El análisis transaccional y los estados del yo

El análisis transaccional puede ayudarnos a prevenir conflictos, ser más auténticos y mejorar la efectividad de nuestra comunicación con los otros. Veamos en qué consiste
El análisis transaccional y los estados del yo
Elena Sanz

Escrito y verificado por la psicóloga Elena Sanz.

Última actualización: 01 agosto, 2022

El análisis transaccional es un sistema de psicoterapia individual y social enmarcado en la corriente humanista de la psicología. Su objetivo es facilitar el análisis de las interacciones que se establecen entre las personas, a fin de entenderlas, mejorarlas y prevenir los conflictos en las mismas.

Fue creada alrededor de los años 50 por el psiquiatra Eric Berne, quien postula que uno de los elementos clave en las transacciones humanas son los estados del yo. En cada uno de estos estados la persona emitirá conductas diferentes, asociadas a distintos pensamientos y emociones. Si el estado del interlocutor es complementario, la comunicación será fluida; en cambio, si no lo es, surgirán los conflictos. Veámoslo con más detenimiento.

¿Qué es el análisis transaccional?

Este enfoque psicológico afirma que las relaciones humanas consisten en un constante flujo de estímulos y respuestas, un intercambio de señales, en definitiva: una transacción. Cuando nos dirigimos a otros lo hacemos basándonos en predicciones de cuál será su comportamiento. De tal forma, si yo le sonrío a otra persona espero recibir como respuesta otra sonrisa y no una mueca de desagrado.

No obstante, esta comunicación (verbal y no verbal) no siempre resulta fluida debido a que las personas se encuentran en estados del yo no complementarios. Según el análisis transaccional, toda persona puede encontrarse en el estado de padre, de adulto o de niño en diferentes momentos y en función de las circunstancias.

  • El estado de padre suele reunir las características de las figuras de autoridad que tuvimos durante la infancia. Así, este constituye nuestro yo más normativo, intolerante, exigente y autoritario. Pero, a la vez, puede ser nuestro yo más protector, afectuoso y acogedor. Así, desde el estado del padre pensaremos y actuaremos de acuerdo a estas características.
  • El estado de adulto representa nuestro yo realista, objetivo, sereno y cortés. 
  • Por último, el estado de niño define nuestro yo más creativo, intuitivo, juguetón, sensible e indefenso.
Hombre con espíritu de niño

Tipos de transacciones

Ninguno de estos tres estados puede considerarse bueno ni malo en términos absolutos. El objetivo no es eliminar dos de ellos y quedarnos con un único estado deseable. Por el contrario, se trata de lograr una personalidad integrada, capaz de emplear los tres estados del yo de una forma coherente en sus relaciones sociales. Es en la interacción con los otros cuando estos estados se vuelven adecuados o inadecuados.

Ahora bien, cuando dos personas interactúan, los tres estados del yo de cada una pueden estar implicados en esta relación. En este caso, el estado del yo del emisor afecta el del receptor, y así sucesivamente. Por tanto, se trata de un intercambio entre estímulos y respuestas entre dos personas, cuyo proceso recibe el nombre de transacción.

Dependiendo de cómo se efectúe este intercambio, la transacción será de determinado tipo. A saber:

Transacciones complementarias

Llamamos transacción complementaria a aquella que tiene como resultado una comunicación armoniosa y fluida. En este caso, la respuesta se da desde el mismo estado del yo que el del emisor y va dirigida a ese mismo estado.

Se trata de transacciones sencillas en donde la relación es paralela. Y, mientras la comunicación se mantenga en este nivel, puede proseguir indefinidamente.

Por ejemplo:

  • Emisor: “¡Hola! Qué gusto me da verte”. Receptor: “¡Cuánto tiempo! A mi también me da mucho gusto”.

Transacciones cruzadas

Por el contrario, denominamos transacción cruzada a aquella que genera conflictos y desavenencias en la interacción. En este caso, un participante responde desde un estado del yo distinto al que el otro ha dirigido el estímulo, y dirige su respuesta hacia un estado del yo diferente al que el otro emitió.

Por ejemplo:

  • Emisor: “¿Sabes dónde he dejado mi billetera?”. Receptor: “¡Y yo qué sé! Eres un desastre, siempre perdiendo las cosas”.
Hombre explicando a una mujer

Transacciones ulteriores

En este tipo de transacciones intervienen simultáneamente más de un estado del yo, por lo que la persona envía dos mensajes distintos: el mensaje social (el visible) y el mensaje psicológico que se mantiene oculto y que, generalmente, se transmite de forma no verbal.

