El estrés engorda, también las discusiones

Este artículo ha sido verificado y aprobado por Gema Sánchez Cuevas el 23 noviembre, 2017
Jesús Jiménez · 21 agosto, 2012

Sí, así como lo lees, el estrés engorda. Si eres una persona que generalmente vive discutiendo, ya sea con tu pareja, o con cualquier otra persona por cualquier motivo, puedes llegar a padecer síntomas de estrés severo.

Según un actual estudio científico que revela la relación entre la comida y las emociones, este estrés causa que la serotonina baje en nuestro organismo, lo cual se traduce en ganas de comer más a menudo.

El estres engorda, sí, pero ¿cómo?

El gran problema es que cuando se está especialmente nervioso o estresado no solo se come de manera compulsiva, sino que, generalmente, nos decantamos por consumir por alimentos hipercalóricos. Los niveles de estrés hacen que nos inclinemos por el consumo desmedido de productos ricos en azúcares, como los dulces, los helados, el chocolate o las galletas. También por alimentos ricos en grasas o comida basura.

Además, ese estrés puede tener otra consecuencia desastrosa para el organismo en lo que a patrones de alimentación se refiere. Los nervios hacen que se pierda la sensación de saciedad. De esta manera, no solo se come lo que no se debe, sino que se come mucho más de lo que realmente nuestro organismo necesita. El resultado: unos kilos de más.

Mujer estresada comiendo chocolate

En resumen, que cuando discutimos o sentimos tristeza, estrés, ansiedad o tensión, nuestra sensación de comer se dispara automáticamente, y busca algo con lo que se pueda relajar, por lo general comida, todo para relajar el estrés.

Qué hacer para evitar que el estrés nos haga engordar

Por lo que hemos mencionado, ya tienes una razón más para tratar de alejar las discusiones de tu vida. A veces, disminuir el ego es más importante que tratar de tener siempre la razón en todo, eso sí, cuando veas que algo no sea justo, trata de solucionarlo de una manera civilizada y tranquila.

Si la otra persona no desea dialogar sino discutir, ya no es culpa nuestra, porque dialogar con una persona en un estado alterado es muy complicado ya que por más razones que le des siempre tendrá una excusa para casi todo…

Pero no solo las discusiones aumentan nuestro deseo por comer, también lo hace el estrés y la ansiedad. Por ejemplo, si has tenido un día de trabajo muy agitado o estás a la espera de algo importante, este mecanismo puede igualmente activarse. Recuerda siempre que el estrés engorda.

“Lo que distingue al hombre inteligente de los animales es el modo de comer.”

-Anthelme Brillat-Savarín-

No se trata solo de evitar las discusiones o los problemas

Mujer estresada comiendo dulces

Lo mejor para superar la sobreactividad mental a la que a veces nos exponemos, no es abrir tanto la nevera para comer cosas dulces. Descansa, prepárate un té o una infusión y escucha algo de música, esto te ayudará a superar los nervios de una manera sana y efectiva. Así evitarás que tengas que arrepentirte de que el estrés engorda.

También puedes apuntar qué circunstancias son las que te llevan a comer impulsivamente y qué alimentos prefieres en esos momentos. Si eres consciente de estos hechos será mucho más sencillo controlar las consecuencias.

Lo que tienes que hacer después es trabajar para cambiar esos hábitos y, en lugar de comer, por ejemplo, hacer otro tipo de actividades, como puede ser deporte o alguna afición. Debes intentar focalizar tu atención en cosas que no sean comida.

Y, por supuesto, es importante que evites tener en casa esos alimentos “peligrosos”. Si no puedes evitar caer en la tentación, es mejor que no tengas a mano eso que no debes comer, piensa que no es lo mismo darse un atracón de fruta que de helado.