¿Cuándo es posible diagnosticar la superdotación?

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Miguel Ángel Funes Álvarez · 28 septiembre, 2013

Aún siendo todavía un bebé, algunos padres advierten que su hijo muestra comportamientos más adelantados a los que les correspondería por edad cronológica (desarrollo precoz en el habla o a nivel psicomotriz, memoria sorprendente, pensamiento complejo, etc.), que les hacen sospechar que su hijo pudiera ser superdotado o talentoso.

Para salir de dudas, estos padres consideran conveniente que su hijo sea evaluado por un psicólogo especializado en altas capacidades. Pero ¿cuándo deben acudir a ese profesional? ¿Cuál es la edad propicia para iniciar el proceso de identificación?

No es una pregunta fácil de contestar.

Es cierto que contamos con instrumentos para detectar altas capacidades desde los tres años, y es igualmente cierto que cuando antes se identifique la excepcionalidad mejor, ya que se podrá intervenir tanto a nivel escolar como familiar y evitar así frustrar el desarrollo de esa capacidad. 

Sin embargo, también hemos de tener presente que cuanto menor sea la edad a la que se realice la detección, menos definitivo será el dictamen y menos fiable será la medida.

La identificación a edades muy tempranas es un proceso complicado, y susceptible de dar lugar a dos tipos de diagnósticos erróneos:

Falso positivo: sobredimensionamos unas capacidades que en realidad se deben a un fenómeno puramente madurativo, un desarrollo precoz que posteriormente, una vez finalizada la maduración intelectual, no cristaliza en superdotación o talento. La consecuencia es que se generan unas falsas expectativas y al niño se le exige por encima de sus posibilidades, lo que puede derivar en disminución de la autoestima, frustración, estrés, etc.

Falso negativo: la administración de pruebas a niños muy pequeños no es sencilla (se distraen con más facilidad, no tienen todavía la suficiente destreza motriz, no están acostumbrados a rendir en una situación de exigencia, se sienten intimidados…) y pueden rendir por debajo de sus posibilidades, de forma que no se detectan las altas capacidades. La consecuencia es que a este niño no se le aplicarán las medidas necesarias para atenderle adecuadamente.    


La edad adecuada para realizar un diagnóstico


Existe además otro punto importante a tener en consideración: es a partir de los cuatro años de edad cuando se va produciendo la diferenciación de las aptitudes intelectuales. Hasta ese momento, solo podemos basarnos en la puntuación obtenida en pruebas psicométricas de carácter global, que van a arrojar un valor determinado de CI sin ofrecer, por tanto, la posibilidad de elaborar un perfil cognitivo que muestre su madurez en las diferentes áreas intelectuales y que nos permita conocer sus puntos fuertes y débiles (lo cual es, sin duda, mucho más informativo y útil de cara a tomar las medidas educativas oportunas que una mera puntuación de CI).
 

Teniendo en cuenta todo lo anterior, considero que la edad indicada para realizar este tipo de pruebas debería ser a partir de los cuatro o cinco años. A esas edades ya nos podemos hacer una idea más cercana y certera (que no definitiva) del funcionamiento cognitivo real del niño y además nos da la oportunidad de ofrecer una respuesta educativa más ajustada a sus necesidades.

Hasta entonces no debemos dejar al niño desatendido, todo lo contrario, se debe estimular sus capacidades, cultivar su talento y darle todas las oportunidades para desplegar su precocidad natural. No podemos caer en el error de considerar la alta capacidad como un rasgo estático e inmutable. Si no se trabaja la inteligencia, proponiendo metas, retos y estímulos adecuados, ésta  puede empeorar y anquilosarse.