El crecimiento personal y el entorno

3 junio, 2013
Este artículo fue redactado y avalado por Sara Clemente
A menudo, nuestro entorno es quien coloca un cerco para frenar nuestro crecimiento personal. Ser capaces de ir más allá y de vencer resistencias propias y ajenas es clave para el bienestar y la felicidad.

El ser humano va desarrollando, en interacción con su medio, un crecimiento personal. Siempre y cuando se den las condiciones para ello. No obstante, en las personas muchas veces habitan un exceso de miedos, que tienden a frenarnos y a congelar nuestros avances. Y terminan estancando nuestra evolución personal. Aspirar a alcanzar nuestros sueños y a facilitar nuestro avance debería ser una prioridad.

Seguro que has oído hablar de la zona de confort. Es un territorio seguro, en el que la persona está cómoda, porque conoce el terreno y no suele tener que afrontar situaciones novedosas o inesperadas. Estar en esos rincones confiere cierta tranquilidad y hasta bienestar determinados momentos. Ahora bien, a medida que pasa el tiempo y la vida discurre, pueden ir apareciendo ciertas frustraciones derivadas de los «me arrepiento de no haber hecho X» o «de no haber intentado X»… Y la sensación de haber tenido que arriesgar más para obtener cosas que desearían y no poseen en el presente.

En el camino de la felicidad integral estamos destinados, por tanto, a cambiar ciertos aspectos de nuestras vidas de vez en cuando. No realizar cambios radicales, pero si salir de esa pequeña zona de confort y atrevernos a hacer cosas. Actualizarnos es como oxigenarnos, darnos espacio vital, semillas de oportunidades y bocanadas de felicidad.

De lo contrario, si nos limitamos a quedarnos siempre de la misma manera, seremos como esa agua estancada que poco a poco se va volviendo turbia e insalubre. Promover el movimiento y el crecimiento personal es clave de salud y bienestar.

«Cualquier largo viaje empieza con un pequeño paso».

-Lao Tse-

Mujer caminando

El cambio, el crecimiento personal y el entorno

Las personas que nos rodean están acostumbradas a tratar siempre con un modelo fijo de persona. Es decir, siempre que hablan con otro se esperan una forma de ser. La que conocen y a la que se han ido acostumbrando con el paso del tiempo. Pero cuando alguien está evolucionando y sufre cambios, los demás sentirán cierta incertidumbre. Y, normalmente, esta última se suele materializar en críticas y desaprobaciones. Vemos con ello que los cambios son, en ocasiones, difíciles de aceptar.

Cuando somos pequeños, se ve a simple vista el desarrollo y crecimiento físico de los niños. Está normalizado el que un niño vaya teniendo diferentes necesidades conforme vaya cumpliendo años.

Ahora bien, llegada una edad donde los cambios físicos no son tan visibles. El cuerpo deja de crecer, pero la mente sigue evolucionando, dependiendo de las ambiciones, motivación, deseos, personalidad, nivel de comodidad, economía, etc…

Los expertos han intentado durante décadas demostrar esto mismo: la necesidad intrínseca del ser humano por avanzar, por evolucionar. De hecho, estudios como el llevado a cabo por la Universidad de Texas, revelan que ya es posible medir esta capacidad gracias a una serie de instrumentos psicométricos.

Mujer con los brazos abiertos al aire libre

Hay algo evidente: somos una piedra que constantemente se va erosionando, moldeando. No permanecemos siempre en un mismo estado fijo a lo largo de las décadas. Evolucionar significa mudar de actitud, comportamiento u objetivo. ¿Quién no ha escuchado alguna vez críticas como ¿qué te está pasando? Antes no eras así«, con la intención de devolver a la persona a su estado anterior.

Reproches y críticas no deberían verse como negativas, porque es signo de que hay cambios, y al cambiar, hay cosas que ya no encajan.

Un ejemplo familiar

Imaginemos una adolescente acostumbrada a vivir con unos padres sobreprotectores, críticos y negativos. Mientras todo siga igual en esa casa, ella cómoda siendo dependiente de ellos, todo seguirá «bien». Y por «bien» entendemos en este caso, sin altercados familiares.

Ahora bien, cuando esa chica crezca y evolucione personalmente, se dará cuenta de que no puede seguir siempre manteniéndose bajo el amparo de sus padres. No es lo más adecuado para su crecimiento personal. Llegará a una edad donde sentirá una necesidad de ser independiente, de decidir sobre su forma pensar, vivir y de hacer las cosas.

Cuando sus padres vean que ya no está en sus manos, que no es dominable y adopte un pensamiento propio diferente al suyo, entonces empezarán los problemas y reproches. Del tipo «¿qué te pasa? Antes no eras así, estás dando muchos problemas últimamente».

