El deseo de poder morir dignamente

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Sergio De Dios González el 25 noviembre, 2015
Sonia Viéitez Carrazoni · 6 septiembre, 2013

Actualmente, no sabemos cómo  enfrentarnos de manera racional al final de la vida. Los avances en medicina han hecho que la esperanza de vida se triplique, pero también que esa longevidad ocasione en muchos casos un final rodeado  de  un sufrimiento insoportable y extremo. 
Lejos de debates médicos, jurídicos, éticos, religiosos, etc., sería imprescindible considerar si es necesario ayudar a morir por el bien del paciente y su familia a personas tan desgarradas por situaciones irreversibles. 

Si  no pudiéramos expresar nuestra voluntad a consecuencia de una  enfermedad irreversible, podríamos dejar escrito un “testamento vital”, donde se expresa el deseo de no ser reanimado si el corazón se detiene, de no introducir una sonda nasogástrica para mantenernos hidratados y alimentados etc. Pero curiosamente, si padecemos una enfermedad terminal y avanzada y el sufrimiento nos resulta inaceptable, ¿de qué o quién dependerá que nos ayuden a morir con dignidad?  ¿Quién en última instancia aliviara nuestro sufrimiento y entenderá  la decisión personal de morir voluntariamente?

Una inmensa mayoría de ciudadanos, opina que el control sobre la propia muerte es un derecho personal e irrenunciable. Y efectivamente, la disponibilidad de la propia vida debería de ser  un hecho. Pero desgraciadamente, la sociedad actual vive inmersa en un debate que mezcla conceptos (eutanasia, suicidio  asistido, rechazo de tratamientos, con sedación, síntomas refractarios, etc.). Pero: ¿Quién es realmente el titular de la vida? ¿Quién puede decidir lo que necesitamos para morir en paz?

La muerte digna, como , la educación, la sanidad, o  la vivienda,  no debiera de constituir un debate, sino una aspiración  legítima y una  expectativa realista  para todos aquellos enfermos terminales a quienes su perspectiva de muerte le puede resultar insoportable y cruel. 

El peor final es el que nunca termina.