El accidente de coche que cambió nuestras vidas

4 noviembre, 2019
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Laura Rodríguez
Ante "eso a mí no me va a pasar", "yo conduzco bien, no me tiene por qué ocurrir", "no pasa nada si miro un segundo el móvil", "yo controlo", pensemos: ¿y si nos equivocamos? ¿Cuál es el precio del exceso de confianza? ¿Estamos dispuestos a pagarlo? ¿Somos conscientes del daño y dolor que podemos causar?

Cada año que pasamos circulando en la carretera nos expone a ser víctimas de un accidente de coche en algún momento, es decir, es posible que exista un aumento de la probabilidad de sufrir un accidente en la carretera cuantos más años de permiso de conducir tengamos. Asimismo, cuanto más tiempo pasemos conduciendo, más nos exponemos a ello.

Si bien es cierto que el número de años de carnet de conducir y pasar un mayor número de horas en el coche son dos factores que, por probabilidad, nos expone a ser víctima de un accidente de tráfico, no son los únicos. La poca experiencia, la lentitud de reflejos o la falta de paciencia pueden ser otros.

En cualquier caso, queremos señalar la importancia de ser conscientes de la gravedad de la conducción temeraria. Es así tanto por el daño que nos podemos llegar a causar a nosotros mismos como por el daño que les podemos causar a otros.

Mujer conduciendo

El accidente de coche que cambió nuestras vidas

Para las personas que han experimentado «el accidente de coche que cambió nuestras vidas» ese día, que está grabado a fuego en sus retinas, marca un antes y un después en sus vidas, ya sea por vivirlo en primera mano o por ser testigo del mismo.

«Un día te levantas y nada vuelve a ser lo mismo. Ha ocurrido, eres víctima de un accidente de tráfico. Ya sea como conductor o como acompañante, ya no hay vuelta atrás: tu vida ha cambiado. Te despiertas en un hospital sin saber a plena conciencia qué está ocurriendo y qué va a pasar a partir de ahora, sin ser capaces de entender por qué me ha ocurrido a mí y por qué ha sucedido de esta manera, teniendo que vivir las consecuencias a partir de ahora…«.

Un accidente puede convertirse en una situación traumática

Ser víctimas de un accidente de coche grave puede repercutir negativamente en nuestra salud y bienestar, tanto físico como psicológico. Ya no hablamos de la persona que lo padece, sino de sus familiares más cercanos, los cuales tienen que asumir lo que está ocurriendo.

Se produce un proceso de duelo en el que nos tenemos que despedir de la vida que llevábamos hasta ahora, para adaptarnos a una nueva vida con posibles limitaciones.

Los procesos de cambio y de duelo llevan tiempo y es posible que atravesemos diferentes fases, entre las cuales se encuentran la negación y la tristeza por lo que está ocurriendo. Es probable que en algunos momentos no sintamos el eco de cómo se han resquebrajado alguno de nuestros sueños, la imposibilidad de retomar algunas de nuestras costumbres. No es de extrañar que nos asalten millones de sensaciones y emociones, pues estamos experimentando una situación traumática.

Tengamos en cuenta que, para superar el duelo y la situación traumática, es habitual que la persona pase por una serie de etapas para volver a alcanzar un punto de equilibrio en el que se sienta bien. A su vez, no olvidemos que cada uno tenemos una forma personal de vivirlo y necesitamos pasar por nuestro proceso individual.

«Recuerda que aunque se perciba todo negro por algunos instantes en los momentos más duros, al final se sale de ese pozo siendo más fuertes y resilientes, con más energía para seguir adelante».

Mujer con ojos tristes

Al volante, 0 distracciones

Según el Servicio de Estadística del Observatorio Nacional de Seguridad Vial, en el año 2017 se registraron 102.333 personas involucradas en accidentes de tráfico, incluidos en esa cifra: heridos hospitalizados, heridos fallecidos, peatones que cruzaban la calle, pasajeros en coches de otras personas que iban al volante, heridos no hospitalizados…

A su vez, la DGT afirma que un 30% de las distracciones al volante son debidas al uso de los móviles. En este sentido, suele ocurrir que sintamos «eso a mí no me va a pasar», «yo conduzco bien, no me tiene por qué ocurrir», «no pasa nada si miro un segundo el móvil», «yo controlo y por bajar la mirada un momento y coger mi teléfono no tiene por qué suceder nada…». En cierto modo, pueden estar en lo cierto las personas que opinan de esta manera, puede que no les suceda nada y lleguen a su destino sanos y salvos.

Pero, ¿qué ocurre si ese segundo se convierte en una terrible equivocación? ¿Y si ese segundo se convierte en el fatídico momento en el que se produce el accidente de coche que cambió tu vida o la vida de otra persona que iba circulando en ese justo instante a tu alrededor?

Recordemos que al volante es fundamental una conducción responsable, pues así es la única manera de disminuir la probabilidad de ser víctimas directa o indirectamente de un accidente de tráfico.

La carretera es un lugar para todos y por lo tanto exige una responsabilidad respetando las normas destinadas a los usuarios que las utilizan. Es el único camino para no causar accidentes, para que otros no los causen y nos veamos involucrados.