El deterioro silencioso que nos lleva a fingir que estamos bien

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 julio, 2016
Raquel Aldana · 24 julio, 2016

No. No todo en la vida tiene solución. Tampoco podemos intentar explicarlo todo ni estar con una sonrisa inmensa día tras día. Sin embargo, preferimos mil veces fingir que estamos bien que reconocer que somos presas del deterioro silencioso.

Pero fingir felicidad para ser aceptado es un craso error que cometemos muchos de manera habitual. No obstante, hay etapas en las que simplemente eso de simular bienestar carece de sentido.

Así que para bien o para mal tenemos la osadía de no sonreír cuando no nos apetece e intentamos no pecar de “intentar caer bien a todo el mundo” con objeto de dejar el agotamiento y el desgaste emocional que genera procurar que nadie se preocupe.

Por eso es importante que nos permitamos no estar siempre bien, así no nos presionaremos por estar a gusto y vivir a disgusto.  Porque sí, fingir es doloroso y la tristeza y el malestar no es sinónimo de debilidad.

mujer triste

El desgaste emocional que implica fingir: las fuerzas que no retornan

Los datos indican que ocho de cada diez personas que están tristes fingen estar bien pero, desgraciadamente, nos damos cuenta tarde de esto. Esto se traduce en un deterioro silencioso que nos sume en un gran desgaste emocional a través del que nos introducimos en una espiral que nos absorbe y nos aprieta lo que entendemos como alma.

Es decir que las emociones y los sentimientos que en principio están en nosotros para hacernos bien, acaban palideciendo por culpa de nuestra incapacidad para darles rienda suelta y vivenciarlas como debemos.

Así que, como consecuencia de esto, acabamos centrifugados, mareados de la vida y devorados por nuestros constantes intentos de acallar la voz del malestar. Por lo tanto, la clave está en aceptarnos en todas nuestras vertientes y no empeñarnos en engañar a nuestra conciencia.

Esta perspectiva nos ayudará a aliarnos en el combate contra dolencias como la depresión, la ansiedad, la fatiga crónica, la desesperanza, el insomnio, la irritabilidad desmedida, etc.

Mano real y transparente enlazadas

La clave de la resiliencia es la aceptación

El aprendizaje más importante de nuestra vida es el que alcanzamos cuando nos esforzamos por conocernos, aceptarnos y amarnos. En este caso el orden de los factores sí que altera el resultado, pues no podemos amarnos sin antes aceptarnos, ni aceptarnos sin antes conocernos.

Para lograr la consecución de este peldaño de crecimiento emocional tenemos que desaprender precisamente lo que tratamos en estas líneas, pues solo así conseguiremos desprendernos de creencias y manipulaciones que nos someten año tras año, día tras día y minuto a minuto.

Es decir que para mirar la vida sin anestesias y sin presiones se hace necesario cambiar de colina, pues solo ello nos ayudará a manejar otras perspectivas. Así que cada día, cuando nos levantemos, tenemos que prestar mucha atención a la hora de elegir qué gafas nos vamos a colocar.

Niño triste tras la ventana

Para no distorsionar lo mejor es colocarse esas gafas de color transparente que agudizan nuestra visión de lejos y de cerca. Esto no significa otra cosa que dejar a un lado prejuicios y creencias que nos hacen distorsionar y hablarnos en mal tono.

Porque la importancia del diálogo interno es algo que se nos olvida con demasiada asiduidad. Por todo ello es esencial permanecer en silencio dentro de nosotros y darnos cuenta de que la única manera de alcanzar el bienestar es respetarnos y dejar de fingir, con malestar y sin él.