El efecto Benjamin Franklin para caerle bien a tus enemigos

Raquel Lemos Rodríguez · 23 agosto, 2019
Este artículo ha sido verificado y aprobado por el psicólogo Sergio De Dios González el 23 agosto, 2019
Benjamin Franklin, un tipo muy listo, supo cómo hacer que una persona que se comportaba como enemiga cesase en su acritud. En este artículo te contamos cómo lo consiguió y los mecanismos psicológicos de los que se valió.

Es imposible caerle bien a todas las personas. Algunas de ellas puede que tan solo nos ignoren, pero existen otras que pueden terminar convirtiéndose en nuestros enemigos. Cuando esto suceda, quizás sea una buena idea poner en práctica el efecto Benjamin Franklin. Una manera de caerles bien incluso a aquellos que más nos odian.

Benjamin Franklin, que fue uno de los Padres Fundadores de los Estados Unidos, tuvo que lidiar con la animadversión de una persona que siempre criticaba todo lo que planteaba, decía o hacía en la Asamblea Legislativa. Debido al malestar que esta situación le generaba, tomó una decisión que, más adelante, sería la inspiración del efecto Benjamin Franklin.

Benjamin Franklin

La clave del efecto Benjamin Franklin

Benjamin Franklin no intentó dialogar con su enemigo, ni siquiera le preguntó el motivo de su animadversión. Contrariamente a este tipo de acciones que muchos de nosotros llevaríamos a cabo, Franklin decidió hacer algo insólito: pedirle un favor. Esto que semeja tan disparatado, en realidad tuvo el efecto que Benjamin Franklin estaba esperando.

Lo que hizo Franklin fue pedirle a su enemigo, que sabía que era muy culto, un ejemplar de un libro muy singular que tenía en su biblioteca. Su enemigo se sintió sumamente halagado, le entregó el libro con orgullo y, a partir de ese momento, la relación se transformó en una sólida amistad. ¿Cómo ha podido un favor cambiar de manera drástica la situación?

«Presta dinero a tu enemigo y lo ganarás a él, préstaselo a tu amigo y lo perderás».

-Benjamin Franklin-

La teoría de la disonancia cognoscitiva

Benjamin Franklin utilizó lo que en psicología se conoce como disonancia cognoscitiva o cognitiva, un concepto que recoge el artículo La teoría de la disonancia cognoscitiva. Cuando le pide el favor a su enemigo, este se encuentra en una encrucijada. Por una parte, siente recelo hacia Franklin; pero, por otra, quiere agradarle, ya que desea exponer esa parte de sí mismo que admira (el hecho de ser culto).

Este dilema se resuelve buscando, de manera natural, la coherencia. Como Franklin no le había hecho nada personal, sino que era él quien lo atacaba (posiblemente debido a que sentía envidia), la acción coherente con su autoconcepto era responder a esa petición de manera afirmativa.

Disonancias en diferentes ámbitos

Si reflexionamos sobre este aspecto de las disonancias, nos daremos cuenta de que en nuestra vida nos encontramos con ellas con bastante frecuencia. Por ejemplo, cuando ayudamos a un familiar aunque este nos caiga mal. Nuestra mente busca justificaciones como «a la familia hay que ayudarla siempre», «no puedo no hacerlo», «qué clase de hijo sería».

Las justificaciones que busca nuestra mente intentan darle coherencia a lo que estamos haciendo y que podamos explicarlo. Aunque la persona a la que le hagamos el favor no nos agrade, como era el caso del enemigo de Franklin, nuestro cerebro justifica la contradicción pues se centra en los aspectos positivos de la elección. La coherencia es tan importante que hasta existe una terapia centrada en ella, tal y como explica el artículo La terapia de la coherencia: un enfoque constructivista apoyado por la neurociencia contemporánea.

«Sé cortés con todos, sociable con muchos, íntimo de pocos, amigo de uno y enemigo de ninguno».

-Benjamin Franklin-

Personas hablando

Efecto Benjamin Franklin: conducta, acción y pensamiento

Como nos hemos podido dar cuenta, el efecto Benjamin Franklin funciona porque buscamos evitar el malestar que supondría romper la línea de coherencia entre nuestras acciones y el yo ideal. Todo aquello que hagamos que vaya en contra de nuestros valores provocará un conflicto interno que se manifestará en sensaciones desagradables.

Quizás podamos pensar que el efecto Benjamin Franklin no deja de ser una manera de manipular a los demás para que hagan lo que nosotros queramos. No obstante, es un recurso que utilizado contra los enemigos o aquellas personas que siempre nos critican puede cambiar las relaciones para bien.

¿Conocías el efecto Benjamin Franklin? Tal vez lo hayas puesto en práctica sin darte cuenta en alguna ocasión o, quizás, nunca se te hubiese pasado por la mente que había una forma de hacer que determinadas personas dejasen de actuar como nuestras enemigas.

 

  • Díaz de la Serna, Ignacio. (2008). Los primeros tratados internacionales estadunidenses. Norteamérica3(1), 155-194. Recuperado en 22 de agosto de 2019, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1870-35502008000100006&lng=es&tlng=es.
  • Noguera-Palau, J.J.. (2006). A Benjamin Franklin, padre de las lentes bifocales, en el tricentésimo aniversario de su nacimiento. Archivos de la Sociedad Española de Oftalmología81(12), 727-728. Recuperado en 22 de agosto de 2019, de http://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0365-66912006001200012&lng=es&tlng=es.
  • Rosero, C. X. (2015). Disonancia cognitiva en el proceso de compra: caso smartphone. Retos: Revista de Ciencias de la Administración y Economía5(10), 177-192.