Dejar atrás los pesos de nuestra infancia - La Mente es Maravillosa

Dejar atrás los pesos de nuestra infancia

Paula Aroca 6, Abril 2014 en Psicología 4 compartidos


Podríamos “culpar” al psicoanálisis, a los libros de autoayuda, o a las redes sociales… Lo que resulta evidente es que se trata de un fenómeno de la modernidad, una actitud que nació con la generación post boom (o generación X*) y que mi grupo de edad ha perfeccionado al límite del ya-no-más. Me refiero a la crítica feroz a los padres y la costumbre de culparlos irrestrictamente por nuestros errores presentes.

De un tiempo a esta parte se ha considerado fundamental, para el proceso de autoconocimiento, el análisis de nuestra infancia. Asimismo, se ha tomado consciencia de la importancia que esos primeros años de la vida tienen en relación a los logros y fracasos que obtenemos como adultos. Es un ejercicio de introspección voltear a nuestro pasado para reconocer fracturas y heridas, momentos que nos inmovilizaron y de los cuales no hemos podido recuperarnos. El valor de esto es inmenso e innegable; sin embargo, lo que muchos no han logrado hacer después de esta etapa de enfrentamiento con el pasado es pasar a la siguiente: superar el hecho.

Para muchos, ese reconocimiento se tornó en un señalamiento de culpa hacia los padres: la aparente fragilidad de la madre, la lejanía emocional del padre, la violencia de uno u otro o la falta de contención de ambos trabaron el futuro de su hijo que, en el momento actual (ya adulto), es incapaz de realizar tal o cual tarea, mantener una relación saludable o abandonar ciertos hábitos.

Nadie nos dijo que detectar estos momentos de dificultad de la infancia tuviera como resultado la renuncia a la responsabilidad propia para transferirla a la familia. Por muy duro que suene, la responsabilidad por el momento actual que estamos atravesando es solo nuestra. Si tenemos éxito financiero en el presente, a pocos se les ocurriría transferir los méritos al padre y decir: “Tengo mucho dinero debido a que en la infancia mi padre fue cálido conmigo y me abrazó mucho”. En cambio sí aseguramos: “Tengo mucho dinero gracias a que trabajo con ahínco, me he esforzado y soy un buen administrador de mis ganancias”.

De la misma manera, cuando enfrentamos un fracaso, debemos ser conscientes de que hemos cometido errores y estar dispuestos a aprender de ellos. De nada nos servirá decirnos a nosotros mismos y a quienes nos rodean: “Soy incapaz de conservar un trabajo porque mi madre me gritaba mucho”.

Que se entienda: no estamos cuestionando el tremendo efecto de las experiencias de la niñez y del trato recibido a temprana edad. Hoy a nadie se le ocurriría poner eso en duda. Lo que estamos planteando es que el significado de nuestras experiencias familiares surge de un constructo cultural que en la actualidad se inclina a liberarnos de responsabilidad.

Nuestros abuelos, la generación nacida en la primera década del siglo XX y las anteriores, separaban la infancia del presente y forjaron el mito del hombre que se hace a sí mismo, en el que tanto los éxitos como las fallas eran responsabilidad única del individuo. Hay que admitir que esta apreciación tampoco es totalmente verdadera, y queel punto saludable se encuentra en medio de ambas actitudes.

Aunque ahora sabemos mucho más sobre cómo evoluciona el comportamiento y los riesgos de los diagnósticos multifactoriales, debemos ser capaces de encontrar en nosotros mismos las respuestas a nuestros problemas actuales. El autoconocimiento es sumamente útil y para alcanzarlo debemos analizar nuestros vínculos familiares tempranos, pero la capacidad de superar nuestro pasado es la única llave para lograr una vida exitosa en el único tiempo que tiene importancia: el presente.

* Generación X: grupo de la población que vivió su adolescencia en el período definido entre los años 1980 e inicios de los años 1990, aproximadamente.

Imagen cortesía de Ollyy

Paula Aroca

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