Cuando las normas nos controlan sin conocerlas

Roberto Muelas Lobato · 29 diciembre, 2017

Las normas son ideas. Ideas que ocupan nuestras mentes e indican lo que se debe o se debería hacer. También pueden expresar lo que se espera que hagamos y, en general, son compartidas. Todos los grupos tienen unas y no son inocuas porque indican e influyen en la manera de sentir, pensar y actuar de cada uno de los componentes del grupo.

En las ocasiones en que la identidad grupal es importante, las normas del grupo van a guiar la conducta. Si vamos por la calle y nos encontramos con un mendigo pidiendo dinero puede que le demos o no. Pero si somos miembros de un grupo de caridad o religioso cuya norma es dar limosna, es muy probable que le demos dinero. Esto se debe a que dar limosna sería una norma de nuestro grupo.

“Para la herencia y los ideales, nuestro código y normas -las cosas que vivimos y enseñamos a nuestros hijos- se conservan o disminuyen por la libertad con que intercambiamos ideas y sentimientos”.

-Walt Disney-

Desarrollo de las normas

Las normas de un grupos se pueden negociar, pueden surgir del acuerdo entre los miembros de grupo. O, también, pueden establecerse a partir de los comportamientos de las personas. Cuando estos son imitados por los demás miembros, acaban por convertirse en normas grupales. La imitación puede deberse a que esas acciones satisfacen alguna función o ayudan a la supervivencia del grupo.

Pero estas no son las únicas formas en las que nacen, también pueden desarrollarse de forma menos democrática. Puede que el líder del grupo sea el que las dicte o que sea un miembro prototípico del grupo el que las instaure sin querer. Cuando un miembro especialmente representativo o prototípico sobresale empieza a sentir, pensar o actuar de manera diferente, se va a generar una tensión que puede resolverse, entre otras formas, cuando el resto de componentes integren esa nueva forma de comportamiento entre las normas.

“Normas y modelos destruyen el genio y el arte”.

-William Hazlitt-

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Tipos de normas

Son dos tipos de normas las que pueden existir en un grupo. Hablamos de descriptivas y prescriptivas. Las normas descriptivas son aquellas que corresponden a lo que los miembros del grupo hacen en una situación dada. Cuando no sabemos qué hacer, buscamos información en el comportamiento de los demás. Así, podemos acabar imitándoles; además, si los demás nos apoyan después de imitarlos, es fácil que sigamos haciéndolo. Estas normas surgen de la imitación de los miembros más importantes del grupo.

Las normas prescriptivas indican lo que los miembros de grupo aprueban o desaprueban. Estas indican lo que puede hacerse y lo que no. Son morales, muestran lo que está bien y lo que está mal. Su cumplimiento está motivado por premios y castigos que el grupo impone. Se castiga a aquellos que no las cumplen y se premia y refuerza a los que las siguen.

“Yo no creo que nunca voy a hacer una escena de sexo a causa de mi religión y mis normas personales”.

-Jon Heder-

Funciones de las normas

Las normas de los grupos tienen diferentes funciones. Podemos distinguir entre las funciones individuales, las que afectan a cada miembro del grupo por separado, y las funciones sociales, que afectan a todo el grupo, a todos sus miembros. La principal función individual que cumplen es la de proporcionar una realidad. Las normas grupales explican a cada persona cómo funciona el mundo, cómo tienen que pensar, sentir y actuar.

Entre las funciones sociales, podemos destacar diferentes objetivos. En este caso, regulan las relaciones entre los miembros. Indican cómo comportarse con las demás personas. También dejan claro cuáles son las funciones y metas del grupo. Por otra parte, mantienen la identidad grupal.

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El efecto oveja negra

Pero las normas están para romperlas, al menos algunas. Los miembros de los grupos siempre tienen la posibilidad de saltárselas. En estos casos, los grupos cuentan con otras que tratan de impedirlo. Normalmente, la norma a seguir es denigrar a los miembros que no respetan las respetan. Por el contrario, a los miembros que las respetan, aquellos que son el prototipo perfecto, se les favorece. Esto se denomina el efecto oveja negra.

La denigración sirve para librarse de los miembros del grupo que contribuyen negativamente a la identidad social. En España contamos con dos ejemplos recientes.

Cuando algunos catalanes se movilizaron a favor de la independencia, incumplieron las normas. Como reacción, algunas de las personas -otras no- que cuentan con identidad nacional comenzaron a denigrarlos, mientras que se posicionaban en el lado de las personas que reclamaban la unidad de España. A su vez, especialmente dentro de Cataluña, también hemos asistido al mismo fenómeno en “el lado contrario”: hemos visto como algunos catalanes con una fuerte identidad catalana denigraban a aquellos que se movilizaban a favor de la unidad de España.

“Cuando alguien se sale de las normas culturales, la cultura tiene que protegerse”.

-Robert M. Pirsig-