Efectos psicológicos de la migración en los niños

El impacto emocional de la migración en la infancia es muy elevado. Por lo general, muchos niños sienten angustia psicológica y la presión de integrarse en un país nuevo que, en ocasiones, los discrimina.
Efectos psicológicos de la migración en los niños
Valeria Sabater

Escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater.

Última actualización: 17 mayo, 2023

Los efectos psicológicos de la migración en los niños pueden durar hasta la edad adulta. Muchos llegan con traumas, portando como sombra la angustia emocional de dejar atrás a algún padre o familiar. Sin embargo, es común no apreciar siempre a primera vista las luchas internas que traen consigo, así como las que sufrirán durante su adaptación al nuevo país.

Por otro lado, también es importante considerar las causas por las que migran. Hay familias que buscan mejores oportunidades laborales. Otras entran en situación de ilegalidad anhelando una mejor calidad de vida.

Asimismo, los pequeños que viajan en condición de refugiados -solos o acompañados- evidencian casi siempre una gran vulnerabilidad psicológica. Continúa la lectura y profundiza las consecuencias de estas realidades.

 Los últimos años experimentan los niveles más altos de desplazamiento forzado de la historia. Esto obliga a desarrollar nuevos programas de atención psicológica para los migrantes.

¿Cuáles son los efectos psicológicos de la migración en los niños?

Son muchos adultos que migraron con su familia en la infancia y que hoy padecen problemas de salud mental; ansiedad generalizada, depresión mayor, adicciones, trastorno de estrés postraumático, por ejemplo. Uno de los mayores problemas en los niños migrantes es que no siempre reciben la asistencia psicológica que necesitan.

Emigrar es un fenómeno creciente y lo es en casi todo el planeta; de una manera u otra, el ser humano recupera su naturaleza nómada. Trabajos como los publicados por la Cambridge University Press, en el 2011, destacan que conocer la anatomía de esta realidad permitiría entender mejor las consecuencias del fenómeno, adoptando medidas preventivas contra las negativas.

Se sabe que mientras los niños desarrollan alteraciones en el apego, los adolescentes tienden más hacia conductas autodestructivas. Asimismo, vivir sin estatus legal o pendiente de asilo podría originar una tensión crónica, tanto para los adultos como para la población infantojuvenil migrante. Conoce, enseguida, más efectos asociados.



1. Ansiedad por separación

Uno de los efectos psicológicos de la migración en niños es la ansiedad por separación. A veces no entienden por qué deben dejar sus hogares, sus pertenencias y separarse de figuras significativas. A menudo, puede darse el caso de que los chicos viajen con uno solo de sus progenitores. En ocasiones, como pasa con algunos niños refugiados, lo hacen sin acompañamiento.

Esa separación de las figuras de apego y de lo que les era cotidiano, seguro tiene en ellos un impacto emocional considerable.

2. Incertidumbre y angustia psicológica

La migración impone una sensación de inestabilidad que puede interpretarse como amenazante, en especial en la infancia. Un niño empieza a ser feliz cuando interpreta que el contexto que le rodea es seguro y con picos de estrés muy controlados. Aunque no entienda todo lo que sucede a su alrededor, sabe o intuye dónde están los márgenes de seguridad.

La familia que migra no siempre encuentra un hogar acogedor de forma inmediata. Ese proceso genera un estrés en los adultos que se inocula en los niños, ya que los mayores son su principal referencia.

Niño jugando con un cohete que va de un mundo a otro, simbolizando la adaptación tras los efectos psicológicos de la migración
Muchos niños migrantes desarrollan trastornos de ansiedad y depresiones que no siempre se atienden.

3. Procesos traumáticos

Entre los efectos psicológicos de la migración en niños, los derivados del trauma son frecuentes. Hay infantes que llevan consigo el recuerdo de vivencias dolorosas de sus países de origen. Además, el propio viaje podría rodearse de una incertidumbre complicada de gestionar, incluso para los adultos. ¿Qué habrá en ese lugar al que voy? ¿Cómo conseguiré comunicarme con personas que hablan otro idioma?

Emigrar es un proceso que no termina cuando alguien llega primera vez la puerta de su nueva casa. A veces, la adaptación y sus dificultades abren en los niños la herida de traumas que ya traían consigo, de la misma manera que sucede con los adultos.

