Cuando la preocupación impide la ocupación

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 5 marzo, 2018
Ana Gorrochategui · 5 marzo, 2018

La preocupación es natural y común en todos los seres humanos. Sin embargo, muchas veces nos estancamos en la preocupación, olvidándonos de que tal vez la ocupación es justo lo que necesitamos para avanzar. 

La preocupación responde a un intento mental de encontrar una solución a una situación que nos produce ansiedad. Esta situación o problema podría haberse producido ya, pero también podría atender a una posibilidad que imaginamos. Es una actividad cognitiva que nos prepara para lo que creemos que está por venir. Por tanto, la preocupación surge como mecanismo para generar acciones y afrontar así distintas dificultades.

Sin embargo, muchas veces nos preocupamos y damos vueltas a cuestiones sin llegar a ninguna solución. Pensamos y pensamos en ideas que nos preocupan, generando círculos en los que enlazamos problemas hasta prácticamente olvidarnos de que el objetivo era encontrar una solución.

¿Por qué invertimos más tiempo en la preocupación que en la ocupación?

La preocupación es el primer paso hacia el afrontamiento de un problema. Pero en ocasiones, la sensación de haber comenzado a “tomar cartas sobre el asunto” nos tranquiliza, ya que nos vemos más cerca de hallar una solución.

Chica preocupada pensando en que las exparejas vuelven

Esta tranquilidad a corto plazo nos lleva a relajarnos en la preocupación hasta llegar a convertirse, a veces, en una conducta de evitación. Evitamos la ocupación porque nos sentimos más cómodos en la preocupación. Aunque no nos guste estar preocupados.

Así, el tiempo pasa y pese a que por un lado creemos estar afrontando un problema, por otro podemos sentir que nos hemos estancado. Que hemos pasado de generar vías y/o alternativas de solución a pensar repetidamente en una idea que nos genera ansiedad. Es entonces cuando la preocupación pierde su función y se vuelve un gran obstáculo que nos roba infinidad de tiempo y energía sin apenas darnos cuenta.

Cómo gestionar las preocupaciones

Estas son algunas ideas para restar protagonismo a esas preocupaciones que nos frenan y dejar paso a la ocupación.

Da un paso atrás: procura ser objetivo

Analiza lo que te preocupa de manera objetiva y anota lo que crees que va a pasar. Muchas veces no somos realistas con nuestras predicciones, ya que nuestras emociones están de por medio. ¿Lo veríamos de la misma manera si un amigo o familiar tuviera este problema? Plantéate la validez (realismo) y las probabilidades de que, incluso siendo realista, suceda.

Da un paso adelante: ponte en lo peor

¿Y si sucediera eso que tanto te preocupa? Ponte en lo peor. Incluso si sucediera solemos ser más capaces de afrontar las cosas cuando trascienden las hipótesis y se vuelven realidad. Somos infinitamente más fuertes en la ocupación que en la preocupación.

Acepta que hay cosas inevitables

Si lo que te preocupa es algo que va a suceder, con independencia de lo que hagas, piensa en qué puedes hacer para afrontar mejor la situación. Hay cuestiones que no podemos controlar. Sin embargo, podemos decidir protegernos y vivirlas de manera que el impacto quede amortiguado. Ten en cuenta que regresar una y otra vez a detalles y puntos del problema para los que no hay solución es una garantía de sufrimiento.

Mujer preocupada pensando en su ocupación

Protégete

Protégete, fortalece los aspectos que creas necesarios para afrontar mejor el momento. En ocasiones la mejor protección puede resultar la distracción. Otras veces, sin embargo, la solución depende de ti y ha llegado el momento de pasar a la ocupación. De dar ese paso, romper con esa relación o decir eso que te llevas tanto tiempo guardando.

Fíjate un tiempo para preocuparte

Si necesitas pensar en algo y ves que, por no dedicarle toda tu atención, ese pensamiento te acompaña a lo largo del día como si fuera una sombra, impregnando el resto de emociones y pensamientos… Para. Ya ves que así las preocupaciones no sirven: lo único que hacen es distraerte y producirte ansiedad. Busca un momento para dedicarle a ese problema sin solución clara, de manera que no esté todo el día como una especie de eco en tu cabeza. 

Lo mejor es enemigo de lo bueno

Así lo decía Voltaire. Y es que a veces perdemos mucho tiempo y energía buscando la mejor manera, la perfecta. Cuando sea posible, adelante. Estipula un tiempo para buscar alternativas, soluciones. Sin embargo, trascurrido ese periodo que nos hemos dado de margen, alcanzamos ese instante en el que tenemos que tomar una decisión, por mucho que las opciones que barajemos estén lejos de ser perfectas. Será el momento de decantarnos por la “menos mala”.

Sé valiente

Detrás de cada solución no tiene por qué haber un problema o una preocupación. Crecemos, y a medida que lo hacemos, vamos interiorizando la idea de que la preocupación es un eco necesario para afrontar un problema. Sin embargo, la ocupación puede existir sin preocupación. Es cuestión de abordar los sucesos desde la aceptación y la certeza de que somos capaces de hacer lo que esté en nuestra mano.

Hombre pensando en soledad

Más allá de las preocupaciones

Detrás del muro de las preocupaciones, está el paisaje. A veces truena o irrumpen terremotos que lo emborronan todo… por un tiempo. Otras veces sale el sol, llueve y estallan los colores. En ocasiones todo pasa en un día.

Lo que quiero decir es que cuando nos quedamos demasiado tiempo detrás del muro, por miedo a lo que haya al otro lado, lo que hay al otro lado no cambia. Perdemos tiempo y las nubes no paran: sobrepasan cualquier muro. Pero eso, si no quieres mojarte coge el paraguas. Y si no tienes paraguas, disfruta de la lluvia.

“No mires al reloj. Haz lo que él hace. Sigue moviéndote”

-Sam Levenson-