESCONDER TRAUMAS EN EL SÓTANO DEL CEREBRO

La idea de que muchos traumas acaecidos en la infancia suelen alojarse en nuestro inconsciente para permitirnos sobrellevar una vida con mayor o menor normalidad, fue asentada en la perspectiva del psicoanálisis freudiano. Los recuerdos negativos cargados de dolor y oscuridad, seguirían latentes en nosotros de algún modo, no somos conscientes de ellos pero nos influyen en la vida diaria: dificultad para relacionarnos, evitación de determinadas situaciones, lugares e incluso de personas que, de algún momento están relacionados con nuestro pasado, serían las guías básicas de esos “traumas silenciados” en el inconsciente.

Se trata de huellas cargadas de emociones que nos provocan una especie de disociación: somos capaces de llevar una vida normal pero hay aspectos que nos dejan intuir que hay algo que no funciona con normalidad.

A pesar de que son muchos los científicos que no avalan el hecho de que “reprimamos los traumas hasta el hecho de olvidarlos”, existen otros psicólogos que siguen investigando el tema, como Lenore Terr, quien afirma que los recuerdos no solo se pueden reprimir, sino que pueden “resucitar” de pronto si la persona se expone a unos estímulos visuales o auditivos determinados. Son muy pocas las cosas que aún conocemos del inconsciente, es instintivo y a veces actúa como sobreprotector, activando una especie de interruptor que borra hechos muy dolorosos y estresantes para que podamos seguir viviendo con una calidad de vida más o menos aceptable…


 

TRAUMAS Y RESILENCIA

La mayoría de psiquiatras y psicólogos nos dicen que es muy difícil olvidar una situación de abuso, de malos tratos o de la pérdida de algún familiar en nuestra infancia. La amnesia traumática sólo se da en casos clínicos de gravedad, y en ocasiones es muy difícil recuperar esos recuerdos silenciados ya que muchas veces se hayan entremezclados con falsos recuerdos, una maraña compleja donde se entremezclan hechos reales con interpretaciones propias, con ideas falsas que nunca ocurrieron de verdad. Son sin duda, casos clínicos que requieren de la ayuda de la psicoterapia y de un tratamiento médico.

Ahora bien, lo más común es que recordemos cada aspecto, cada gesto, y cada detalle de aquellos sucesos del pasado. Pero cabe decir que una infancia desgraciada no tiene por qué originar obligatoriamente una madurez teñida por la infelicidad. Los seres humanos tenemos una gran capacidad para resistir la adversidad, para aprender y desplegar técnicas de afrontamiento. A esta actitud, a este esfuerzo se le llama resilencia.

Si nos aferramos a esas circunstancias del pasado nos será muy complicado crecer, afrontar retos, disponer de una calidad de vida con la que ser felices. Cada persona es única y tendrá una forma diferente de asimilar sus experiencias y de valerse de ellas para superarlas o, vestirse con ellas y seguir atrapados en ese sótano del cerebro donde nos asfixian los recuerdos.

Asumir traumas, vencerlos, nos aporta el poder despertar nuevas conciencias con las que ser más independientes, con las que mejorar nuestra autoestima y vivir la vida con esperanza y sentido del humor.
Lo creamos o no, todos nacemos con un mecanismo autorregulador que nos ayuda a hacer frente a situaciones adversas. Busca tus propios recursos, busca en ti mismo para aprender y vencer.