Diferenciación sexual y posibles alteraciones en el proceso

15 Abril, 2020
Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla
La diferenciación sexual comienza en el momento de la fecundación; sin embargo, es un proceso largo y lento en el que se pueden producir alteraciones respecto al desarrollo esperado. Aquí hablaremos de las principales, teniendo en cuenta el contexto psicológico en el que sitúan a la persona.

El sexo biológico de una persona está determinado por los cromosomas sexuales, las gónadas, los genitales y las hormonas. Se determina en el momento de la fecundación, mientras que su desarrollo diferenciado va mucho más allá de este momento (sexo asignado). Durante este proceso, se pueden producir alteraciones en distintos momentos de la diferenciación sexual. Estos pueden provocar alteraciones físicas y psicológicas.

Los seres humanos tenemos 23 pares de cromosomas, siendo el último par el de los cromosomas sexuales. En el momento de la fertilización se determina el sexo del bebé. Viene definido por los espermatozoides del padre, ya que es quien puede aportar a la pareja un cromosoma X o Y (mientras que la madre sólo tiene posibilidad de aportar una X).

Si posee dos cromosomas X se asignará sexo femenino (XX), y si posee un cromosoma X y un cromosoma Y, se asignará sexo masculino (XY).

A partir de este momento, empieza el proceso de diferenciación de las gónadas, los órganos sexuales internos y los genitales. Veamos qué procesos entraña esta evolución.

Óvulo con espermatozoide

Diferenciación sexual: las gónadas, los órganos sexuales internos y los genitales

Hasta la sexta semana de gestación, las gónadas (testículos y ovarios) están indiferenciadas. Para que las gónadas indiferenciadas maduren como testículos se necesita una enzima llamada factor determinante, que es producida por el gen SRY, contenido en el cromosoma Y. Sin la presencia del gen SRY, las gónadas se desarrollarán como ovarios.

En cuanto a los órganos sexuales internos, hasta el tercer mes de gestación, los órganos son bisexuales. Al contener precursores de ambos tipos de órganos, podrían acabar diferenciándose como órganos sexuales masculinos o femeninos.

El desarrollo de un sistema reproductor masculino o femenino depende de las hormonas producidas por los testículos, los andrógenos.

Si los testículos segregan andrógenos (testosterona y dihidrotestorterona), se desarrolla el sistema de Wolf (precursor de los órganos sexuales masculinos) y este se transformará en los órganos sexuales internos masculinos.

La ausencia de hormonas masculinas provocará el desarrollo del sistema de Müller y, posteriormente, el desarrollo de los órganos sexuales internos femeninos. Sin embargo, para que se terminen de desarrollar como órganos masculinos, es necesario que los testículos segreguen también hormona antimülleriana, para evitar el desarrollo del sistema de Müller.

En cuanto al desarrollo de los genitales externos, que estos sean masculinos o femeninos depende, una vez más, de la exposición a los andrógenos.

La ausencia de andrógenos provocará el desarrollo de genitales femeninos y la presencia de andrógenos provocará el desarrollo de genitales masculinos. Durante la pubertad, la producción de hormonas masculinas y femeninas provoca el desarrollo de los caracteres sexuales secundarios.

Sin embargo, durante este proceso pueden producirse problemas en la segregación de hormonas o en sus receptores, que pueden provocar problemas del desarrollo y la diferenciación sexual. Veamos algunos ejemplos.

Síndrome de Morris o síndrome de insensibilidad a los andrógenos

Este trastornos se produce en sujetos XY. Es decir, el feto tiene sexo biológico masculino y por lo tanto sus gónadas se desarrollan como testículos y producen hormonas con normalidad, tanto andrógenos como hormona antimülleriana.

El problema es que estos sujetos, por una mutación, carecen de receptores de andrógenos, por lo que estos no hacen efecto y no se desarrollan los órganos internos masculinos. Sin embargo, al haber hormona antimülleriana y funcionar esta con normalidad, se impide el desarrollo del sistema de Müller.

Esta alteración en los receptores de andrógenos provoca en un sujeto XY:

  • Ausencia de órganos internos masculinos. Como los andrógenos no ejercen su función, no se desarrolla el sistema de Wolf (el precursor de los órganos internos masculinos).
  • Ausencia de órganos internos femeninos. La hormona antimülleriana segregada por los testículos impide el desarrollo de órganos internos femeninos.
  • Genitales externos de apariencia femenina por la ausencia de andrógenos.
  • Esterilidad por la ausencia de órganos sexuales internos.

Síndrome del conducto mülleriano persistente

Se produce en sujetos XY, es decir, varones genéticos, que tienen incapacidad de producir hormona antimülleriana o cuyos receptores están ausentes o inactivos.

