Cuando el pánico ataca sin aviso

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Andrea Aguilar Calderón · 24 agosto, 2013

Dificultad para respirar. Taquicardia. Mareos. Temblores. Sudoración. Y el peor de los miedos. Sin previo aviso, todos estos síntomas se pueden dar de golpe y envolver a quien lo padece en un ataque de pánico.

Los ataques de pánico se presentan sin razón aparente. De un momento a otro es como si te atrapara una enredadera de angustia, que te corta la respiración.

Nuestro cuerpo se prepara para un peligro que no está ahí. A nivel cerebral lo que sucede es que los lóbulos frontales (que se encargan de enfocar nuestra atención consciente) se desactivan parcialmente y se concentran solo en la sensación de alerta.

No podemos ver más allá de nuestro propio miedo, nubla nuestro entendimiento y no somos capaces de comprender que en realidad no hay peligro alguno. Al mismo tiempo, el cuerpo comienza a descargar adrenalina y otras hormonas para huir y protegerse. Sin embargo, como no hay una verdadera crisis física, la estrategia del organismo falla y nos sobrepasa, creando síntomas físicos muy fuertes.

Una percepción de irreal del entorno también es característica del ataque de pánico. La persona siente que no es ella misma y que no tiene ningún control sobre la situación, por lo que consecuentemente trata de escapar del lugar y las circunstancias en que se encuentra. El sentido del tiempo también se altera: aunque suelen ser breves, como una pesadilla, quienes experimentan un ataque de pánico pueden sentir que se hace eterno. Con el tiempo, si se repiten, la persona puede desarrollar agorafobia y no querer salir de casa para evitar un episodio similar.

Una de las peores trampas del ataque de pánico son los síntomas físicos. La taquicardia, los escalofríos y mareos pueden llegar a convencer a quien lo sufre de que va a morir, por lo que termina siendo un terrible círculo vicioso: cuanto más se asusta, más se intensifican los síntomas, y cuanto más se intensifican los síntomas, más se asusta.

Controlar un ataque de pánico, sin duda, es un reto para quien lo padece. Pero como sucede con casi prácticamente todos los problemas que enfrentamos en nuestras vidas, somos nosotros mismos quienes debemos tomar las riendas de la crisis. Es evidentemente desagradable, pero más allá de eso no sucederá absolutamente nada y será pasajero.

Si sufres de un ataque de pánico, no lo evites, ni luches contra él: acéptalo y trata de focalizar tu atención en el presente, no en lo que podría ocurrir (morir, perder el control o provocar una escena).

Tan pronto como dejes de pensar en algo alarmante, el ataque desaparecerá por sí solo. Después, cuando los síntomas se alivien, siéntete orgulloso de ti mismo por haberlo superado y trata de no hacer ningún esfuerzo, solo relájate.

Si consideras que necesitas de ayuda para controlar tus ataques de pánico, busca a un profesional, y con la terapia adecuada, podrás dominar el pánico y que no sea éste el que te domine a ti.

Imagen cortesía de: Davi Ozolin