Cómo detectar si tienes una amistad tóxica

Edith Sánchez · 21 agosto, 2017

Una amistad tóxica no está compuesta por una sola persona. Lo tóxico siempre se refiere al menos a dos. En algunos casos, los dos involucrados en este tipo de amistades tienen comportamientos tóxicos evidentes. En otros casos, uno de los dos es un agente activo y el otro es pasivo, casi siempre este último con muy baja autoestima. Lo cierto es que estas no son historias de buenos y malos, sino de vínculos y formas de relacionarse inadecuadas y destructivas.

Los orientales tienen una máxima que podría parecer muy obvia, pero que entraña gran sabiduría: “Lo similar busca lo similar”. En las relaciones humanas, consciente e inconscientemente, buscamos y atraemos a quienes tienen fortalezas y debilidades similares a las nuestras. Es infrecuente que alguien con elevada salud mental termine involucrándose con otra persona muy neurotizada o “tóxica”. Quizás la baja autoestima y continua desvalorización o el trato recibido en la infancia son la causa de que la persona se una a aquel que crea esa amistad tóxica.

Lo que hace indisoluble a las amistades y dobla su encanto, es un sentimiento que le falta al amor, la certeza”.

-Honoré de Balzac-

Nadie es una “peste” de la que toca escapar. Nadie tampoco es tan perfecto como para vivir sin errores o no tener aspectos a mejorar.  La amistad tóxica implica un vínculo destructivo, en el que cada parte pone su granito de arena.

A veces de lo que se trata es de modificar ese vínculo. A veces no queda más remedio que romperlo. Lo que sí resulta importante es aprender a identificar cuáles son esos síntomas que revelan una relación inadecuada. Estos son algunos de ellos.

En una amistad tóxica hay descalificaciones sistemáticas

La amistad tóxica es usual entre personas de baja autoestima. Uno de los aspectos más nocivos de este tipo de vínculos es que las descalificaciones no se dicen de manera expresa, sino de forma encubierta. Si se dijeran abiertamente, posiblemente llevarían a un alejamiento. Por eso se emplea el recurso de las sutilezas, las ironías, los sarcasmos y los mensajes entre líneas.

El contenido de esos mensajes es agresivo. Buscan disminuir el valor de la otra persona o de sus logros. En una amistad tóxica hay una ambivalencia: se es amigo y enemigo a la vez. Hay cercanía y distancia al mismo tiempo. Para sostener ese doble juego se recurre a la crítica soterrada. Lo usual es que venga de ambos lados y que se mantenga en el tiempo. Las dos personas se están haciendo daño, pero logran encubrirlo.

¿Amistad o asociación para delinquir?

Hay amigos con los que siempre que te encuentras terminas trasgrediendo alguna norma. En particular, hay personas cuya relación se basa en el consumo de alcohol o de algún otro psicoactivo. También caben los casos en que el vínculo se mantiene para encubrir infidelidades con las parejas, eludir obligaciones o incurrir en algún exceso. En este caso se trata de una complicidad en el sentido negativo del término. Son lo que se conoce como “malas compañías”.

tigre mordiendo la cabeza de una chica

En este caso hay una amistad tóxica porque el “amigo” solo es un vehículo para apoyar conductas que son poco constructivas. Ninguno está interesado en el bienestar del otro. Simplemente se utilizan mutuamente para sacar a flote algún aspecto de la personalidad que no resulta conveniente. Lo usual es que este tipo de amistades se desvanezca cuando uno de los dos quiera mejorar. De hecho, el otro intentará por todos los medios que no lo haga porque se quedaría sin su cómplice de transgresiones.

Te sientes mal reiterativamente

Un síntoma inequívoco de una amistad tóxica es la sensación que te queda impregnada después de pasar un rato con esa persona. A veces percibes una especie de pesadez. Te sientes emocionalmente agotado. Quizás experimentas algo de irritación, pero no identificas claramente la causa. También se da el caso de que te sientas culpable o triste.

Lo más probable es que exista toda una red de síntomas inconscientes que los une. Por eso te sientes mal después de estar con esa persona y por eso mismo no dejas su amistad. La unión que hay entre los dos es neurótica y depende de sentimientos o deseos que no son conscientes. Lo cierto es que te generan malestar, pero es como si fuera inevitable vivir una y otra vez la misma experiencia.

Todo gira en torno a una visión negativa

Hay amigas y amigos que se reúnen en torno a algo negativo. A veces tiene que ver con una crítica mordaz hacia los otros. En este tipo de amistades tóxicas pululan los chismes, las intrigas y la maledicencia acerca de los demás. Lo que se comparte es un punto de vista que denigra, que nutre conflictos preexistentes. Se refuerzan mutuamente esta actitud y eso los une.

chica en la boca del tigre

En otros casos, lo que prima es el tema de las quejas. No es tanto que el uno busque el hombro del otro para llorar. De lo que se trata más bien es de pelearse para ver quién ocupa mejor el lugar de la víctima o de reforzarse mutuamente el victimismo. Miran y remiran sus dificultades y se lamentan de ellas, pero no adoptan una actitud de superarlas. Todo lo contrario. Aman sus heridas y se las cuidan mutuamente, pero no les interesa resolverlas.

No hay reciprocidad

Una amistad sana supone reciprocidad y equilibrio. Sin embargo, hay personas que solo buscan a sus amigos para demandar o pedir. Se asumen a sí mismos como alguien que necesita mucho de los demás. En esa lógica, por supuesto, los demás tienen adquirida la obligación implícita de dar. En muchos casos no se dan cuenta de que son así, porque su egocentrismo lo impide.

La falta de reciprocidad se manifiesta cuando, por ejemplo, es solo uno el que habla, mientras que el otro solo debe escuchar. O cuando uno de los dos siente que sus problemas son definitivamente más importantes y prioritarios que los del otro. También en los casos en que cuando alguien está en problemas, su amigo desaparece. Solo cuentas con él cuando todo marcha a la perfección.

Una amistad tóxica quita mucho más de lo que da. En realidad, poco tiene que ver con la amistad. Quizás haya una genuina simpatía mutua, pero la forma como se estructura el vínculo y/o se lleva la relación, hace que sea nociva para ambos. No solo la otra persona es el problema, también lo es quien tolera ese tipo de relaciones pasivamente.

chicas con mochilas de animales

Siempre terminamos pareciéndonos un poco a las personas de las cuales nos rodeamos. Si nuestro objetivo es ser cada vez mejores, crecer y proteger nuestro bienestar, es importante que elijamos bien el tipo de personas con las que construimos una amistad.

Imágenes cortesía de Amèlie Fontaine