El drama de los refugiados: en tierra de nadie

El drama de los refugiados: en tierra de nadie

Rocío San Segundo Alonso 13, Agosto 2017 en Psicología 410 compartidos
Madre e hija juntando las manos en un campo de refugiados

Ha habido un ataque. Una madre toma la mano de su pequeño. Así es como expiró su último aliento, en los mismos brazos de aquella persona que le vio nacer. Hoy un chico también se separa de su familia, no sabe cuándo volverá a verlos. Se despide con lágrimas que albergan esperanzas de un futuro mejor. Refugiados.

El drama de los refugiados habla del dolor de miles de personas. Personas que sueñan, anhelan lo mismo que tú. Niños que ya no saben reír a fuerza de sufrir.

¿Quiénes son los refugiados?

Se les puede denominar como inmigrantes forzados porque en su país de origen son perseguidos por razones de raza o ideología. También, porque su país no les asegura el abastecimiento suficiente o garantías de seguridad para una vida digna.

Los refugiados no vienen a quitarnos el trabajo. No vienen por capricho. No son terroristas.

“Tienes que entender,

que nadie pone a sus hijos en un barco

a menos que el agua sea más segura que la tierra

nadie quema las palmas de sus manos

bajo trenes

debajo de carrocerías

nadie pasa días y noches en el estómago de un camión

alimentándose de periódicos a menos que las millas recorridas

signifiquen algo más que el trayecto”.

-Extraído de “Hogar”, Revista Fogal-

Personas de Acnur ayudando a refugiados

¿Qué consecuencias psicológicas tiene vivir como refugiado?

Vivir como refugiado es vivir en tierra de nadie. La imposibilidad de desarrollar una vida normal en aquel sitio que habitualmente era tu hogar y encontrar, a la vez, firme una oposición por muchos de los posibles países de asilo, provoca unos niveles desorbitados de ansiedad o depresión… a la vez que prende sentimientos de venganza.

A esto hay que añadirle los bombardeos constantes. Así, se desarrolla un estado de hipervigilancia, estrés crónico. Lo cual muchas veces supone el detonante para trastornos de una mayor índole y gravedad como son: esquizofrenia o trastorno de estrés postraumático.

No es de extrañar, entonces, que una persona con una inestabilidad social y psicológica realice actos que se desmarquen de lo legal y ético o que se afilie a aquel grupo que diga proveerle de seguridad, salvación y justicia para sus seres queridos. ¿Quién no buscaría un aliado cuando todo se derrumba?

Sin embargo, nos extraña. ¡Qué rápido apreciamos la paja en el ojo ajeno, pero qué poco la viga en el propio! Las últimas noticias muestran un incremento de la extrema derecha, sobre todo en Europa. ¿No son acaso también personas en un contexto social y psicológico de incertidumbre que buscan seguridad?

Refugiados

¿Cuál es nuestro papel en el drama de los refugiados?

Cuando la ínfima posibilidad de superar un viaje infernal en una patera, a través de un desierto o al cabo de años de peregrinaje en manos de mafias es mejor que quedarse en el propio territorio… ni las vallas, ni las fronteras, ni los decretos, policías, concertinas, ni el mismísimo Mediterráneo serán suficientes para parar a una familia que busca una vida mejor, una vida digna.

Mirar para otro lado no va a solucionar el problema. La financiación del conflicto, tampoco solucionará el problema. ¿Somos poco solventes para acoger pero no para aportar armas? Esta doble moral nos incumbe.

¿Por qué? Porque es un viaje de ida y vuelta; cuanto más lejos lancemos el boomeran, mayor será el golpe en su retorno. Si nos negamos a la cruda realidad de la existencia de este éxodo masivo. O si no negamos la existencia, pero sí su acogimiento en nuestros países, como es el caso de EEUU. O de forma ulterior, aceptamos el drama y su acogimiento, pero no los incluimos en nuestra sociedad.

Si se da una de todas ellas, solo una, estaremos construyendo bombas de relojería andantes. ¿Qué harías si han derruido tu casa, secuestrado a tu hijo o bombardeado a tu familia? ¿Qué harías si lo hubieras perdido todo y no tuvieras la mínima posibilidad de mejorar? Qué harías si te puede la impotencia y tienes la sensación de que todo te ocurre con la complicidad de quienes lo pueden evitar.

La respuesta es bastante sencilla. En el punto en el cual tu vida carece de sentido: te destruyes a ti mismo, buscas venganza o la salvación. Es en este punto en el que es trascendental nuestra intervención.

Se ha demostrado que la mayoría de los atentados no han sido perpetrados por “sirios terribles que han venido a matarnos a todos”, sino por habitantes nativos. Las segundas generaciones que no se han sentido acogidas por su país de adopción. Doblemente rechazados por no ser reconocidos franceses o alemanes de puro derecho, pero tampoco sirios o iraquís. Por no ser más que amigos que de aquellos que les interesa utilizarlos como armas.

Es aquí, en esta tierra de nadie, en esta falta de identidad y de pertenencia a un grupo de referencia donde surge el “sálvese quien pueda”.
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No somos más que nadie… y a veces se nos olvida

Parece que ya no nos acordamos. Hace solamente 76 años, 465000 españoles cruzaron la frontera francesa buscando asilo cuando escapábamos de la guerra civil. De ellas, 220000 no volverían jamás.

Refugiados españoles

Como escribió Neruda: “Es tan corto el amor, y es tan largo el olvido”.

Innigrantes ilegales españoles

Inmigrantes ilegales españoles, llegando a las costas de Venezuela (1949)

Pero aún es más llamativo si nos paramos a observarnos un poco. Nuestros jóvenes se van. Se van a EEUU, China, Francia, Irlanda… se van en busca de un futuro mejor. Los fragmentos del inicio de este podrían versar sobre ellos, sobre ti o sobre o cualquiera de nosotros.

Está en nosotros alzar la voz por quienes han ahogado sus gritos en llanto. A los más de 10000 niños desaparecidos en tierras europeas, con la esperanza de sus familias de reencontrarse algún día. Y otros tantos que venden sus cuerpos en campos de refugiados a cambio de la vida.

Unicef reconoció, durante 2015, casi 1.500 graves violaciones contra menores, incluido asesinato, mutilación, reclutamiento o secuestro, entre otros. De ellos, 400 casos fueron de niños muertos y casi 500 de mutilados. Y ya han pasado dos años. ¿Ellos también son terroristas? Permítanme el beneficio de la duda.

El ejercicio más fácil para ayudar es el de abrir la mente y el corazón a nuestros iguales.
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Rocío San Segundo Alonso

Aspirante a psicóloga... Puedo Asombrarte Si Intentas Observar Nuevamente. Es decir, P.A.S.I.Ó.N.

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