Disomnias, ¿qué son y cómo nos afectan?

Este artículo fue redactado y avalado por el psicólogo Francisco Roballo
20 julio, 2019
Todos hemos pasado alguna noche sin dormir, en la que los problemas o la activación han espantado al sueño. Sin embargo, esta anécdota se puede convertir en un verdadero problema cuando se establece en el tiempo como constante.

Las disomnias son trastornos específicos del sueño que no pueden explicarse por una enfermedad médica subyacente. Todos hemos experimentado algunos de sus síntomas en alguna medida, recordándonos lo importante que es contar con una buena calidad del sueño.

El sueño, como tal, es un proceso biológico tan fundamental que de él dependen muchas de nuestras funciones cognitivas más complejas.

Dormir es una necesidad tan básica que un mal descanso se ha asociado a un peor rendimiento cognitivo. En la actualidad, nuestro estilo de vida ha llevado a la proliferación de los trastornos del sueño, subiendo puestos en la escala de motivos de consulta.

Mujer durmiendo al aire libre

Disomnias: más que un mal descanso

Los trastornos primarios del sueño se definen por ser aquellos que no tienen por etiología una enfermedad médica. Así entonces, estos trastornos se caracterizan por la afectación de:

  • Inicio del sueño: Trastornos como el insomnio, donde los pacientes no pueden conciliar correctamente el sueño.
  • Manutención del sueño: Trastornos caracterizados por la incapacidad de permanecer dormidos, presentándose despertares intermitentes.
  • Exceso de sueño: Cuando se presentan trastornos por exceso de sueño como la hipersomnia.

Además, las disomnias comparten clasificación con las parasomnias, estados alterados del sueño caracterizados por un empeoramiento de la calidad y cantidad del descanso.

En resumen, dentro de las disomnias se clasifican aquellos trastornos del sueño de causa psicológica.

Tipos de disomnias

Las disomnias es una de las categorías más extensas, abarcando una buena diversidad de problemas.

Cuando aparecen los factores psicológicos, ambientales y orgánicos potencialmente dañinos para el descanso, los problemas en la duración y calidad del sueño se pueden expresar de varias formas. Podemos destacar:

  • Trastornos de inicio y manutención del sueño.
  • Trastornos de calidad y cantidad del sueño.

Disomnias de inicio y manutención del sueño

Entre estos trastornos, el más común y nombrado es el del insomnio. Resumidamente, este tipo de alteraciones, se basan en la dificultad para dormirse, una incapacidad general para mantener correctamente el sueño o la combinación de ambas.

Son de especial gravedad cuando no son tratados y producen un efecto negativo que se acumula en la vida cotidiana del paciente. Entre los más recurrentes podemos destacar:

  • Insomnio. Un estado de activación psicológica y fisiológica que impide el sueño. A pesar de la motivación del individuo para dormirse, su cuerpo no puede relajarse para entrar en el estado deseado.
  • Despertares intermitentes o sueño superficial. Este tipo de alteración consiste en una incapacidad para alcanzar estaos de sueño profundo. Es en el sueño de onda lenta (NREM), donde el sueño tiene un efecto reparador. Cuando este estado no se alcanza, el sujeto suele presentar un estado de somnolencia diurna.

Disomnias de calidad y cantidad del sueño

Aquí se solapan la mayoría de las parasomnias como el sonambulismo o la parálisis del sueño. Las alteraciones de calidad y cantidad se presentan cuando un sujeto duerme menos de lo normal o en exceso, soliendo coexistir una pobre calidad del sueño.

La hipersomnia, por ejemplo, consiste en un sueño excesivo y desfasado, que no repercute de forma positiva en el sujeto.

Alteraciones del ritmo circadiano

Las disomnias como tal, representan un desajuste del ritmo circadiano. Este ciclo biológico básico, generalmente de 24 horas, es el encargado de decirnos cuándo y cómo dormir a través de la síntesis de marcadores externos, como la luz o la temperatura.

Alteraciones, como el jet lag, son un ejemplo de que cuando se alteran los ciclos de sueño, los sujetos sufren un estado transitorio de desajuste general en la mayoría de sus funciones.

¿Cómo se detectan las disomnias?

Los síntomas comienzan a presentarse de forma solapada, todos estamos acostumbrados a tener una mala noche. El problema es cuando la situación se repite y los síntomas dejan secuelas cada vez más incapacitantes.

Nuestro sistema nervioso intenta acoplarse a la situación, y una vez se habitúa a ese mal funcionamiento, los pacientes se encuentran en un círculo vicioso difícil de romper.

Las personas más cercanas a los pacientes son muchas veces los que dan cuenta de estos problemas. Un mal descanso se traduce en un empobrecimiento del funcionamiento diario. Así, lo recomendable es:

  • Actuar rápido. Una vez se manifiesten los primeros síntomas de deterioro, acceder a un especialista.
  • Derivación a un especialista. Los médicos generales suelen ser el primer filtro en el nivel de atención primario. Dependiendo de la causa de la alteración, se derivará a un psicólogo, un neurólogo o especialista en funcionamiento respiratorio, entre otros.
  • Herramientas de detección. Las principales pruebas de detección son la entrevista clínica, pruebas psicométricas estandarizadas, como el test de somnolencia diurna, y los estudios polisomnográficos.

Mujer con insomnio

Tratamiento de las disomnias

En primer lugar, el tratamiento variará acorde a la etiología del trastorno. Suelen recomendarse terapias de modificación de respuesta al estímulo, de corte conductual.

Pero la base fundamental de cualquier intervención es la psicoeducación, punto de partida de una buena higiene del sueño, donde se eviten factores de riesgo, como el consumo excesivo de estimulantes y situaciones de estres antes de ir a la cama.

Es importante aclarar que las disomnias pueden coexistir con otros problemas de tipo orgánico. De ahí que en muchos casos el psicólogo no sea el principal profesional en la intervención o que se necesite del trabajo sincronizado de un grupo de profesionales.

Muchas personas suelen ignorar las señales de su cuerpo; entre las más comunes, la falta de un descanso de calidad. Dado que tenemos mecanismos para evitar sus consecuencias inmediatas, como el consumo de café o medicamentos, los síntomas suelen hacer que la persona busque ayuda en las primeras fases.

Por otro lado, una vez el cuerpo se acostumbra a funcionar así, es muy difícil volver atrás. Por este motivo, una atención temprana es la mejor condición para el éxito de cualquier intervención.