Los roles de género según la ciencia

27 diciembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Loreto Martín Moya
Los roles de género han sido durante mucho tiempo compartimentos estancos que ahora comienzan a abrir sus fronteras. En la actualidad entendemos que el género se adquiere a través de un proceso de socialización y de una sociedad que ha elegido, en base a sus necesidades y capacidades, la división binaria de dicho constructo.

Los roles de género han sufrido una notable transformación en los últimos tiempos, adaptándose a la realidad social actual. Ahora la brecha entre ambos es menor y pocas actividades son atribuidas a uno u otro género.

No obstante, los roles de género formaron y siguen formando parte de la sociedad actual, en tanto que lo que se espera de una mujer es distinto a lo que se espera de un hombre.

La sociedad, con sus diferencias contextuales, suele mantener una serie de planteamientos sobre lo que supone ser un hombre o una mujer. Es uno de los primeros aprendizajes que se recibe y de los últimos en ser olvidados. Aunque uno pueda olvidar la propia historia, suele ser consciente de lo que es y de lo que ello conlleva.

Por ser algo aprendido desde que se es muy pequeño, los roles de género son relevantes para la organización de la propia personalidad.

En este artículo explicaremos qué es el género, los roles de género y el impacto de los mismos en el desarrollo de la personalidad y la configuración de la sociedad a través de autores como Margaret Mead o George Murdock.

Hombre admirando a una mujer

¿Qué es el género?

El género hace referencia al componente cultural y social que discrimina las identidades y las conductas. El género no es equivalente al sexo, que se refiere al componente anatómico y biológico que diferencia a machos y a hembras.

El sexo es una categoría binaria; el género, históricamente, también se ha considerado una categoría binaria de la mano del sexo (hombre o mujer), aunque el género es cultural y social y por ello esa categoría binaria es también un constructo social.

Riley (1997), ya el siglo pasado, reconoció 3 características básicas del género:

  • El género es una realidad social, igual que lo son las relaciones familiares o la religión. Como realidad social, también se relaciona con otras realidades, como la laboral. En nuestra sociedad, el género está dividido en dos categorías. Esas dos categorías interactúan de forma diferente con otras realidades: un género puede relacionarse con un trabajo inestable, otro con uno parcial, por ejemplo.
  • El constructo de «género» implica diferencias de poder. Como cualquier otro constructo, como el color de piel del que deriva la «raza» o el dinero, del que deriva la «clase social», en el género hay categorías con más y menos oportunidades. El género otorga «poder para» y «poder sobre». Por ejemplo, históricamente el género a otorgado poder para votar.

A través de estas características, se puede observar lo importante que puede resultar la asignación de uno u otro rol de género.

Por ello, a continuación se expondrán diferentes teorías acerca de la función que estos roles de género tienen en la sociedad y en los procesos de socialización de las personas desde edades tempranas.

La organización interna de la sociedad

Talcott Parsons, sociólogo estadounidense, defendía que los roles de género eran útiles para que la sociedad se articulase internamente. Por ello, presentó un modelo en el que la división de los roles sociales dentro de la sociedad era necesaria.

Según Parsons, para que la sociedad funcionara, esta necesitaba una división amplia y básica.

Así, de forma simple, asignó los roles expresivos y de comunicación al género «mujer», mientras que los roles instrumentales y de producción se asignaron al género «hombre».

Defendía que ambos roles, por igual, eran necesarios para el mantenimiento y reproducción de la sociedad. Desde la teoría de Parsons, el género no es un factor secundario en la organización de la personalidad, sino central.

El género como factor externo

Margaret Mead, antropóloga estadounidense, estudió los roles de género en diversas culturas. Así, demostró que las conductas asignadas a cada género variaban en función de su contexto.

El género no conlleva de forma implícita ciertos tipos de conducta; lo que nos dicen la mayoría de los estudios es que es la sociedad la que atribuye esos tipos de conducta.

En su estudio Sexo y temperamento (1935), expuso como los Arapesh, una tribu de Papúa Guinea, mantenían una clara igualdad entre los roles de género «mujer» y «hombre». Ambos géneros eran cooperativos, y en ambos predominaba la expresión emocional y se valoraba la sensibilidad desarrollada.

En el caso, de los Mundugumor, ambos géneros eran agresivos e individualistas. En la tribu de los Tchambuli, existían fuertes diferenciaciones entre ambos géneros, pero invertidos respecto a los patrones generales que dominan la cultura occidental.

El estudio de Margaret Mead puso en relieve la importancia de la sociedad y la cultura sobre el contenido de los roles de género.

La división del trabajo como base del rol

George Murdock (1949), analizando más de 200 sociedades, estudió como la división sexual del trabajo podría haber determinado las conductas asociadas a cada rol de género. Esta división del trabajo consistió históricamente en que la «mujer» se ocupaba de las responsabilidades familiares y domésticas, mientras que el «hombre» asumía el trabajo instrumental y de la producción fuera de casa.

El supuesto básico del que partía Murdock era que el embarazo y la lactancia requieren la permanencia de las mujeres en el hogar, mientras que el desarrollo óseo y muscular de los hombres les permite una mayor agilidad y fuerza en las tareas de caza. Diversos estudios han puesto en duda esta lógica.

Los procesos de socialización: donde se adquiere un género

Asimismo, diversos estudios han puesto en relieve el proceso de adquisición de un género u otro. Esto significa que el género no viene dado ni concretado, que es a través del proceso de socialización como se adquiere.

La primera pregunta que se realiza a un padre o madre acerca de un recién nacido es: «¿es niño o niña?». Diversos estudios, además, han concretado que la interacción de los padres con sus bebés es diferente en función del sexo biológico en consonancia con un género u otro.

La socióloga Jessie Bernard (1971) así lo expresó, pues cuando los niños nacen se les muestra o el mundo «azul» o el mundo «rosa».

Aunque ha habido una clara corrección actual en la diferencia de trato dado a hijos e hijas, los estereotipos de género siguen apareciendo desde el primer momento. Es extraño regalar a un hijo una muñeca o una pistola de agua a una hija. Los quehaceres del hogar también siguen diferenciándose entre hijo e hija, al primero se le suelen asignar las reparaciones y a la segunda la limpieza.

La adquisición del género no termina en casa, pero el proceso de socialización sigue en la escuela infantil, primaria, secundaria.

Existe un curriculum oculto de género interiorizado por todos y a veces poco visible, de esquemas de pensamientos, de creencias y de conductas asignadas y maneras de ser entre hombres y mujeres. El currículum oculto se expresa en prácticas discriminatorias entre unos y otros, muchas veces implícitas.

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Conclusiones: ¿el género y sus roles son realidades inamovibles?

No tiene porqué haber una intención consciente, pero se reproducen significaciones culturales que pasan a ser constituyentes de lo que significa ser hombre o ser mujer. En conclusión, el género no es algo prescrito en la biología de las personas.

A través del sexo, muy distinto del género, se han asumido dos categorías definidas como «hombre» o «mujer», y se ha determinado que esos roles han de ser asumidos por sus homónimos sexuales.

Lo expuesto anteriormente refleja el hecho de que, en tanto que el género es una construcción social, aunque se entiende como una realidad con dos categorías, estas podrían ser mucho más numerosas y diversas; también podrían ser categorías compartidas entre ambos sexos, y que una categoría de género no fuera exclusiva de un sexo u otro.