El “efecto rebote”: mitigar el dolor de un viejo amor

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 17 septiembre, 2016
Cristina Medina Gomez · 17 septiembre, 2016

Si has decidido leer esto es porque perteneces a ese gran grupo de personas que han tenido el corazón roto, al menos una vez en su vida. También, puede que hayas comenzado una relación nueva con alguien y tengas dudas de lo que sentís: ¿estaré viviendo el famoso efecto rebote? O, lo que es igual de dañino, ¿creerá él que soy el clavo que puede sacar el anterior?

Lo tienes claro: lo has pasado muy mal y no quieres volver a pasar por eso de manera innecesaria. Lo que ocurre es que sabes que el amor siempre se inicia con ilusión espontánea, con los ojos cerrados y todas las esperanzas posibles puestas en la felicidad; y, sin embargo, la confusión está reinando en tu cabeza. Algo no va del todo bien.

“Espero que al menos no seáis tan estúpidos de creeros eso de que un clavo saca otro clavo. Ninguno, repito ninguno, tiene el mismo tamaño. Si clavas en el mismo sitio solo lo metes más dentro. Si escoges otro lugar solo multiplicas la herida […]”

¿Cómo sé si estoy en una relación rebote?

El amor es incontrolable e impredecible por lo que puede finalizar y no siempre como nos gustaría. Sin embargo, cuando el amor comienza tiene la virtud de ser especial y hacernos sentir especiales: los miembros de la pareja se ciegan el uno por el otro, se llenan de perfecciones y no hay lugar para las dudas.

pareja

El conocido efecto rebote envuelve a muchas de las nuevas uniones que se forman tras el final de una relación larga: aquellas suelen nacer a lo largo del año sucesivo a la pérdidas de la unión anterior. Además las relaciones rebote se caracterizan porque tienen un corta duración y presentan cierta inestabilidad entre las personas que la componen.

Esto sucede porque no se ha pasado por la fase de duelo necesaria tras una pérdida emocional importante. Es decir, no ha dado tiempo a asumir lo que ha pasado ni a curar heridas tan recientes y, por el contrario, se huye de aceptarlo buscando una nueva experiencia que haga más fácil el proceso.

“[…]El clavo que entra de verdad, ese agujero perfecto por donde si entra el aire es a suspiros, no sale jamás. Solo el tiempo es capaz de conseguir que la piel no perciba su presencia. Que acaricies la ausencia y se llame cicatriz.”

-Ernesto Pérez Vallejo-

Las consecuencias del efecto rebote

Como acertadamente señala Ernesto Pérez, un clavo no saca otro clavo. Dado que somos personas con sentimientos necesitamos los tiempos suficientes para ubicar lo que nos acontece y darle cabida en nuestro interior. De hecho, cada persona que pasa por nuestra vida tiene su lugar en nuestro corazón y es un error intentar que otros los sustituyan.

Es un error porque nos autoengañamos o podemos engañar al otro, incluso utilizarlo: las relaciones rebote son una máscara que esconde una manera de paliar falsamente necesidades personales. En el fondo lo que hacen es poner más peso a la carga que nos ha supuesto la pérdida y que no actuemos de forma honesta.

Chica triste mirando hacia abajo

Las consecuencias del efecto rebote implican, por tanto, a ese nuevo amor; pero, sobre todo, a nosotros mismos: es obligatorio dejar que el dolor se  manifieste para evitar el sufrimiento posterior y así darnos otra oportunidad amorosa.

Si, por otro lado, crees que es la otra persona quien se encuentra en esta situación, ten mucho cuidado. Observa y conoce bien lo que siente de verdad, camina despacito y entrégate únicamente cuando estés segura de que el vínculo que se ha creado es sano para los dos: ten en cuenta que puede que él no esté del todo bien para decidir lo que quiere todavía.

Aprende a vivir contigo mismo

Como hemos señalado, efecto rebote no es sino una forma de salir adelante de manera equivocada pues, si se tiene un vacío reciente tras la marcha de alguien solo uno mismo puede aliviar su malestar y recomponerse.

Es necesario aprender a vivir en soledad para no quedarnos solos, más aun en los momentos en los que las circunstancias nos golpean duramente. Ocultarnos el pesar y la angustia no nos ayudará a avanzar, así como tampoco pensar que dependemos de los demás para ser felices.

“Es inútil buscarlo. Cuando menos lo esperas, aparece en un bar. Y ya nada es igual en adelante. Un día tocas los dientes de la gloria, y al siguiente te rompe el corazón. O no. O quizás tienes suerte, y solo acabas harto de la felicidad”

-Karmelo Iribarren-

Deja aun lado lo que realmente no eres capaz de amar, supera tu pasado sin borrarlo y no des ningún paso al frente hasta que no estés listo para hacerlo. De esta manera poco a poco encontrarás de nuevo el equilibrio y el amor.