Muchos adolescentes pueden derivar en conductas desadaptativas y de desafío a la autoridad, como secuelas de necesidades emocionales no atendidas.

4. Trastornos somáticos

Las quejas somáticas son habituales entre los niños y adolescentes que migran con sus padres. Las emociones difíciles, los miedos, los traumas o el estrés constante acaban en molestias, dolores y enfermedades sin un correlato físico. La Universidad Católica de Chile destaca en una investigación esta característica. Por lo general, esos trastornos psicosomáticos se manifiestan del siguiente modo:

  • Fatiga.
  • Mareos.
  • Cefaleas.
  • Taquicardias.
  • Náuseas y vómitos.
  • Problemas digestivos.
  • Dificultades del sueño.
  • Dolores musculoesqueléticos.
  • Problemas en la piel, como eczema.

5. Depresión

No jugar, retraerse, no interesarse por su entorno y los problemas para dormir o comer, resultan de la depresión infantil en migrantes; un fenómeno que demanda mayor atención. A menudo, la sintomatología del trastorno depresivo se confunde con la dificultad para adaptarse al nuevo país.

Las conductas inseguras, la tristeza o la desconexión de su entorno no se debe siempre a los retos del proceso adaptativo. Si bien este es un desafío no exento de estrés, podrían tratarse de un problema más profundo.

6. Conductas desadaptativas

Entre los efectos psicológicos de la migración en niños se hallan las conductas desadaptativas o desafiantes. En este caso, suelen aparecer en mayor grado en preadolescentes o adolescentes. La dificultad para manejar las emociones difíciles, los problemas cotidianos y el peso de muchos traumas no abordados, se traducen, a veces, en comportamientos como los de esta lista:

  • Faltan al colegio.
  • Egocentrismo y tozudez.
  • Se pelean con frecuencia.
  • No asumen responsabilidades.
  • Baja tolerancia a la frustración.
  • Desafían las normas familiares.
  • Destruyen objetos o mobiliarios.
  • Actitudes negativistas/oposicionistas.
  • Comunicación poco respetuosa o violenta.
  • Los niños y adolescentes migrantes pueden mostrarse a veces muy irritables.

9. El bullying o acoso escolar

Si la adaptación ya es de por sí todo un desafío para el niño migrante, ese proceso tiende a endurecerse por las experiencias de acoso escolar. Aquellas figuras vistas como «diferentes» en tales entornos, con frecuencia son el foco de las burlas y de los ataques. Esto traza vivencias de gran dureza para los pequeños.

8. El caso de los niños migrantes de «segunda generación»

Los niños migrantes de «segunda generación» son aquellos que nacieron en el país al que emigraron sus padres. Ellos también se enfrentan a desafíos psicológicos particulares.

  • Suelen tener dificultades para desarrollar su identidad.
  • Se sienten desarraigados, como si estuvieran viviendo entre dos mundos.
  • A pesar de haber nacido en el país, perciben el peso del rechazo o la discriminación.
  • Los niños inmigrantes de «segunda generación» también son vulnerables al estrés, la ansiedad y la depresión.
  • Muchos sufren la desaprobación de sus padres cuando asumen conductas y costumbres del país donde viven. Cargan la presión de cumplir con las altas expectativas de sus progenitores.

La ansiedad elevada y disfuncional es muy común en los pequeños migrantes. A menudo, la desarrollan al ver ciertas reacciones y conductas en sus propias familias, en el día a día.

Niño solo sentado en el suelo padeciendo los efectos psicológicos de la migración
Con frecuencia los niños migrantes sufren acoso escolar.


Cuidar de la salud mental de los niños migrantes

Emigrar es un verbo cargado de incertidumbre. Lo es para los adultos y más para los niños, quienes en muchos contextos son conscientes de su vulnerabilidad. Como sociedad de acogida y como anfitriones de manera individual, queda crear y fortalecer instituciones y mecanismos de atención inmediata para estos colectivos.

En un mundo en constante cambio y donde las migraciones no harán más que aumentar, es necesario un acto de conciencia global como sociedad. Cualquiera puede verse en esta situación en algún momento. Quizás esta vivencia ya es parte de lo que eres o lo que fueron tus padres. Hay que ser más sensibles y desarrollar estrategias para ayudar y no obstaculizar. Y más cuando se habla de niños.


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