Por ejemplo:

  • Mensaje visible del emisor: “Me gustaría que tomáramos otro café, pero no me queda dinero”. Mensaje psicológico oculto:  “¿Me invitas el otro café?”
  • Posible respuesta del receptor: “Yo invito”.

Es pertinente mencionar que no siempre el mismo estado es el adecuado. Por ejemplo, si nuestra pareja nos dice: “he cometido un error en el trabajo, siento que lo hago todo mal”, se está expresando desde la vulnerabilidad de su estado niño. Pero lo que necesita no es la respuesta de otro niño sino de un padre/madre acogedor capaz de reconfortarlo.

Otros conceptos clave del análisis transaccional

Por su parte Eric Berne definió los siguientes conceptos como aspectos clave de su teoría. Estos son:

El juego

Para el autor, los juegos son una serie de transacciones ulteriores que se repiten constantemente y que acarrean consecuencias en el individuo. Pues, como vimos, una transacción ulterior significa que el agente pretende estar haciendo algo, mientras realmente está haciendo algo distinto. Por tanto, todos lo juegos implican un timo.

La consecuencia que suele pagarse es la complacencia en sentimientos de culpa, incompetencia, pena, miedo o rencor. Precisamente, el Análisis Transaccional busca señalar la presencia de estos juegos, con el fin de  desarrollar comunicaciones francas y auténticas.

A la noción de juego se le opone el concepto de intimidad, la cual Berne define como una relación libre de juegos, sincera, con un mutuo dar y recibir sin explotación.

El guion

Por su parte, el guion hace referencia a todos esos mensajes y enseñanzas interiorizadas desde la infancia, que han sido emitidas por figuras relevante en forma de órdenes, prohibiciones, permisos, atribuciones o procedimientos.

En este caso, el niño acepta la interiorización de los mismos por la insistente repetición o por el modo impactante, incluso traumático, en que los ha percibido. De esta forma, la persona termina adscribiéndose a una de las siguientes posiciones de autovaloración y valoración de los demás, también llamadas posiciones existenciales:

  • Yo estoy bien-soy bueno. Tú estás bien-eres bueno: el cual supone que se valora y estima favorablemente a sí mismo y que valora favorablemente aun otro.
  • Yo estoy bien-soy bueno. Tú estás mal-eres malo: implica una autoestima positiva y una valoración negativa de los demás. Por lo que que puede tomar una actitud perseguidora (“Hay que castigarles”) o salvadora (“Hay que rescatarles de su situación”).
  • Yo estoy mal-soy malo. Tú estás bien-eres bueno: conlleva una autoestima negativa frente a una favorable valoración de los demás. En este caso, la persona suele mantener un estado emocional triste, se siente incapaz e indefenso, e irradia pesimismo, abulia, anhedonia y apatía.
  • Yo estoy mal-soy malo. Tú estás mal-eres malo: fomenta la desesperación, pues la persona se valora negativamente, al igual que hace con los demás; quedando la esperanza de poder estar bien muy remota, o tal vez inexistente.

Análisis transaccional para regular la comunicación

Como vemos, la importancia reside en seleccionar y responder, en cada momento, desde el estado que demanda la situación. Además, el análisis transaccional no solo sirve para desarrollar una comunicación adecuada, sino que también puede ayudarnos a reconducirla.

Es común que los estados tiendan a encadenarse de forma inconsciente; así si alguien, desde su estado padre déspota, nos dice: “eres un inútil”, generalmente responderemos desde nuestro estado niño perdiendo los papeles. Esta situación puede modificarse si somos capaces de frenar la secuencia y responder desde nuestro estado adulto: “¿por qué me dices eso?”.

Como vemos, el análisis transaccional es una estrategia sencilla y eficaz para dirigir nuestra comunicación de forma efectiva. Una vez nos hacemos conscientes de la existencia de nuestros estados, somos capaces de comprender nuestras acciones y reconducirlas con un fin conciliador.

Hombre reflejando uno de los estados del yo

Aplicación terapéutica del análisis transaccional

El modelo de intervención terapéutica basado en el análisis transaccional tiene como objetivo entender y modificar los aspectos inadecuados de la personalidad, ayudando a la persona a reconocer sus juegos y a no implicarse en ellos

Asimismo, la ayuda a ubicarse en una posición existencial saludable; haciendo que sea consciente de su guion y opte por un estilo de vida más autónomo, espontáneo e íntimo.

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  • Pérez, S. C. (2000). El análisis transaccional y la mejora de las relaciones interpersonales. Comunicar: Revista científica iberoamericana de comunicación y educación, (14), 133-136.
  • El análisis transaccional. Ediciones Morata, 1984.