Los testículos segregan andrógenos, por lo que se desarrolla el sistema de Wolf, pero al carecer de hormona antimülleriana, también se desarrolla el sistema de Müller.

La ausencia de hormona antimülleriana provoca en un sujeto XY:

  • Desarrollo de órganos internos y externos masculinos. La presencia de andrógenos provoca el desarrollo del sistema de Wolf.
  • Desarrollo de órganos internos femeninos, que altera el funcionamiento normal de los órganos masculinos.

Síndrome adrenogenital (masculinización)

Ocurre en hembras biológicas (XX). Durante el tercer mes de gestación, cuando se empiezan a diferenciar los órganos internos sexuales en masculinos o femeninos, las glándulas suprarrenales empiezan a producir exceso de andrógenos. El resultado es que la hembra biológica posee:

  • Órganos internos femeninos. Ante la ausencia de hormonas masculinas, se desarrollan los ovarios y posteriormente el sistema de Müller (precursor de los órganos internos femeninos).
  • Órganos externos femeninos, pero masculinizados a causa del exceso de hormonas masculinas.

Desarrollo del pene retrasado

Se produce en varones genéticos (XY). Durante la gestación, el gen SRY provoca el desarrollo de los testículos y estos segregan testosterona. La testosterona produce el desarrollo del sistema de Wolf, por lo que se desarrollan órganos internos masculinos.

Sin embargo, hay un déficit de dihidrotestorterona, que es la responsable del desarrollo de los genitales externos masculinos.

Esto provoca que los testículos queden escondidos y el pene este poco desarrollado, por lo que la apariencia externa es femenina.

Durante la pubertad, el aumento de producción de testosterona produce que se desarrollen los testículos y el pene, y se desarrollen también los caracteres sexuales secundarios masculinos (como la masculinización del cuerpo, el crecimiento de vello y el cambio de voz). Así, durante la pubertad, estos sujetos parecen sufrir un cambio de sexo.

¿Qué implicaciones psicológicas pueden tener las alteraciones en la diferenciación sexual?

Imagínense que toda su infancia se desarrollan como niño o niña, en función del sexo que se les asignó en el momento del nacimiento, pero su fenotípico no coincide con su genotipo. Es decir, que su apariencia física y sus órganos sexuales no se corresponden con los característicos del sexo genético que poseen, debido a un problema en el proceso de diferenciación sexual.

Durante la infancia, estas diferencias pueden pasar más o menos desapercibidas, lo que no evita que puedan generar gran malestar. Sin embargo, quizá sea en la adolescencia y durante la pubertad cuando más intenso sea este malestar y más probabilidad haya de que se produzcan alteraciones psicológicas.

La adolescencia es una etapa complicada, de gran cambio físico y de revolución hormonal. Junto a esto, se debe tener en cuenta que es una etapa en la que la opinión de los demás tiene gran influencia en nuestro autoconcepto y nuestra autoestima.

La comparación con nuestros iguales y la percepción de diferencias importantes en aspectos del yo que consideramos centrales, como puede ser la apariencia física sobre todo en la adolescencia, puede provocar inseguridad, depresión y ansiedad.

Una posible alteración psicológica de mayor gravedad es la disforia de género. Consiste en una marcada incongruencia entre el sexo asignado en el momento del nacimiento y el sexo que se siente o se expresa.

Esta disforia se manifiesta de diferente manera en función del sexo y la edad, pero puede afectar a personas de cualquier edad. Se hace patente no solo en el deseo de ser del otro sexo, sino en la preferencia por ropa, juegos, actividades, roles y compañeros del sexo opuesto.

Este trastorno podría estar explicado por una alteración en el proceso de diferenciación sexual que provoque el desarrollo del niño y su crianza como sujeto del sexo opuesto a su sexo biológico.

Adolescente triste

Por último y para reflexionar…

A pesar de que hoy en día somos más tolerantes, aceptamos la diversidad y entendemos formas distintas de desarrollo y crianza, es importante que no dejemos de dar pasos en este sentido.

No es una cuestión de moda o ideología, es que puede estar en juego la salud mental de personas. Ningún niño, adolescente, en definitiva ninguna persona, debería ser o sentirse rechazada por sentir que son algo distinto a lo que dicen sus cromosomas.

“Recuerda siempre que eres más grande que tus circunstancias, eres más que cualquier cosa que te pueda ocurrir”.

-Anthony Robbins-

 

Carlson, N. R., & Clark, D. P. (2014). Fisiología de la conducta. Madrid, Spain:: Pearson Educación. American Psychiatric Association. (2014). Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM-5®: Spanish Edition of the Desk Reference to the Diagnostic Criteria From DSM-5®. American Psychiatric Pub.