¿Debo perdonar para sanar?

13 Enero, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga María Alejandra Castro Arbeláez
El perdón es un hito complicado de alcanzar. Su valor es incalculable, igual que lo es el daño que puede causar la sociedad o un grupo cuando trata de imponerlo, como si fuera una obligación.
 

Perdonar no es un reto fácil. De hecho, suele complicarse más cuanto más cercana es la persona que nos ha causado el daño y cuanto más profundo es este. Hoy queremos profundizar un poco más e intentar responder a una pregunta: ¿es necesario perdonar para sanar? 

En realidad, por muchas estrategias o ideas que podamos plantear, no existe un manual universal para reparar heridas. Ni las que causamos, ni las que nos causan. Por otro lado, y en el mismo contexto, está el dolor: en ocasiones de tal intensidad que impide el avanza hacia el perdón o la construcción de un relato que nos permita reconstruir la piel.

Mujer triste

Perdonar, ¿de qué se trata?

Si nos vamos al significado más exacto de la palabra perdonar, podemos citar a la Real Academia Española que lo define como ‘dicho de quien ha sido perjudicado por ello: remitir la deuda, ofensa, falta, delito u otra cosa’.

Por otro lado, más allá de la semántica, en cada cultura se vive y concibe de diferente forma el perdón, incluso la misma persona, en diferentes etapas de su vida, puede trabajar con distintos significados del término.

Por otro lado, se asocia esta acción con una forma de alivio para ambas partes; incluso, se ha llegado a considerar terapéutico. Muchas de las personas que consiguen alcanzar el hito, relatan con el perdón han conseguido la liberación de una gran carga.

 

Perdonar para sanar como obligación

En ciertas sociedades o grupos se proyecta la idea de que el perdón como una virtud que incluso, por sus cualidades, llega a ser una especie de deber. Así, el hecho de que en algunos contextos arrastre el carácter de obligación hace que muchas personas aparenten otorgarlo o alcanzarlo, cortando el propio proceso natural. Así, la falsa proyección del perdón se termina convirtiendo en un obstáculo para otorgarlo, alcanzarlo o recibirlo.

Si pensamos en situaciones que a la mayoría le resultarían complejas de asumir, por ejemplo, una violación, quizás es más fácil entender por qué puede costar tanto perdonar. Ahora bien, si una persona que ha sufrido por este hecho se siente obligada a perdonar, puede incluso llegar a sentirse culpable por no hacerlo.

Así, perdonar no siempre sería una sanación si lo que hace es prologar el sufrimiento en el tiempo. Por lo tanto, podríamos replantearnos cuándo es oportuno el perdón.

Algunas veces, se asocia el perdón con olvidar una falta. Cuando forzamos hacerlo, también podemos causarnos gran daño. Por ello, hay quienes piensan que el perdón va más allá del olvido, proponen que se trata de soltar la carga para no hacernos daño, aunque podamos recordarlo, solo que al soltar lo haríamos sin rencor.

Mujer juntando sus manos sobre una piedra
 

Perdonar para sanar como elección

En cambio, si perdonar va más encaminado a una elección sincera, sí nos permite sanar, incluso, en aquellas situaciones que creemos inimaginable lograr el perdón.

¿Cómo sería posible? Si vemos al perdón como un acto de soltar, no exclusivamente de reconciliación. Pues podemos dejar ir el rencor y la ira, o expresarla, sintiendo que perdonamos lo que sucedió y visualizándolo como aprendizaje. Pero si lo vemos como acto de reconciliación, es más complejo aplicarlo a todas las situaciones.

Además, estamos en nuestro derecho de tomarnos el tiempo para perdonar y de no hacerlo, e incluso sanar sin esta acción. No toda sanación, implica perdón. Por ejemplo, la resiliencia ayuda a que nos sobrepongamos a situaciones que nos causaron gran dolor.

Ahora bien, si queremos trabajar en el perdón o explorar de forma profunda cómo se concibe, hay libros que pueden ayudar. Un ejemplo sería Los siete pasos del perdón de Daniel Lumera que nos muestra cuál es el sentido auténtico del perdón.

Además, si nos cuesta hacerlo, podemos resignificar las experiencias. Es decir, dotarlas de un sentido que sea más saludable para nosotros. Así, potenciamos el aprendizaje y vamos en sintonía con lo que somos, sin tener que forzarlo.

En suma, perdonar para sanar es un asunto que depende de cada uno de nosotros, de la percepción que tengamos sobre el perdón, de las creencias asociadas a él con las que contemos, de la sociedad en qué vivimos, de lo que hemos aprendido, etc. Si suma peldaños para nuestro bienestar, ¡adelante!

 
Lumera, D. (2014). Los siete pasos del perdón. Barcelona: Ediciones Obelisco.