Diego Velázquez, biografía del genio de la pintura

Hoy viajamos a principio del siglo XVII para conocer la vida y obra de un genio. De un pincel que enamoró a reyes y príncipes, y nos dejó obras que hoy consideramos clásicas.
Diego Velázquez, biografía del genio de la pintura
Francisco Jimenez Criado

Escrito y verificado por el historiador del arte Francisco Jimenez Criado el 30 julio, 2021.

Última actualización: 30 julio, 2021

La historia del arte es un enorme mural en el que algunos pintores han dejado una huella clásica, impasible ante la erosión del tiempo. Algunos destacan por su destreza, otros por su capacidad para salirse de lo establecido.

En este contexto, queremos abordar la figura de uno de los maestros del barroco español, Diego Rodríguez de Silva y Velázquez, conocido popularmente como Diego Velázquez. Así, vamos con la biografía del genio de la pintura.

La primera etapa sevillana

Nace en Sevilla, durante el último año del siglo XVI, en el seno de una familia pudiente de la hidalguía hispalense. Tuvo otros 7 hermanos, un número habitual para la época. No va a tardar en asomarse al mundo del arte, mostrando interés e inquietud por ampliar sus conocimientos.

Inicia su carrera artística en Sevilla, concretamente en el taller de Francisco Herrera “el viejo”. Sin embargo, su formación más fructífera la recibió en el taller de Francisco Pacheco, quien llegará a ser más adelante su suegro. Es aquí donde conocerá a otros pintores y las distintas técnicas para que, poco a poco, comenzase a realizar sus primeras obras importante.

Empieza pintando escenas cotidianas y sencillas, utilizando y formándose en la técnica del tenebrismo por influencia de Caravaggio y la concepción espacial semejante a la pintura flamenca. Algunos de los títulos más representativos son Vieja friendo huevos, Cristo en casa de Marta y María o El aguador de Sevilla.

“Prefiero ser el pintor número uno de las cosas comunes, que el segundo del arte más elevado”.

-Diego Velázquez-

Vieja friendo huevos

El camino del éxito como pintor de la corte

Diego Velázquez va a ser llamado a la corte en 1622, año en que se asienta en Madrid y empieza a responder a las expectativas que había generado en la capital. El Conde Duque de Olivares y el propio Felipe IV reconocen la destreza del pintor. Además, durante su estancia en la capital haría varios viajes a Italia, con la intención de seguir bebiendo del arte del país transalpino.

  • En 1627, será nombrado ujier de cámara. El nombramiento es la consecuencia del éxito logrado en un concurso en el que se enfrentó a otros pintores de la corte. De este modo, reforzará sus apoyos e incluso verá cómo aumenta el respaldo por el propio rey, del que empieza a realizar los primeros retratos.
  • En 1629 viaja a Italia, donde podrá conocer obras de los más grandes maestros: Leonardo Da Vinci, Rafael, Miguel Ángel, etc., al igual que entabla contacto con otros pintores como José de Ribera. Es en este período cuando hace obras como “La fragua de Vulcano”.
  • En 1631, regresa a Madrid, donde continuará en su labor como pintor del rey, para volver a Italia en 1649. Lo hace por el requerimiento real de comprar algunas obras. A su vez, es en este segundo viaje, cuando pinta el famoso retrato de Inocencio X. En 1651 vuelve a Madrid y un año después es nombrado Aposentador Mayor.

La culminación a su carrera

Tras varias décadas en las que desarrolla todo su talento como artista, Diego Velázquez alcanza un gran reconocimiento por parte de toda la corte y por otros pintores de la época, tal y como recalca la especialista en pintura Wendy Beckett. De esta manera, va a realizar en 1656 su gran obra maestra, Las meninas, donde se representa a sí mismo, orgulloso de su cargo y de la Cruz de Santiago que lleva en el pecho.

Meninas
Las meninas

A su vez, va a trabajar en otras obras que han sido auténticos hitos de la historia de la pintura. Un caso en particular es Las Hilanderas, donde se narra la fábula de Aracne demostrando un gran dominio de la técnica, producto de su talento, pero también de su gran experiencia.

Finalmente, muere en 1660 en Madrid. Su funeral es todo un acontecimiento y es enterrado con honores, bajo la condición de caballero de la Orden de Santiago. Su obra, en cambio, quedaría para la eternidad, siendo la prueba de una visualización creativa que le permitirá pasar a la posteridad como uno de los genios de la pintura y que, sin lugar a dudas, seguirá siendo un icono de la historia del arte.

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  • Beckett, W. (1995). Historia de la pintura. Blume. Barcelona.
  • Palomino, A. (2008). Vida de don Diego Velázquez. Akal. Madrid.