El análisis transaccional y los estados del yo

29 julio, 2013
Este artículo fue redactado y avalado por la psicóloga Elena Sanz
El análisis transaccional puede ayudarnos a prevenir conflictos y mejorar la efectividad de nuestra comunicación con los otros.

El análisis transaccional es un sistema de psicoterapia individual y social enmarcado en la corriente humanista de la psicología. Su objetivo es facilitar el análisis de las interacciones que se establecen entre las personas, a fin de entenderlas, mejorarlas y prevenir los conflictos en las mismas.

Fue creada alrededor de los años 50 por el psiquiatra Eric Berne, quien postula que uno de los elementos clave en las transacciones humanas son los estados del yo. En cada uno de estos estados la persona emitirá conductas diferentes, asociadas a distintos pensamientos y emociones. Si el estado del interlocutor es complementario, la comunicación será fluida; en cambio, si no lo es, surgirán los conflictos. Veámoslo con más detenimiento.

¿Qué es el análisis transaccional?

Este enfoque psicológico afirma que las relaciones humanas consisten en un constante flujo de estímulos y respuestas, un intercambio de señales, en definitiva: una transacción. Cuando nos dirijimos a otros lo hacemos basándonos en predicciones de cuál será su comportamiento. De tal forma, si yo le sonrío a otra persona espero recibir como respuesta otra sonrisa y no una mueca de desagrado.

No obstante, esta comunicación (verbal y no verbal) no siempre resulta fluida debido a que las personas se encuentran en estados del yo no complementarios. Según el análisis transaccional toda persona puede encontrarse en el estado de padre, de adulto o de niño en diferentes momentos y en función de las circunstancias.

  • El estado de padre suele reunir las características de las figuras de autoridad que tuvimos durante la infancia. Así, este constituye nuestro yo más normativo, intolerante, exigente y autoritario. Pero, a la vez, puede ser nuestro yo más protector, afectuoso y acogedor. Así, desde el estado del padre pensaremos y actuaremos de acuerdo a estas características.
  • El estado de adulto representa nuestro yo realista, objetivo, sereno y cortés. 
  • Por último, el estado de niño define nuestro yo más creativo, intuitivo, juguetón, sensible e indefenso.
Hombre con espíritu de niño

Transacciones complementarias y cruzadas

Ninguno de estos tres estados puede considerarse bueno ni malo en términos absolutos. El objetivo no es eliminar dos de ellos y quedarnos con un único estado deseable. Por el contrario, se trata de lograr una personalidad integrada, capaz de emplear los tres estados del yo de una forma coherente en sus relaciones sociales. Es en la interacción con los otros cuando estos estados se vuelven adecuados o inadecuados.

Llamamos transacción complementaria a aquella que tiene como resultado una comunicación armoniosa y fluida. Por el contrario, denominamos transacción cruzada a aquella que genera conflictos y desavenencias en la interacción. Así, por ejemplo, si una persona pregunta a otra por una dirección lo estará haciendo desde su estado adulto. Si el otro le responde también desde su estado adulto («está dos calles más a la derecha) la comunicación será adecuada. En cambio, si le responde desde su estado padre («cómprate un mapa») surgirá un conflicto.

Hombre explicando a una mujer

De igual forma si alguien nos cuenta un chiste lo está haciendo desde su estado niño. Lo propio es que respondamos igualmente desde ese estado, riendo y disfrutando del chiste. No sería adecuado que actuemos desde nuestro estado adulto y realicemos un análisis racional del contenido de la broma.

Sin embargo, no siempre el mismo estado es el adecuado. Por ejemplo, si nuestra pareja nos dice: «he cometido un error en el trabajo, siento que lo hago todo mal», se está expresando desde la vulnerabilidad de su estado niño. Pero lo que necesita no es la respuesta de otro niño sino de un padre/madre acogedor capaz de reconfortarlo.

Análisis transaccional para regular la comunicación

Como vemos, la importancia reside en seleccionar y responder, en cada momento, desde el estado que demanda la situación. Pero si el análisis transaccional no solo sirve para desarrollar una comunicación adecuada, puede incluso ayudarnos a reconducirla.

Es común que los estados tiendan a encadenarse de forma inconsciente; así si alguien, desde su estado padre déspota, nos dice: «eres un inútil», generalmente responderemos desde nuestro estado niño perdiendo los papeles. Esta situación puede modificarse si somos capaces de frenar la secuencia y responder desde nuestro estado adulto: «¿por qué me dices eso?».

Como vemos el análisis transaccional es una estrategia sencilla y eficaz para dirigir nuestra comunicación de forma efectiva. Una vez nos hacemos conscientes de la existencia de nuestros estados, somos capaces de comprender nuestras acciones y reconducirlas con un fin conciliador.

Hombre reflejando uno de los estados del yo

 

  • Pérez, S. C. (2000). El análisis transaccional y la mejora de las relaciones interpersonales. Comunicar: Revista científica iberoamericana de comunicación y educación, (14), 133-136.
  • El análisis transaccional. Ediciones Morata, 1984.