Si la persona que está evolucionando accede a los reproches creyéndose culpable, dejará de crecer y se pondrá en manos de otros que manejarán su vida. Pero, si se mantiene independiente sin dejar que sus padres le influyan, podrá dar un cambio en su vida.

«Si no cambiamos, no crecemos. Si no crecemos, realmente no estamos viviendo.»

-Gail Sheehy-

Ejemplo matrimonial

Hay infinidad de casos de mujeres casadas que se han entregado por completo a la familia, olvidándose de ellas mismas, quedándose sin vida propia.

El marido está tan acostumbrado a eso que, si un día su mujer empieza a sentir otras necesidades y a querer tener sus espacios propios aparte de la familia, sufrirá reproches y críticas que intentarán estancarla. Reproches como: «¿qué te está pasando? Eras una mujer ejemplar y quiero que vuelvas a ser la de antes». O «tus amigas te están lavando la cabeza», «estás dejando a tu familia de lado», etc…

Los tres pilares del crecimiento personal

John Whitmore fue durante mucho tiempo el padre del proceso del cambio, del crecimiento personal y sobre todo del coaching. Dentro de sus premisas se encontraba la necesidad de «desaprender». Esto es, de dejar a un lado parte de esos modelos que habitan en nuestros entornos y que hemos interiorizado para crear algo nuevo. Para romper moldes y poder avanzar en plenitud.

Los tres pilares de ese movimiento que puede acercarnos a ese modelo de bienestar, son los siguientes.

  • Conciencia, la que nos facilitan los propios sentidos, valores, experiencias y emociones.
  • Autocreencia, el valor de creer en nosotros mismos y en el cambio.
  • Responsabilidad para promover ese avance personal.

¿Cómo podemos enfrentarnos a los reproches?

Los reproches y críticas que podemos recibir cuando estamos evolucionando no son más que miedos por parte de otra/s persona/s. Miedo a perder la estabilidad que tenían antes. Quieren mantener a toda costa esa rutina que tenían con la persona querida y esos cambios que ven en el otro les aterrorizan.

Lo más importante es no meterse en discusiones ni peleas. Debemos comprender que el otro siente miedo de perder algo que hasta ahora le gustaba cómo funcionaba. Si respondemos enfadados y entramos en discusiones acaloradas, no conseguiremos nada positivo.

Lo mejor es mantenerse en calma y explicar de una manera segura y madura las nuevas necesidades que tenemos ahora. Hacer ver que con los años las personas cambiamos y ahora tenemos otros deseos. Digan lo que digan, hay que seguir hacia adelante con lo que queremos, sin que nada nos estanque.

Para que el entorno tome en serio los cambios, hay que dar una opinión madura desde la calma, para que vean el cambio racional que estamos haciendo.

No se trata de convencer, ni de enfadarse, simplemente de informar de lo que deseamos y lo que vamos a hacer porque somos seres libres para decidir sobre nuestra vida.

Los cambios no se demuestran con las palabras, sino con hechos y actos. Debemos escucharnos y reflexionar sobre si estamos yendo o no en la dirección correcta, en esa que nos llena y nos motiva.

Una paradoja sobre el crecimiento personal

Hagamos una comparación para entender el crecimiento personal.

Imagina que metes a un tigre cachorro en una jaula pequeña. Conforme vaya creciendo tendrá otras necesidades. Si no lo cambias de jaula, llegará un momento en el que no podrá seguir creciendo. La jaula se queda pequeña, necesitará otro lugar donde desarrollarse. El lugar en el que antes encajaba, ahora ya no.

A las personas nos pasa lo mismo. Cambiamos. Y lo que antes nos valía, ahora ya no. Puede pasar en muchas facetas de la vida. En lo amistoso, con personas que antes nos llenaban y nos lo pasábamos muy bien. Puede llegar un momento en el que alguien cambie y desee otro perfil de amistades.

Estudios como el llevado a cabo en la Universidad de Hull, en el Reino Unido, nos recuerdan que el crecimiento personal es una necesidad básica en el ser humano. No tiene que ver con el desarrollo personal, sino que el crecimiento es algo más amplio y que abarca toda nuestra persona y nuestros sentidos.

También ocurre en la pareja. Alguien se puede emparejar en una etapa de su vida, pero al cambiar, su pareja ya no encaja con sus nuevos valores y forma de ver la vida. Igual en el ámbito familiar. Alguien que estaba encantado de vivir con su familia y que llegue un momento en el que ya no esté a gusto. Puede pasar en muchísimos ámbitos de la vida.

Lo importante es que, estés donde estés, sepas escuchar de verdad tus deseos y necesidades.

Lucha por llegar al lugar donde deseas, por tu crecimiento personal. Escoge un entorno donde se puedan desarrollar tus virtudes y felicidad.

A menudo, nuestro entorno es quien coloca un cerco capaz de frenar nuestro crecimiento personal. Ser capaces de ir más allá y de vencer resistencias propias y ajenas es clave de bienestar y felicidad.