El caso Genovese y la psicología criminal

Edith Sánchez · 27 julio, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 27 julio, 2019
Somos una especie sociable y dotada para la empatía y la cooperación. Sin embargo, el caso Genovese supuso un antes y un después a la hora de entender que hay factores del ambiente que pueden hacer que en un momento dado prestemos ayuda o nos inhibamos de hacerlo.

El caso Genovese conmovió a la opinión pública estadounidense en 1964 y dio pie a que se llevaran a cabo diferentes investigaciones en psicología social. Hoy por hoy, existen algunos puntos de dicho caso que no parecen ser tan ciertos como se dijo en su momento. Así, desde la actualidad y lo que conocemos hoy, vamos a dar un repaso a este caso tan emblemático.

Lo que realmente hizo famoso el caso Genovese no fueron los hechos como tal, que en sí mismos son escabrosos, sino un artículo firmado por Martin Gangsberg que apareció en primera página del prestigioso periódico The New York Times. En dicho artículo el periodista no se refería tanto a lo que le había ocurrido a Kitty Genovese, sino a la reacción de los testigos.

Por lo tanto, el caso Genovese es analizado actualmente desde dos puntos de vista. Uno, el de la reacción de las personas frente a hechos violentos contra una víctima. Y el otro, la forma en la que la prensa construye narrativas que cuadran poco o nada con los hechos. Veamos.

Los hombres son ricos sólo en medida de lo que dan. El que da un gran servicio recibe una gran recompensa”.

-Elbert Hubbard-

Periódicos

El caso Genovese

Cuando se habla del caso Genovese se hace referencia al crimen del que fue víctima Catherine Susan Genovese el 13 de marzo de 1964, en Nueva York. Hablamos de una joven de 29 años que vivía en un apartamento de Queens, Nueva York, junto con su pareja. Trabajaba como gerente de un bar en la misma zona.

Kitty, como era llamada por sus allegados, salió de su trabajo esa madrugada, como de costumbre. Llegó a su casa en su coche y lo estacionó a unos 30 metros del edificio donde vivía. Cuando se dirigía hacia su casa, fue atacada por un hombre, que la apuñaló tres veces. Ella intentó huir y, al hacerlo, comenzó a gritar.

Varios vecinos notaron su llamada de auxilio. Algunos de ellos se asomaron por las ventanas. Incluso hubo uno que gritó que “dejaran en paz a la muchacha”. Tras ese grito, el atacante escapó en un coche. No está claro si algunos vecinos llamaron a la policía y esta no acudió, o si en realidad no se hizo ninguna llamada.

Kitty Genovese
Kitty Genovese

El segundo ataque

Pasaron cerca de 10 minutos y Kitty logró arrastrarse hacia el vestíbulo de su edificio. Estaba mal herida y no logró incorporarse. El atacante volvió y nuevamente apuñaló a la joven que permanecía tirada en el suelo.

Aparentemente, ella trató de defenderse sin éxito. Cuando la chica estaba agonizando, el criminal la violó y luego le robó 49 dólares que llevaba.

Un testigo que había visto parte de los hechos llamó a la policía y esta llegó rápidamente. Por desgracia, Catherine Genovese murió mientras la trasladaban a un centro médico en una ambulancia. Días después, el periodista Martin Gangsberg publicó un artículo titulado: 37 que vieron el crimen y ninguno llamó a la policía. Se refería a los testigos del hecho.

En el artículo hacía una cruda narración de los hechos, centrándose en la reacción, o más bien en la falta de reacción, de los testigos. Había una mujer mal herida que pedía ayuda y muchos ignoraron esa llamada. Incluso se dijo que uno de ellos había subido el volumen del televisor para no escuchar los gritos.

Calle a oscuras por la noche

Indolencia y manipulación

Inspirados en el caso Genovese, los investigadores Darley y Latané publicaron su teoría de la difusión de la responsabilidad en 1968. Planteaban algunos principios sobre la solidaridad social. Básicamente sostenían que, cuando había muchos testigos de una injusticia o un hecho violento, era más difícil que alguno se sintiera responsable y, por lo tanto, inclinado a intervenir.

En líneas generales, los investigadores señalaban que esto se debe a que actuamos para economizar recursos. Además, muchos creen que dentro de los testigos siempre hay alguien que puede ayudar mejor que ellos. También quieren evitar que los identifiquen con la víctima y desean “evitar problemas”. El tema daría para otro artículo.

Sin embargo, después de 2014 se descubrió que el artículo de Gangsberg contenía varias inexactitudes. No eran 37 los testigos, sino como mucho 12. Ninguno de ellos había visto todos los hechos y la mayoría tampoco había notado que la chica estaba siendo apuñalada. Para casi todos, el hombre solo la estaba golpeando (no estaba en peligro su vida). Por la ubicación de sus viviendas, su versión es creíble.

Esto lleva a pensar que las grandes ciudades nos deshumanizan, también hay un sector de la prensa que busca sacar partido de las noticias violentas. Las enfocan de una forma engañosa y más cruenta para generar mayor impresión y conseguir así más audiencia.

  • Molero, C., Candela, C., & Cortés, M. T. (1999). La conducta prosocial: una visión de conjunto. Revista latinoamericana de psicología, 31(2), 325-353.